InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Boletín Gpano > Secciones >Tonantzin
   
 

La tradición de las Candelas entre los Pueblos

Liliana Jamaica Silva
Pastoral Indígena de la Basílica de Guadalupe

México se ha distinguido a través de los años por una rica gama de tradiciones, las cuales han permanecido durante muchas generaciones. Es muy común escuchar entre la gente: “vamos a celebrar como lo hacía mi abuela” o “vamos a hacerlo como allá en el pueblo”.

Estas expresiones nos hacen constatar que nuestra gente aún desea conservar in Tlamaniliztli auh in Machiliztli (“la costumbre y la tradición”) heredadas de nuestros antepasados. Por esta razón queremos compartir con ustedes “la Tradición de las Candelas entre los pueblos”.

El año de los antiguos mexicanos se componía de 18 meses, cada uno de 20 días; dando un total de 360 días, agregando 5 días, a los que llamaban “inútiles”, sumando un total de 365 (durante el transcurso del calendario hacían correcciones periódicas relativas a los bisiestos, obteniendo así un año perfecto).

Con la llegada de los primeros evangelizadores a estas tierras, fueron sobreponiendo a las fiestas de los antepasados las celebraciones religiosas. A la fiesta del mes décimo séptimo Tititl (“vientre”) que va del 15 de enero al 4 de febrero, se adhirió la “fiesta de las candelas o velas” (2 de febrero).

Durante las festividades del mes Tititl, los antiguos hacían alusión a la Madre tierra productora, tributando honor a Ilamantecuhtli (Señora vieja), nombre femenino del fuego.

Durante las festividades del mes Tititl los antiguos hacían alusión a la Madre tierra productora, se hacia honor a Ilamantecuhtli (Señora vieja), nombre femenino del fuego. Comían xocotamales (tamales agrios) y cazaban en honor de Mixcoatl (personalidad del Fuego), los jóvenes de las escuelas y recogimientos, hacían un juego que consistía en amarrar pelotas blandas, de paja o papel en unos cordeles y golpearse con ellas hasta que se rompían. Muy cercano a este mes estaba la celebración de Xiuhtecuhtli (señor del Fuego), realizada durante el último mes del año Itzcalli (Casa del fuego, que va del 04 – 24 febrero).

Durante las festividades del mes Tititl los antiguos hacían alusión a la Madre tierra productora, se hacia honor a Ilamantecuhtli (Señora vieja), nombre femenino del fuego. Comían xocotamales (tamales agrios) y cazaban en honor de Mixcoatl (personalidad del Fuego), los jóvenes de las escuelas y recogimientos, hacían un juego que consistía en amarrar pelotas blandas, de paja o papel en unos cordeles y golpearse con ellas hasta que se rompían. Muy cercano a este mes estaba la celebración de Xiuhtecuhtli (señor del Fuego), realizada durante el último mes del año Itzcalli (Casa del fuego, que va del 04 – 24 febrero).

Comían xocotamales (tamales agrios) y cazaban en honor de Mixcoatl (personalidad del fuego). Los jóvenes de las escuelas y recogimientos, practicaban un juego que consistía en amarrar pelotas blandas, de paja o papel en unos cordeles y golpearse con ellas hasta que se rompían.

Muy cercano a este mes, estaba la celebración de Xiuhtecuhtli (señor del fuego), realizada durante el último mes del año Izcalli (casa del fuego, que va del 4 – 24 febrero).

Durante dicha festividad, agujereaban las orejas de los niños y niñas que habían nacido en los últimos tres años, cada uno llevando sus padrinos y regresando del teoacalli (casa de la personalidad). Daban pulque a los niños, celebrando también a las personalidades productoras; los niños subían a un palo alto de madera en que había muchos juguetes. Era la última veintena del año y para indicarlo, los antiguos clavaban el último día unas ramas en los ofertorios de los calpulltin (casas del pueblo o barrios)[1].

Los frailes, dándose cuenta de todas estas festividades, las fueron adecuando a las fiestas del calendario litúrgico cristiano, haciendo coincidir las celebraciones según lo observado. Es por esta razón que la fiesta de las candelas cae entre estas dos ultimas veintenas (meses) del año indígena.  Los antiguos moradores fueron conservando su costumbre y tradición compaginando los festejos como los conservamos hasta nuestros días.

No fue difícil para los  antiguos mexicanos comprender que, a los 40 días de la navidad (25 de diciembre – 2 de febrero) se celebrara la presentación del niño Jesús, por sus padres al templo junto con el ofrecimiento de las candelas (que simbolizan la purificación y la presencia de la luz), ya que por esas mismas fechas dentro de sus fiestas también había un ofrecimiento de los niños al Teocalli y la presencia del fuego en su ceremonia. En los pueblos indígenas, este día llevan a bendecir las mazorcas y otras semillas que se sembrarán en la próxima temporada como un signo de la bendición de Dios para la tierra y que el hombre compartirá con sus semejantes.

Con el paso de los años se han ido adaptando  elementos para estos festejos, según las regiones y su forma de darle vida a esta tradición, entre éstos, podemos encontrar actualmente las siguientes:

- En Xochimilco, se realiza el cambio de mayordomía, con música de banda que acompaña a la danza de los Chinelos, estudiantinas., cohetes, etc.

- En Coatetelco, Morelos se acostumbra poner en los altares ofrendas de comida, como pipián y tamales de ceniza, llamados tlaconextamalli, los cuales una vez bendecidos por el sacerdote de la comunidad, se reparten entre los asistentes. Una parte de esta ofrenda es llevada a un cerro, donde la depositan en una cueva para pedir las lluvias.

También se acostumbra llevar a la Virgen de la Candelaria en procesión por las calles principales del pueblo, con música, cohetes y danzas. En el Estado de México, se acostumbra servir los tamales “canarios” elaborados con harina de arroz, mantequilla y vainilla. En Veracruz se preparan tamales dulces envueltos en hoja de plátano, hechos de masa de maíz y se acompañan con el atole de champurrado. Lo anterior nos demuestra que las semillas del Verbo estaban de alguna manera presentes en estas tierras americanas, antes de la llegada de los primeros evangelizadores, lo que les facilitó en parte la evangelización de nuestros antepasados.

En la actualidad es muy común ver entre las comunidades su fe manifestada en la participación durante la Celebración de la Fiesta de la Candelaria, en el templo de cada región, llevando imágenes del niño Jesús y sus velas, semillas, pero sobre todo a sus niños más pequeños en ofrenda a Dios, como lo hicieran José y María. Para los pueblos indígenas son muy importantes las fiestas porque representan una manera de agradecer a Dios todos los elementos que dan vida a su comunidad, fomentando con ello la unidad del pueblo, el trabajo en conjunto con el sacerdote, mayordomo; arreglando el templo, barriendo y adornando las calles, compartiendo los alimentos. Todo esto acompañado con danzas, ceremonias, etc., que reflejan la alegría en sus rostros llenos de fe ante un Dios que se hizo hombre como nosotros. En  Tonantzin Guadalupe se reconoce un rostro materno, Ella, como Mamá, nos presenta a todos ante el Padre Celestial.

Este día 2 de febrero, queremos poner de manifiesto desde este lugar sagrado la fe de nuestros abuelitos indígenas, buscando agradar a la Niñita Celestial.

¡Que la fiesta de la Candelaria nos dé la luz para acompañar a los pueblos indígenas en su fe, usos, tradiciones y costumbres unidas al Evangelio!


Notas

[1] Cfr. QUINTERO TORRES Gregorio, “Fiestas y Costumbres Aztecas”,  impreso por Herrero Hermanos Sucesores, México 1927, pp. 1, 17-19.



   Año VI, núm. 74. Febrero de 2007.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados