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M.I.Sr. Cango.
Jesús Gutiérrez Rodríguez
Lic. Marcela Vallecillo Gómez
Comunicación Social de la INBG
Mientras somos testigos de antitestimonios que hieren profundamente
al pueblo y a la Iglesia, afortunadamente también podemos descubrir
trayectorias de gran fidelidad al Evangelio, forjadas en medio del
dolor y la persecución. Fundamentalmente pastor, comprometido con su pueblo, con Cristo
y su historia concreta en la vida de los hombres, el M.I.Sr. Cango.
Jesús Gutiérrez Rodríguez, ha realizado su vocación sacerdotal al
servicio de diferentes parroquias de la Arquidiócesis de México,
desde hace 42 años. Nació en la Ciudad de Celaya, en el estado de Guanajuato, el
21 de diciembre de 1936, siendo el cuarto de cinco hijos del matrimonio
formado por la Sra. María de Jesús Rodríguez Aguilar y el Sr. Jesús
Gutiérrez Rivera.
A los 13 años ingresó en el Seminario de México, en Temascalcingo,
estado de México, luego de buscar lugar infructuosamente en los
seminarios que correspondían a su diócesis como era el de Morelia
o Guadalajara, donde fue rechazado por estar saturados. Así, el
1º de marzo de 1964, fue ordenado presbítero en la Catedral Metropolitana,
por el Excmo. Sr. Obispo Francisco Orozco y Lomelí. El primer lugar donde ejerció su ministerio sacerdotal fue
en la Parroquia de Ntra. Sra. de Guadalupe Reyna del Clero, donde
permaneció siete meses. Posteriormente fue enviado a la Parroquia
de San Bernardino, en Xochimilco, lugar en el que colaboró al lado
del Párroco José Reyes, a quien considera su maestro porque de él
aprendió la entrega al servicio de la comunidad.
Después fue promovido a párroco de Santa Cecilia Tepetlapa,
capellanía que fue erigida en parroquia cuando le otorgaron el nombramiento
correspondiente. En 1970, lo trasladaron a la Parroquia de Ntra. Sra. de San
Juan de los Lagos y San Antonio de Padua, en Azcapotzalco, como
colaborador parroquial, pero dejó esta parroquia para hacerse cargo
de la Capellanía de San Miguel Amantla, que también fue erigida
Parroquia, por el Emmo. Sr. Cardenal Ernesto Corripio Ahumada.
En 1980 fue nombrado párroco de San Juan Evangelista en Iztapalapa,
donde permaneció 19 años hasta 1999 cuando le enviaron a la Parroquia
de la Preciosa Sangre de Cristo, en la Colonia Sector Popular, donde
permaneció hasta el 19 de mayo del presente año. El siguiente día,
20 de mayo, recibió la Filetata de Canónigo del Cabildo de la Insigne
y Nacional Basílica de Guadalupe, de manos del Emmo. Sr. Cardenal
Norberto Rivera Carrera. Con voz pausada nos narra cuando reconoció su vocación:
“Siendo monaguillo se me despertó el interés por el sacerdocio,
sobre todo al ver la atención y entrega desinteresada a la feligresía,
de un sacerdote ejemplar, vicario de la parroquia. Se llamaba José
Villagómez […]. Claro, la vocación nace después, porque a esa
edad se fija uno en lo que se ve, pero conforme va pasando el tiempo
y la formación en el Seminario, se va afianzando esa base que tuvimos
siendo monaguillos”.
P.- ¿Cómo ha sido su experiencia en el servicio que
ha dado en tantas parroquias?
R.- Desde los dos años de ser ordenado fui párroco, gracias al Padre José
Reyes Chaparro, un sacerdote muy entregado a servir a los fieles
y muy desinteresado; su testimonio fue la base de mi sacerdocio.
En la primera parroquia no fue muy afortunada mi estancia por
problemas con los mayordomos; al padre anterior lo habían echado
fuera. No tenía experiencia, no puedo decir que haya logrado algún
fruto en esa parroquia. Pero eso me sirvió para el trabajo en la
parroquia de San Juan Evangelista en Culhuacán. Ahí, en la pastoral,
fue el culmen de mi vida sacerdotal, porque ya empecé a ver las
cosas con más organización en cuanto al plan pastoral de la arquidiócesis,
de la vicaría y se formaron varios grupos que dieron vida a la comunidad
de la parroquia. También ahí fue donde más problemas tuve por los
mayordomos, una mafia, en ese tiempo […] incluso ahí se me desarrolló
la diabetes, aunque queda la satisfacción de que algo se sembró
pastoralmente.
“Los ataques a los sacerdotes”, denuncia, han sido constantes
en parroquias que tienen mayordomías, debido a que los mayordomos
tienen la idea de que sus tradiciones serán afectadas, por lo que
rechazan la figura del sacerdote, la formación cristiana, y se niegan
al diálogo, y prolongan costumbres sin sustento evangélico. Además,
los mayordomos, dice, toman decisiones en nombre del “pueblo”, cuando
sólo representan a algunas familias.
“La instrucción que tenemos desde Puebla (CELAM, 1979), es
que no destruyamos, sino que purifiquemos, que orientemos, sus tradiciones.
Esa es la finalidad de los sacerdotes, pero ellos piensan lo contrario. Afortunadamente
se está terminando ese influjo de los mayordomos, aunque todavía hay
algunos sobre todo en los pueblos antiguos, en Iztapalapa, en Xochimilco”.
P.- El 20 de mayo llega a la Basílica, ¿cómo recibió
usted la noticia de su nombramiento como Canónigo?
R.- Para ser sincero, no me agradó de inicio. Días antes me habían renovado
mi nombramiento en la Parroquia por seis años que son los que me
faltan para jubilarme. Dije, “ya de aquí nadie me va a sacar” y cuando me dieron esta
noticia opuse todas las objeciones posibles. Me costó mucho trabajo
superarlo. Pero gracias a la Virgen ya lo superé.
P.- Pero el Señor le ha dado una gran tarea…
R.- Sí, en ese momento fue egoísta de mi parte haber pensado sólo en mí. Puse
como objeción mi enfermedad, porque es impredecible. Pero aquí se
ha venido superando y esa es una señal de que aquí tengo que estar.
Por eso ahora estoy feliz, después de haberlo superado. Ahora, de
las cosas que se extrañan es la labor pastoral, con los grupos,
con las asociaciones, pero también lo estoy superando con la impartición
del Sacramento de la Reconciliación. Hay tanta gente necesitada.
Por eso me he propuesto aumentar las horas de confesión, desde las
siete de la mañana, y en diciembre aumentaré otra hora. Es una cosa
admirable la misericordia y el amor de Dios. Es una labor magnífica
la que se puede hacer a través de ese sacramento.
Le doy gracias a la Santísima Virgen por ese cambio que obró
en mí, cambio de mentalidad, de actitud, de todo. Estoy feliz.

Año V, núm. 70. Octubre de 2006.
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