El mes pasado tuvimos la dicha de celebrar una fiesta muy importante
dentro de la liturgia, la Resurrección del Señor;
esperanza de vida cristiana. Entre los pueblos indígenas
este acontecimiento se vive con mucha fe y respeto. Vemos a
Jesús vivo que camina con su pueblo, invitándonos a ser discípulos
y misioneros del reino. Por esta razón, comparto con gran alegría
una tradición muy antigua de cómo se vive la Resurrección del
Señor en Rincón de Tamayo, Guanajuato, situado a 14 km.
al sudoeste de Celaya. La tradición oral indica que este pueblo
por su ubicación geográfica, era el centro de reunión de varias
comunidades indígenas, como la purépecha, chichimeca y otomí.
Es de gran importancia resaltar la labor de los primeros evangelizadores
en este lugar, porque gracias a su dedicación y a la fe de los
pobladores se hizo presente Cristo en medio de ellos. El pueblo
se compone de varios barrios, uno de los cuales es el Barrio
de la Resurrección. Este es el más antiguo y donde se encuentra
la capilla del Señor de la Piedad. Allí se veneran las imagínese
de Jesús Resucitado y María Magdalena.
La gente de esta comunidad vive su fe con mucha devoción. Celebran
la liturgia de los días Santos. el Sábado Santo por la noche
se reza el rosario en honor a la Virgen de la Soledad, acompañado
por cantos propios de esta fecha. A las 22:00 hrs. comienza
la Vigilia Pascual con la bendición del Fuego Nuevo. El Domingo
de Resurrección, después de la Misa Mayor, se realiza la ceremonia
de la “Magdalena”, que consiste en recordar el pasaje evangélico
en que María Magdalena corre para dar la noticia de la Resurrección
de Jesús a los Apóstoles y Discípulos. Las imágenes son llevadas
en procesión, en andas por todo el barrio hasta llegar al centro
del pueblo en donde se ubica la parroquia principal: San Bartolo.
El sacerdote hace una pequeña reflexión con respecto a la tradición
que año con año se celebra para recordar que Jesús venció a
la muerte. Toda la gente del pueblo y de las comunidades aledañas,
participan de esta festividad, los cargadores a un paso lento
que es marcado por un tambor, sacan del templo principal hacia
el atrio las imágenes de la Virgen María y San Juan (porque
es a ellos a los que se les dirige el primer anuncio). Mientras
tanto, otros cargadores a un paso más rápido, marcado por el
ritmo de tambores y flautillas, salen de la capilla del Barrio
de la Resurrección con las imágenes de María Magdalena y Jesús
Resucitado. Esta procesión es precedida por estandartes y sahumadores.
El encuentro solemne tiene lugar en el atrio parroquial en donde
los fieles que portan las imágenes de la Virgen María hacen
genuflexión en señal de que han recibido el anuncio de Jesús
Resucitado.
Después, llevan corriendo la imagen de María Magdalena y la
colocan ante Jesús Resucitado y también hacen reverencia. Se
reúnen con las otras imágenes el centro del atrio, intercambiando
coronas de flores. La gente que participa lanza voces de alegría,
se escuchan tambores y flautillas como anuncio de la gloria
de Dios que se manifiesta en la Después de esto, las imágenes
regresan acompañadas por todos los concurrentes hasta el lugar
de donde salieron. La gente agradece a Dios y pide que les bendiga
en su vida, familia, salud, cosechas y trabajo.
El barrio de la Resurrección espera a toda la gente y la recibe
con agua fresca y alimentos que deben ser bendecidos. En un
candoroso rito introducen la mano de la imagen en el agua y
la comida, con lo cual dicen que quedan bendecidas. Seguido
de esto empieza la convivencia de todo el pueblo, durante todo
el día hay grupos de música, danza, juegos pirotécnicos, etc.
Para organizar la fiesta del Barrio de la Resurrección existen
mayordomos, quienes año con año preparan una vestimenta nueva
para las imágenes, Jesús y María Magdalena. Hay gente que ya
esta anotada con muchos años de anticipación; las mujeres se
dejan crecer el cabello con el fin de donarlo para que se les
haga su peluca a las imágenes, es una especie de promesa o pago
por algún milagro concedido, las vestiduras se hacen y bordan
a mano. Utilizan también joyas y perfumes. Otras personas se
encargan de preparar el agua y los alimentos. Esta es una tradición
que se va heredando de generación en generación.
Puedo decir con gran orgullo que la fe que ahora tengo es gracias
a las tradiciones y costumbres de este pueblo, pues desde muy
niña las viví. Mis abuelos, tíos y mi padre son de este pueblo.
Siempre nos enseñaron que durante este tiempo de Cuaresma y
Semana Santa teníamos que comportarnos con respeto. El Viernes
Santo después de las 3 de la tarde cesaban todas las actividades
en el pueblo; sólo se oían en las calles los cantos solemnes
del pésame a la Virgen María. También recuerdo que era muy común
escuchar a la gente mayor que con profunda alegría hablaba del
Domingo de Gloria y durante varios días que Jesús había vencido
a la muerte. Estos acontecimientos nos muestran que los indígenas
recibieron y reciben con gran fe el mensaje del Evangelio y
también el Acontecimiento Guadalupano.
La gente de este pueblo expresa su fe a la Virgen de Guadalupe.
Cuando se acerca el 10 de octubre de cada año, comienzan a peregrinar
desde el día primero, caminando, en bicicletas y camiones. Anhelan
llegar a esta Casita Sagrada de Tonantzin Guadalupe, para dar
gracias por todo lo que durante un año recibieron y regresar
con la fe de haber visto a la Madre de Dios. En nombre de este
pueblo de mis antepasados, Rincón de Tamayo, Guanajuato, doy
las gracias porque han recibido en esta basílica un trato digno,
se les ha brindado un ambiente de comunión y participación y
se les ha permitido mostrar el amor que profesan a Tonantzin
Guadalupe y San Juan Diego Cuauhtlatoatzin.
Quiero terminar con un testimonio de una persona de este pueblo,
quien desde su forma de entender, demuestra la fe y amor que
tiene a la Virgen de Guadalupe: “Una vez, una persona me
dijo: