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M.I.Sr. Cango. Alberto Reynoso González

Lic. Marcela Vallecillo Gómez

Comunicación Social de la INBG

Nació en la Ciudad de México el 08 de abril de 1942, siendo el tercer hijo de  cuatro del matrimonio formado por el Sr. Pastor Reynoso Hernández y la Sra. Porfiria González Carrillo.

Ingresó al Seminario Conciliar de México con sede en Temascalcingo, el 19 de febrero de 1957, siendo casi un niño --tenía 13 años--, y afirma que desde muy pequeño tuvo la inquietud de ser sacerdote porque creció en un ambiente de fe favorecido por sus abuelos y sus padres.  Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1968, junto con otros once compañeros en la Catedral Metropolitana, a manos del Sr. Cardenal Miguel Darío Miranda.

Su primer servicio fue en la Parroquia San Agustín de Tlalpan, durante un periodo de preparación para su Ministerio sacerdotal. “Fue una experiencia muy rica porque estábamos todos los compañeros, nos ayudábamos mutuamente y comenzamos a convivir y a participar nuestras experiencias con nuestros superiores y entre nosotros como presbiterio”.

Posteriormente en 1969 fue asignado como Vicario a la Parroquia de la Asunción en Milpa Alta. “Me gustó mucho porque conocí a la gente sencilla y culturas diferentes a la que yo había vivido”. El 13 de junio de 1971, le destinaron como Vicario a la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en la Séptima Vicaría. “Ahí conviví con gente muy pobre, muy participativa, muy amiga, muy sencilla. Me gustó mucho”.

 “Después me fui a la Parroquia de Jesús Sacramentado, en la Colonia Campestre Churubusco, desde agosto de 1975 hasta 1977. “Fue una nueva experiencia para mí, eran personas de clase media alta y fue una experiencia nueva conocer cómo viven su fe, de mucha fidelidad, de mucha entrega”.

Más tarde ejerció su Ministerio en la Capilla de los Santos de América, ubicada en la Unidad Habitacional Villa Panamericana, Sexta Vicaría, del 11 de febrero de 1977 hasta el 06 de enero de 2001. “Me tocó construir el templo y la comunidad porque era nueva totalmente; dividí mi tiempo entre la construcción de la comunidad y la construcción material del templo.

“Cuando llegué no había absolutamente nada, ni templo, ni terreno, y estuve hospedado en la parroquia de San Agustín Tlalpan. La construcción nos llevó aproximadamente unos diez años y primero fue Capilla y después Parroquia ya con lo necesario para trabajar pastoralmente: templo, casa sacerdotal, comunidades, grupos”.

Después lo remitieron nuevamente a la Parroquia de San Agustín Tlalpan, el 07 de enero del año 2001. “Es una parroquia muy querida por todos los sacerdotes, en particular porque es la Parroquia del Seminario, hay una complementación de la vida del seminario y la vida parroquial. Y por la cercanía de la Universidad Pontificia, hay diferentes grupos de personas, laicos, religiosas.

Realmente es una parroquia muy rica pastoralmente, muy variada”. Desde el 25 de julio de 2004 estuvo en la Parroquia de Santa María Magdalena (Contreras), en la Sexta Vicaría. “Me pareció muy interesante porque era muy semejante a la Parroquia de San Agustín, la gente muy entregada, de mucha fe, muy piadosa. Esa fe me animó mucho en mi sacerdocio”.

“Ellos (los feligreses) me animan mucho, es un complemento en mi Ministerio. Uno sigue siendo cristiano, sacerdote con ellos, y es muy interesante ver cómo su trabajo le ayuda a uno a continuar trabajando pastoralmente. Es una retroalimentación mutua entre el sacerdote y los fieles. En este tiempo también ha sido interesante trabajar con muchos sacerdotes”. Cabe señalar que durante su permanencia en la Sexta Vicaría, fue el encargado de la Comisión de Evangelización y Catequesis. El 20 de mayo del presente año llegó a la Basílica para incorporarse al Cabildo de Guadalupe como Canónigo.

Para él, dice, representa “un agradecimiento a Dios, a la Santísima Virgen, a mis padres, a mis superiores, a tanta gente con la que he trabajado.
“También representa una sorpresa estar aquí porque se dedica uno a trabajar en lo sacramental como es la Celebración Eucarística y las confesiones; con los sacerdotes, con los feligreses en las peregrinaciones. Todo esto es una gran riqueza y un aprendizaje. Creo que el gran aprendizaje es que los fieles me enseñan a crecer en la fe. Con los sacerdotes estoy muy contento por su gran caridad, veo que hay unidad, amor por la Iglesia, por Cristo, a la Santísima Virgen María”.

P.- ¿Qué retos le representa a su sacerdocio?

R.-Conocer la historia, la cultura, del pueblo mexicano, de tanta gente; que la evangelización llegue a todo el mundo, especialmente a América, a México. Que vayamos construyendo el Reino de Dios, la paz, la justicia, el amor, que la misericordia de Dios se derrame a todos nosotros por intercesión de la Santísima Virgen de Guadalupe. Se revela feliz, contento. “Que Dios los bendiga a todos”, concluye.





   Año V, núm. 68. Agosto de 2006.

 
 
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