Pbro.
Carlos Villaseñor Ruelas
Capellán
de Coro
Lic. Marcela Vallecillo Gómez
Comunicación Social de la INBG
Nació
el 15 de septiembre de 1924, en Autlán, Jalisco, hijo mayor del matrimonio
formado por don Abraham Villaseñor y la señora Beatriz Ruelas, quienes
procrearon otros dos hijos: Francisco y Alfredo, quien le sobrevive.
Desde muy pequeño sintió el llamado al sacerdocio y de acuerdo
a lo que nos comenta, nadie influyó en su vocación. “Yo me di cuenta
solo, desde los cuatro años quería ser sacerdote. Incluso mi tía me
hizo un ornamento de periódico”. Fue uno de sus primeros signos de
una vocación de radical entrega “sin vacaciones”, por servir a Cristo.
Realizó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario
de Montezuma, (lugar donde se prepararon muchos sacerdotes mexicanos
en la época de la persecución religiosa), y concluyó en el Seminario
de Guadalajara.
Fue ordenado sacerdote el dos de abril del año 1949, en la
Catedral de Guadalajara, a manos del Emmo. Sr. Cardenal, José Garibi
Rivera.
Poco después solicitó permiso para ir a los Estados Unidos,
donde ejerció su ministerio sacerdotal en la Diócesis de San Diego,
como párroco de la Parroquia de San Juan Bosco. También fue Capellán
Segundo de la Base Aérea del March Fell, donde atendió a los jóvenes
de habla hispana. Más tarde regresaría a México para “nunca tener vacaciones”,
afirma, porque tenía un deseo muy fuerte de “ofrecerle a Dios trabajar
incesantemente toda mi vida y que en la eternidad me las pague de
todas”.
(Sonríe) Decir “pagar” es una forma solamente, sabe que tendrá el gozo
pleno de la perfección humano-cristiana- pero ya desde ahora lo vive
en el servicio de su ministerio sacerdotal, donde ha sido feliz.
En la Arquidiócesis de México, agrega, fue asignado a fundar
y reconstruir algunas parroquias como la de Santa Lucía Xantepec y
la de Asunción Merced Gómez. Asimismo trabajó como Capellán ayudante del Hospital Psiquiátrico
de Mixcoac “llamado el infierno”.
En todos estos servicios, fuertes, rudos, que requieren de
enorme temple y caridad, trabajó solo, aunque muy unido a la Iglesia
local. “Solamente un año tuve Vicario. Yo me imaginaba como un albañil
de Jesús Sacramentado. Nunca tuve dificultades, nunca recibí un regaño
por parte de la Mitra”.
A la Basílica de Guadalupe llegó hace 20 años como Capellán
de Coro, y aquí se ha quedado, “porque estar en la Basílica, no lo
cambio ni por el mayor tesoro, es la iglesia más hermosa”.
Cabe recordar que además del Cabildo Colegial de Guadalupe,
integrado por varios sacerdotes reconocidos por su trayectoria personal
y pastoral, existen sacerdotes adscritos y sacerdotes capellanes de
coro que tienen la función de ayudar en la atención pastoral de los
miles de fieles que visitan a Santa María de Guadalupe.
De acuerdo a los Estatutos de la Basílica, emanados del Breve
Apostólico Praestantem Pietatem (12-12-1998), de S.S. el Papa Juan
Pablo II, de feliz memoria, “el grupo de capellanes del Santuario
(…) está constituido por los sacerdotes que, de manera estable, son
auxiliares del Cabildo en el ejercicio de la pastoral litúrgica y
sacramental, de la que es responsable, bajo la dirección del Rector
del Santuario”.
El
Padre Carlitos, como le llaman en la Basílica, ahora ha reducido sus
actividades pero siempre se le ve en el Santuario. Se declara un apasionado de la Biblia y del Derecho Canónico,
lo que ha guiado su acción en todos estos años. Mientras lee, dice,
“pierdo la noción del tiempo”.
En breves palabras nos deja ver toda una vida de servicio radical
al Evangelio. En sus respuestas parece suave, luego fuerte, pero transmite
la ternura y sencillez de un obrero de Cristo. Su filosofía en el trato a los demás la resume en una sola
frase: “toda mi vida he tratado de no molestar a la gente, de
vivir en paz”.

Año V, núm. 63. Marzo de 2006.