Muy cercano a este mes, estaba la celebración de Xiuhtecuhtli
(señor del fuego), realizada durante el último mes del año
Izcalli (casa del fuego, que va del 4 – 24 febrero).
Durante dicha festividad, agujereaban las orejas de los
niños y niñas que habían nacido en los últimos tres años,
cada uno llevando sus padrinos y regresando del teoacalli
(casa de la personalidad). Daban pulque a los niños, celebrando
también a las personalidades productoras; los niños subían
a un palo alto de madera en que había muchos juguetes. Era la última veintena del año y para indicarlo, los antiguos
clavaban el último día unas ramas en los ofertorios de los
calpulltin (casas del pueblo o barrios).
Los frailes, dándose cuenta de todas estas festividades,
las fueron adecuando a las fiestas del calendario litúrgico
cristiano, haciendo coincidir las celebraciones según lo
observado. Es por esta razón que la fiesta de las candelas
cae entre estas dos ultimas veintenas (meses) del año indígena.
Los antiguos moradores fueron conservando su costumbre
y tradición compaginando los festejos como los conservamos
hasta nuestros días.
No fue difícil para los antiguos mexicanos comprender
que, a los 40 días de la navidad (25 de diciembre – 2 de
febrero) se celebrara la presentación del niño Jesús, por
sus padres al templo junto con el ofrecimiento de las candelas
(que simbolizan la purificación y la presencia de la luz),
ya que por esas mismas fechas dentro de sus fiestas también
había un ofrecimiento de los niños al Teocalli y la presencia
del fuego en su ceremonia. En los pueblos indígenas, este día llevan a bendecir las
mazorcas y otras semillas que se sembrarán en la próxima
temporada como un signo de la bendición de Dios para la
tierra y que el hombre compartirá con sus semejantes.
Con el paso de los años se han ido adaptando elementos
para estos festejos, según las regiones y su forma de darle
vida a esta tradición, entre éstos, podemos encontrar actualmente
las siguientes:
- En Xochimilco, se realiza el cambio de mayordomía, con
música de banda que acompaña a la danza de los Chinelos,
estudiantinas., cohetes, etc.
- En Coatetelco, Morelos se acostumbra poner en los altares
ofrendas de comida, como pipián y tamales de ceniza, llamados
tlaconextamalli, los cuales una vez bendecidos
por el sacerdote de la comunidad, se reparten entre los
asistentes. Una parte de esta ofrenda es llevada a un cerro,
donde la depositan en una cueva para pedir las lluvias.
También se acostumbra llevar a la Virgen de la Candelaria
en procesión por las calles principales del pueblo, con
música, cohetes y danzas. En el Estado de México, se acostumbra
servir los tamales “canarios” elaborados con harina de arroz,
mantequilla y vainilla. En Veracruz se preparan tamales
dulces envueltos en hoja de plátano, hechos de masa de maíz
y se acompañan con el atole de champurrado. Lo anterior nos demuestra que las semillas del Verbo estaban
de alguna manera presentes en estas tierras americanas,
antes de la llegada de los primeros evangelizadores, lo
que les facilitó en parte la evangelización de nuestros
antepasados.
En la actualidad es muy común ver entre las comunidades
su fe manifestada en la participación durante la Celebración
de la Fiesta de la Candelaria, en el templo de cada región,
llevando imágenes del niño Jesús y sus velas, semillas,
pero sobre todo a sus niños más pequeños en ofrenda a Dios,
como lo hicieran José y María. Para los pueblos indígenas son muy importantes las fiestas
porque representan una manera de agradecer a Dios todos
los elementos que dan vida a su comunidad, fomentando con
ello la unidad del pueblo, el trabajo en conjunto con el
sacerdote, mayordomo; arreglando el templo, barriendo y
adornando las calles, compartiendo los alimentos. Todo esto
acompañado con danzas, ceremonias, etc., que reflejan la
alegría en sus rostros llenos de fe ante un Dios que se
hizo hombre como nosotros. En Tonantzin Guadalupe se reconoce
un rostro materno, Ella, como Mamá, nos presenta a todos
ante el Padre Celestial.
Este día 2 de febrero, queremos poner de manifiesto desde
este lugar sagrado la fe de nuestros abuelitos indígenas,
buscando agradar a la Niñita Celestial.
¡Que la fiesta de la Candelaria nos dé la luz para acompañar
a los pueblos indígenas en su fe, usos, tradiciones y costumbres
unidas al Evangelio!