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Resurrección del Señor, Vida para los Pueblos Indígenas  

Liliana Jamaica Silva
Pastoral Indígena INBG  
“…Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día...” 1 Cor 15, 3-4  

El mes pasado tuvimos la dicha de celebrar una fiesta muy importante dentro de la liturgia, la Resurrección del Señor; esperanza de vida cristiana. Entre los pueblos indígenas este acontecimiento se vive con mucha fe y respeto. Vemos a Jesús vivo que camina con su pueblo, invitándonos a ser discípulos y misioneros del reino. Por esta razón, comparto con gran alegría una tradición muy antigua de cómo se vive la Resurrección del Señor en Rincón de Tamayo, Guanajuato, situado a 14 km. al sudoeste de Celaya. La tradición oral indica que este pueblo por su ubicación geográfica, era el centro de reunión de varias comunidades indígenas, como la purépecha, chichimeca y otomí.

Es de gran importancia resaltar la labor de los primeros evangelizadores en este lugar, porque gracias a su dedicación y a la fe de los pobladores se hizo presente Cristo en medio de ellos. El pueblo se compone de varios barrios, uno de los cuales es el Barrio de la Resurrección. Este es el más antiguo y donde se encuentra la capilla del Señor de la Piedad. Allí se veneran las imagínese de Jesús Resucitado y María Magdalena.     

La gente de esta comunidad vive su fe con mucha devoción. Celebran la liturgia de los días Santos. el Sábado Santo por la noche se reza el rosario en honor a la Virgen de la Soledad, acompañado por cantos propios de esta fecha. A las 22:00 hrs. comienza la Vigilia Pascual con la bendición del Fuego Nuevo. El Domingo de Resurrección, después de la Misa Mayor, se realiza la ceremonia de la “Magdalena”, que consiste en recordar el pasaje evangélico en que María Magdalena corre para dar la noticia de la Resurrección de Jesús a los Apóstoles y Discípulos. Las imágenes son llevadas en procesión, en andas por todo el barrio hasta llegar al centro del pueblo en donde se ubica la parroquia principal: San Bartolo.

El sacerdote hace una pequeña reflexión con respecto a la tradición que año con año se celebra para recordar que Jesús venció a la muerte. Toda la gente del pueblo y de las comunidades aledañas, participan de esta festividad, los cargadores a un paso lento que es marcado por un tambor, sacan del templo principal hacia el atrio las imágenes de la Virgen María y San Juan (porque es a ellos a los que se les dirige el primer anuncio). Mientras tanto, otros cargadores a un paso más rápido, marcado por el ritmo de tambores y flautillas, salen de la capilla del Barrio de la Resurrección con las imágenes de María Magdalena y Jesús Resucitado. Esta procesión es precedida por estandartes y sahumadores. El encuentro solemne tiene lugar en el atrio parroquial en donde los fieles que portan las imágenes de la Virgen María hacen genuflexión en señal de que han recibido el anuncio de Jesús Resucitado.

Después, llevan corriendo la imagen de María Magdalena y la colocan ante Jesús Resucitado y también hacen reverencia. Se reúnen con las otras imágenes el centro del atrio, intercambiando coronas de flores. La gente que participa lanza voces de alegría, se escuchan tambores y flautillas como anuncio de la gloria de Dios que se manifiesta en la Después de esto, las imágenes regresan acompañadas por todos los concurrentes hasta el lugar de donde salieron. La gente agradece a Dios y pide que les bendiga en su vida, familia, salud, cosechas y trabajo.

El barrio de la Resurrección espera a toda la gente y la recibe con agua fresca y alimentos que deben ser bendecidos. En un candoroso rito introducen la mano de la imagen en el agua y la comida, con lo cual dicen que quedan bendecidas. Seguido de esto empieza la convivencia de todo el pueblo, durante todo el día hay grupos de música, danza, juegos pirotécnicos, etc. Para organizar la fiesta del Barrio de la Resurrección existen mayordomos, quienes año con año preparan una vestimenta nueva para las imágenes, Jesús y María Magdalena. Hay gente que ya esta anotada con muchos años de anticipación; las mujeres se dejan crecer el cabello con el fin de donarlo para que se les haga su peluca a las imágenes, es una especie de promesa o pago por algún milagro concedido, las vestiduras se hacen y bordan a mano. Utilizan también joyas y perfumes. Otras personas se encargan de preparar el agua y los alimentos. Esta es una tradición que se va heredando de generación en generación.       

Puedo decir con gran orgullo que la fe que ahora tengo es gracias a las tradiciones y costumbres de este pueblo, pues desde muy niña las viví. Mis abuelos, tíos y mi padre son de este pueblo. Siempre nos enseñaron que durante este tiempo de Cuaresma y Semana Santa teníamos que comportarnos con respeto. El Viernes Santo después de las 3 de la tarde cesaban todas las actividades en el pueblo; sólo se oían en las calles los cantos solemnes del pésame a la Virgen María. También recuerdo que era muy común escuchar a la gente mayor que con profunda alegría hablaba del Domingo de Gloria y durante varios días que Jesús había vencido a la muerte. Estos acontecimientos nos muestran que los indígenas recibieron y reciben con gran fe el mensaje del Evangelio y también el Acontecimiento Guadalupano.

La gente de este pueblo expresa su fe a la Virgen de Guadalupe. Cuando se acerca el 10 de octubre de cada año, comienzan a peregrinar desde el día primero, caminando, en bicicletas y camiones. Anhelan llegar a esta Casita Sagrada de Tonantzin Guadalupe, para dar gracias por todo lo que durante un año recibieron y regresar con la fe de haber visto a la Madre de Dios. En nombre de este pueblo de mis antepasados, Rincón de Tamayo, Guanajuato, doy las gracias porque han recibido en esta basílica un trato digno, se les ha brindado un ambiente de comunión y participación y se les ha permitido mostrar el amor que profesan a Tonantzin Guadalupe y San Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

Quiero terminar con un testimonio de una persona de este pueblo, quien desde su forma de entender, demuestra la fe y amor que tiene a la Virgen de Guadalupe: “Una vez, una persona me dijo:

¿Para qué vas hasta México a ver esa imagen, si aquí en todos sus templos la tienen? Le conteste: Es como si tú, le pides un favor a alguien que está lejos y aunque tengas su fotografía, vas y buscas a la persona para pagarle el favor.

Ni modo que le pagues a la foto..., además, si tienes un hijo en Estados Unidos, ¿qué prefieres: ver su foto o verlo en persona? Así es como nosotros vemos a la Virgencita [...] allá en la Villita... y las que están en los templos de aquí es como si fuera su fotografía”.

Testimonio del Sr. Emigdio Jamaica Martínez 



   Año VII, núm. 88. Abril de 2008.

 
 
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