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M.I. Sr. Cango. Pedro Síntora Salgado,
Canónigo Emérito



Lic. Marcela Vallecillo Gómez

Comunicación Social de la INBG

La vida consagrada sólo se puede vivir desde la fe; humanamente es imposible. Para ello es necesario rescatar la ascética cristiana porque la vida interior debe tratarse con cuidado y ser cultivada con la oración así como con el ejercicio de las virtudes cristianas. De lo contrario, el sacerdote, la religiosa o el religioso, son incapaces de perseverar en sus votos.

Así lo afirma Pedro Síntora, Canónigo Emérito de la Basílica de Guadalupe, después de 52 años de sacerdote, luego de toda una vida de consagración y entrega a Dios y servicio a las personas.

LA ASCÉTICA CRISTIANA, NECESARIA PARA LA VIDA CONSAGRADA

En entrevista, afirma que la vida consagrada con sus votos de obediencia, pobreza y castidad, implica muchos sacrificios que sólo es posible llevar desde la fe y en la fe. Por ello, la formación actual de los sacerdotes y religiosas, además de fomentar más la intimidad con Dios, debe rescatar la enseñanza y la gimnasia de todas las virtudes, especialmente de la mortificación evangélica que va acorde con la Palabra de Jesucristo: “niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”.

“Desde los maestros y formadores tanto de las religiosas como de los seminarios es necesario rescatar la vivencia de la ascética para dar mayor solidez a la vida cristiana y favorecer la perseverancia fiel hasta el final, del seguimiento de Jesús”.

Pedro Síntora nació en el Distrito Federal el 15 de diciembre de 1922. Se ordenó sacerdote a los 29 años, el 22 de diciembre de 1951. Su primer servicio fue como Vicario en la Parroquia de San Agustín, en Tlalpan, a donde volvió tiempo después para permanecer por 29 años más, de 1963 a 1993, antes de ser promovido como canónigo de la Basílica en 1994.

Entre 1953 y 1963, ejerció su ministerio en Chimalhuacán y Chalco, Estado de México y en Tepeji del Río, Hidalgo. También participó en el oficio catequístico de la Arquidiócesis de México.

Para Pedro Síntora, ser sacerdote es ser pastor, lo que significa atender a las personas en todos los aspectos, no solamente el espiritual, a la manera en como Jesús lo hizo. Considera indispensable que los seminarios fortalezcan este sentido en la formación de los futuros sacerdotes y a su vez que quienes ya están activos, revisen en comunidad y continuamente su vida de pastores: cómo están atendiendo a sus ovejas.

Al hablar sobre su vocación, nos cuenta que al principio de su preparación para el sacerdocio

no tuvo dudas, pero que poco después se le presentaron.

“En el último año de latín tuve dudas si seguía o no. Pero Don Sergio Méndez Arceo, director espiritual del Seminario, me ayudó a discernir y en los años siguientes de estudio de la Teología y la Filosofía nunca tuve inquietud de salirme”.

Así ha transcurrido su vida sacerdotal la cual le ha proporcionado grandes satisfacciones, entre ellas, la atención a los enfermos y a las comunidades religiosas.

“El 4 de octubre de 1953, tuve un accidente y me atendieron en la Cruz Roja. Cuando me alivié me asignaron por tres años ahí, con los enfermos, como Capellán. Luego, estando como Párroco en Tlalpan, una de mis principales actividades fue nuevamente la atención a los enfermos, así como a las comunidades religiosas. Han sido de los servicios que más he amado”, dice.

A la Basílica llegó hace diez años. Fue nombrado canónigo el 19 de febrero de 1994, por el Cardenal Ernesto Corripio Ahumada.

Nos explica que la diferencia entre la pastoral de una parroquia y la del santuario es la movilidad de los peregrinos. “Aquí [en la Basílica] lo principal es atender las confesiones y la predicación (homilía) en la celebración de la Santa Misa, entre otras actividades. A veces los peregrinos vienen muy desorientados o con muchos años de no confesarse y nos corresponde orientarlos. Por otro lado, debemos explicar el Evangelio de una manera muy universal porque vienen personas de todos las condiciones sociales”.

No obstante lo efímero de la visita de los peregrinos, indica que es una gran oportunidad para darles a Cristo pues vienen con el corazón más dispuesto para acogerle.

Destaca que la pastoral del Santuario está desarrollando también una labor muy importante al implementar en el atrio algunas actividades para los peregrinos.

LA VIRGEN

P.- ¿Quién es Santa María de Guadalupe en su vida?
R.- La Madre del Verbo Encarnado, la Madre de la Misericordia, del Amor, la mamá en toda la plenitud de su maternidad.

P.- ¿Es impactante su presencia?
R.- Sí, de Dios en primer lugar, después María y luego los santos que son ejemplos admirables de cómo vivieron en su tiempo el Evangelio.

El rostro notablemente sereno de Pedro Síntora refleja convicción y satisfacción; los frutos de toda una vida en lucha por la santidad, por dar testimonio del amor cristiano, por el servicio y por vivir en la alegría de los hijos de Dios.              



   Año III, núm. 47. Noviembre
2004.

 
 
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