Es
uno de los tres canónigos efectivos que se incorporaron al venerable
Cabildo de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, el pasado
27 de febrero.
Nació en Cacalomacán, Edo. de México,
el 27 de marzo del año 1937. Sus padres son la Sra. María Sánchez
Cuenca y el Sr. Nicanor Vallejo Albarrán. Su infancia y su vida
han transcurrido en un ambiente de fe firme y grandes testimonios
de entrega generosa a la causa del Evangelio. Desde muy pequeño reconoció su gusto
por el servicio sacerdotal y a los 15 años ingresó al Seminario
Conciliar de Toluca, cuando era Vicerrector el ahora M.I. Sr. Cango.
Emérito de la Basílica de Guadalupe, Mons. José Alvarez Barrón.
El 11 de abril de 1967, recibió la ordenación sacerdotal de manos
de Mons. Arturo Vélez Martínez, en la Catedral de Toluca.
Hasta el año 1978, sirvió en varias
parroquias del Edo. de México: fue Vicario Cooperador en la Parroquia
de Ocoyoacac, México y Administrador Parroquial en San Francisco
Soyaniquilpan y San Francisco Tepexoxuca, México. En 1978 se trasladó a la Ciudad de
México para realizar una especialidad en grabado artístico. Desde
entonces, y hasta el año 2002, permaneció en la Séptima Zona de
Pastoral de la Arquidiócesis de México como Vicario Cooperador,
en la Parroquia del Divino Niño en la Unidad Sta. Cruz Meyehualco
y en la Parroquia de San Matías. Fue Vicerrector y encargado de
la casa sacerdotal del Santuario del Señor de la Cuevita, el segundo
más visitado en el D.F., localizado en Iztapalapa. En 1987, asumió
la Parroquia Santa María Madre de Cristo. En 1983 solicitó su incardinación
al corroborar la necesidad de sacerdotes en la Arquidiócesis de
México, y se la otorgaron el cinco de septiembre del mismo año.
En 2002, el Emmo. Sr. Card. Norberto
Rivera Carrera, le nombró Rector del Santuario de San Juan Diego,
con el encargo de la construcción del mismo. Al preguntarle sobre su trayectoria,
sus responsabilidades y el enorme reto que tiene hoy, nos deja ver
la alegría y el entusiasmo con que encara su misión.
P.-¿Cómo surgió su
vocación, cómo la reconoció?
R.-Desde niño. Tuve
una mamá muy piadosa, nos llevaba diario a misa en la mañana y al
Rosario en la tarde. Ella nos inculcaba mucho la fe en Jesucristo,
la devoción a la Santísima Virgen, lo que recordamos hasta la fecha
como algo hermoso (….) ofrecía su servicio en lo que le pedía el
Padre y eso para mi fue realmente lo que me motivó. Inclusive cuando
fui a hablar con el Señor Cura ella ni siquiera lo sabía, fue una
iniciativa mía…. Yo pertenecía al coro, éramos como unos 60 niños
en la Parroquia de Cacalomacán, estado de México, un pueblo donde
ha habido muchos sacerdotes, tuvimos la suerte de tener sacerdotes
muy santos, párrocos muy ejemplares…pienso que el padre Agustín
Espinoza, que ya murió, fue quien despertó mi vocación.
P.-¿Qué proyectos
implementó durante su servicio sacerdotal en la Séptima zona?
R.-Desde que me ordené
sacerdote el proyecto que tuve fue formar agentes, sentí que era
realmente lo más importante porque es como multiplicar las personas
en su apostolado. En la parroquia que tuve en Toluca diario daba
dos horas de formación a los grupos y con esa misma idea aquí en
México visitaba a las familias, les mandábamos al centro de formación
“Gaudium et Spes” y tenía una asistencia de un 70, 80%. Así fue
como me pareció evangelizar.
P.- ¿Que ha significado
para usted el nombramiento de Rector del Santuario de San Juan Diego?
R.- Toda mi vida ha
sido construir, desde que estaba en Toluca me dejaron encargado
de la construcción del Seminario siendo seminarista; luego me mandaron
a Soyaniquilpan donde no había templos y tuve que hacer siete templos.
Cuando llegué a México me llamó el Señor Obispo (Carlos) Talavera
y me encomendó también la construcción de la Capilla Abierta en
la Cuevita. Luego me mandaron a María Madre de Cristo donde estaba
el templo en obra negra y tuve que terminarlo y construir la casa.
En la Colonia Renovación hicimos una capilla provisional y preparamos
la casa del Párroco. Y ahora el Señor Cardenal vio que me encanta
la construcción y conozco las dificultades, no me desilusiono, al
contrario, tengo que hacer todo mi esfuerzo y poner todo mi empeño
para construir.
P.- ¿Cómo van las
obras?...
R.- Ya la estamos
promoviendo, estamos llevando a cabo algunas iniciativas; estamos
visitando empresas, estamos buscando promover las criptas para que
las personas compren o den su donativo para los nichos, son 29 mil.
P.- En cuánto tiempo
calcula que se concluya la obra?
R.- Al principio hice
un cálculo muy mal hecho, pensé que en dos años pero apenas dos
años y pico nos bastarían para poner en orden todo. Por eso sólo
me atrevería a decir que ojalá sea pronto.
P.- ¿Y la difusión
de la devoción a San Juan Diego?
R.- San Juan Diego
es muy conocido, realmente es uno de los personajes más populares
porque lo relacionamos con las apariciones de la Santísima Virgen.
Lo que ha costado un poco de trabajo es entenderlo como ya canonizado,
porque ¿cómo canonizar a un indígena tan humilde y sencillo como
era San Juan Diego?. Pero era todo un personaje, su educación, su
cultura (…) próximamente platicaremos con los señores obispos de
cada zona pastoral para llevar la imagen de San Juan Diego a los
decanatos, las parroquias y al final llegaría a la sede del obispo
para que ahí se quede. Queremos que San Juan Diego esté en cada
zona pastoral y vamos a preparar un video para dar a conocer sus
virtudes.
P.- ¿Qué virtudes
nos pueden ser actuales hoy?
R.- Habría que reconocer
el hambre que tenía de Dios, su entrega por conocer más a nuestro
Señor Jesucristo, cuando le habla la Virgen le dice que va a Tlatelolco
para saber de las cosas de nuestro Señor. Ese es el reto que tenemos
ahora en la Nueva Evangelización: mandar personas que se formen
para que después ellos difundan lo que es el Tesoro de la Fe. Y
San Juan Diego lo tenía!, era una persona que conocía mucho de las
cosas santas. Entonces creo yo que ese sería un reto de nosotros,
seguir ese ejemplo de San Juan Diego. Ojalá que nuestros evangelizadores
y en las parroquias podamos abrir nuestros ojos a ese hombre tan
maravilloso que tenía un amor muy grande, una hambre de Dios desmedida.
¡Cómo se expresó con la Santísima Virgen!
¡cómo la llamaba!, la conocía, la entendía!, la pudo apapachar con
toda su devoción, le decía ¡mi muchachita!, lo que a nosotros nos
cuesta trabajo poder decirle: ¡Mi niña!, él era un mariólogo!.
En sus respuestas, el Padre Vallejo
nos comparte su esfuerzo y compromiso por la construcción no sólo
de templos sino también de las personas desde su formación, y transmite
la enseñanza que nos deja la profundización de la vida de San Juan
Diego.