M.I.
Sr. Cango.
D. Lauro Castro Medrano
Lic. Marcela Vallecillo Gómez
Comunicación Social de la INBG
La
infancia del canónigo D. Lauro Castro, cariñosamente llamado “P. Laurito”,
fue la de un niño rodeado por el amor fraternal de una familia católica.
Vivió en un seno familiar en donde el amor a Dios y a María Santísima
resultaron esenciales para su eventual decisión por el camino del
sacerdocio, vocación que fue reforzada por las palabras del P. Vicario
Luis Sánchez Flores, por aquel entonces párroco de la Iglesia de San
Felipe el Progreso, quien estimuló a aquel niño monaguillo inquieto
a continuar descubriendo el camino del Señor a través del sacerdocio.
El Padre Laurito ingresó en el seminario
menor, a la sazón ubicado en Temascalcingo; allí cursó sus estudios
básicos para el sacerdocio. Los estudios superiores los realizó en
el seminario mayor que se encuentra el Tlalpan.
El 17 de abril de 1954 recibió de manos
del siervo de Dios, Sr. Arzobispo Dn. Luis María Martínez, la consagración
sacerdotal, sacramento que desde siempre anheló.
Luego, pudo retronar junto con cuatro
compañeros más, al Seminario Menor, pero ya en calidad de Director
Espiritual. Su función allí en dicha calidad, según refiere el propio
P. Lauro, “…era la de encauzar la vocación de sacerdotes a los niños,
[…] yo tenÌa la obligación de infundir en ellos el espíritu sacerdotal”.
Así transcurrieron algunos años en
el seminario de Temascalsingo. Continuaría con la misma misión en
el seminario de Tlalpan, pero allí duraría poco, pues sería enviado
por el Sr. Arzobispo Miguel Darío Miranda y el Abad de la Basílica,
D. Guillermo Shulenburg a la Ciudad de Roma, para estudiar Espiritualidad
en la Pontificia Universidad Gregoriana. Ello ocurrió en el año de
1962, mismo en que inició el Concilio Vaticano II.
Un año después, el Sr. Arzobispo Miguel
Darío Miranda, le trae de vuelta a la Cd. de México. Mons. Francisco
Orozco, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis, ìte dir· a donde tienes
que irî, tal indicaron al P. Lauro. Él le asignó la Parroquia de Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro y San José, en la calle de Villalongín,
de esta ciudad. Allí permanecería por más de 30 años, logrando construir
el Templo Parroquial de acuerdo con las nuevas prescripciones litúrgicas
emanadas del reciente Concilio Vaticano II.
Posteriormente, el P. Laurito sería
decano del tercer Decanato de la segunda zona Pastoral de Cristo Rey.
También trabajó como Oficial de Matrimonios en la Segunda zona de
Pastoral, con el Sr. Obispo Ricardo Waty. Así mismo, fue cronista
del Segundo Sínodo del Arzobispado de México, junto con el Padre Antonio
Valdé, y junto con el Padre Alfredo Vizoso sería fue vicepostulador
en el proceso de Beatificación del Señor Luis María Martínez.
En
aquellas fechas logró editar también el boletín informativo “El Sembrador”.
En 1985, el Excmo. Sr. Cardenal Ernesto Corripio Ahumada ofrecerá
al P. Laurito ser parte del Cabildo, nombrándolo Canónigo de la Catedral,
pero lo rehusó, debido a la depresión que sufrió por el sismo. ìNo,
Sr. Cardenal, yo ahorita estoy muy enfermo; asÌ como soy yo, no me
comprometo a cumplir al cien por cientoî, Durante este periodo
de crisis para todo el país, el P. Laurito se encargó de atender sacramentalmente
a miles de enfermos del Hospital Colonia de los Ferrocarrileros. Igualmente,
colaboró para que miles de personas pudieran descansar en paz en varias
vecindades y domicilios que se vieron afectados.
El Sr. Abad Guillermo Shulenburg,
en 1993, lo manda llamar y le pregunta:
— “¿Desde cuando est·s en VillalongÌn?”,
a lo que el Padre Laurito responde:
—“¿Desde cuándo está usted en la Basílica?”
Mons. Schulenburg respondió:
“¿Desde hace treinta años?”.
Y el P. Laurito:
—“Esos mismos años llevo yo en Villalongín”.
Ante la lacónica respuesta del P. Lauro,
Mons. Schlenburg se limitó a decir:
—“Entonces no soy yo, ni Corripio quien
desea que te vengas aquí. Dios es quien te llama”.
Así, el 9 de febrero de 1994, aniversario
de la muerte del Siervo de Dios D. Luis María Martínez, pasa el P.
Lauro a formar parte del Cabildo de Guadalupe.
Ya como Canónigo
de la Basílica se dedicó en cuerpo y alma a trabajar en la Biblioteca
Lorenzo Boturini, centrando su interés en el estudio de la Sagrada
Imagen de la Virgen de Guadalupe, basado en los signos prehispánicos.

Año III, núm. 42. Junio 2004.