M.I.Sr. Cango.
Luis Felipe García Álvarez
Lic. Marcela Vallecillo Gómez
Comunicación Social de la INBG
Nació
la Ciudad de México, el tres de noviembre de 1961, siendo el sexto
hijo de siete del matrimonio integrado por el Sr. Luis Felipe García
Delgadillo y la Sra. Ma. Teresa Álvarez García.
Fue formado en un ambiente profundamente
cristiano y de arraigada devoción a Santa María de Guadalupe, cuya
presencia identifica desde pequeño y en momentos fundamentales de
su vida. “Ella me ha enseñado a vivir y a morir”, dice.
Creció guiado por figuras cristianas
como sus tíos sacerdotes, Víctor –quien trabajaba en la Secretaría
de Estado en el Vaticano – y Enrique, García Delgadillo, Misioneros
del Espíritu Santo. Su vocación nació el día de su primera comunión,
cuando tenía cinco años. Cuenta que sus dos tíos sacerdotes vinieron
de Roma y concelebraron –en las primeras concelebraciones luego
del Concilio Vaticano II –, y su tío Víctor le dijo: “Pídele a Dios
ser algo muy grande en la vida”, y pues lo más grande era mi tío,
y dije: “quiero ser como mi tío, quiero ser sacerdote”. El testimonio de otros sacerdotes aparece
en el horizonte del impulso y seguimiento de su vocación, entre
ellos del Padre Vicente Hernández y de Monseñor Diego Monroy Ponce,
cuando era seminarista, hoy Rector de la Basílica de Guadalupe.
Desde la primaria tuvo el deseo de
entrar al Seminario pero por consejo de sus padres, ingresó después
de concluir la secundaria, el 4 de noviembre de 1975, y luego de
haber permanecido un tiempo con los religiosos Apóstoles de María,
en la ciudad de Querétaro. “Entré al Seminario Conciliar de México
estando un año como externo, como seminarista en familia. Después
a los 20 años ya ingreso a Primero de Teología y al mismo tiempo
estudié la Licenciatura en Filosofía en la Universidad del Valle
de Atemajac, en Guadalajara, en sistema abierto.
“Me ordené de Diácono el 30 de marzo
de 1986 y el primero de mayo de 1987 me ordenaron presbítero a manos
del Sr. Ernesto Corripio Ahumada, en la Parroquia de María Madre
de la Iglesia. El Cardenal nos ordenó uno por uno y en las parroquias
donde estábamos ejerciendo el diaconado, porque quería promover
las vocaciones de esta manera, fueron tres generaciones a las que
nos ordenó así: 1986,1987 y 1988. Mi cantamisa fue el 10 mayo en
la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, aquí le ofrecí mi sacerdocio
a nuestra Madre”.
El primero de septiembre de 1987 fue
enviado a Roma a estudiar Liturgia en el Pontificio Instituto Litúrgico
de San Anselmo, donde permaneció tres años y medio. A los seis meses
de haber llegado, el Emmo. Sr. Cardenal Ernesto Corripio, le solicitó
hacerse cargo de la Causa de beatificación de Juan Diego, debido
a que el entonces copista Mons. José Luis Guerrero, se había accidentado
e iba a tardar en recuperarse.
“El Cardenal me ofrece quedarme como
copista, no porque yo fuera diestro, sino luego de que nadie quiso
hacerse cargo de la causa. Poco a poco me fui involucrando hasta
que terminó la beatificación, luego me ratificó el Cardenal como
copista para la canonización. Después hubo postuladores. Hay muchas
anécdotas de esto”.
P.- ¿Podría contar alguna?
R.- En Roma cuando muere el postulador
de la Causa, el Cardenal me dice que busque un postulador capaz
y fui a ver al jefe de los postuladores, el Padre Paolo Molinari.
No me interesa, me dijo, porque eso no va a salir. Yo era un chamaco,
tenía 27 años, le dije: yo creí que un intelectual primero se informaría
y después se negaría. Entonces me dijo: “si mañana no hay un resumen
de todo, no te acepto la causa”. Le doy el resumen y a la semana
me habló y me dijo: “necesito toda la Causa, yo me hago cargo”.
Y él fue el que sacó la Causa. Vamos, vi muchas conversiones.
Algún día escribiré mis memorias de
esto. Pero cuando yo empecé a estudiar esto dije: si yo no me convenzo
y soy el primero convencido, no defenderé la Causa y me opondré
a ella, lo cual no sucedió porque yo fui el primero que fui convencido
de lo que estaba defendiendo.
P.- A propósito de que viene el cuarto
aniversario de la Canonización de San Juan Diego, cuéntenos, ¿quiénes
participaron en todo el proceso?
R.- Yo quiero insistir en que la Causa
es de la Virgen y nos ha llamado a varios durante años. La Causa
la abrió Lorenzo Boturini, él no tenía potestad para hacerlo pero
la introdujo en 1666. Después se retoma estando el Sr. Corripio,
hay unos 80 peritos (historiadores, antropólogos, geógrafos, entre
otros), luego hay copistas, Mons. José Luis Guerrero y yo; vicepostuladores:
Enrique Salazar y Mons. José Luis Guerrero, el vicepostulador adjunto,
Fidel González, y postuladores, un padre franciscano, luego Paolo
Molinari, Oscar Barba y Eduardo Chávez, en ese orden.
Pero hay mucho aún por seguir estudiando,
la lengua de entonces, la compostura del Ayate, porque fue evolucionando,
los orígenes de San Juan Diego. Cuando regresó a México en enero
de 1992, fue nombrado Vicario de la Capilla de San Jerónimo Lídice;
ocho meses después, Párroco de la Iglesia de Santa Crucita Acatlán
(IV Vicaría), donde sirvió once años. Al mismo tiempo le solicitaron
como Maestro de ceremonias de la Catedral (hoy vitalicio). A fines
de 1995, el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera, le nombra Maestro
de Ceremonias Mayor de la Arquidiócesis de México.
P.- ¿En materia litúrgica que iniciativas
implementó en la Arquidiócesis?
R.- Una de mis propuestas fue sacar al
Santísimo Sacramento a la Calle, lo cual no se había hecho desde
1926. Fue en 1996 y hoy se continúa haciendo. Otra de las cosas,
fue cantar el Himno Nacional en la Catedral y hacer honores a la
Bandera.
P.- ¿Qué lo motivó a sacar el Santísimo
a las calles?
R.- Que Cristo conquiste la ciudad. El
salir a la calle significa que somos de Cristo, que no somos cristianos
sólo de Iglesia sino también en las calles y en la ciudad. En el
año 2003 fue nombrado Párroco de Jesús del Monte en Cuajimalpa,
cargo que ejerció hasta junio de 2005, cuando es nombrado Administrador
Parroquial de la Sede Litúrgica de la segunda Vicaria, Parroquia
de San Miguel Chapultepec, hasta mayo de 2006, cuando es nombrado
Canónigo.
P.- ¿Qué pensó al recibir el nombramiento
de canónigo?
R.- Sentí alegría, miedo y me sorprendió
porque tenía otra información. Yo nunca había pensado ser canónigo
de la Basílica, mi trabajo se había desarrollado en la Catedral,
una Iglesia a la que amo, por la que entregué parte de mi vida y
la defendí como parte del patrimonio de la Arquidiócesis y por lo
que es. Y, por qué no decirlo, soñé con ser canónigo de la Catedral.
Y dije: Señor, nunca había pensado
ser canónigo de la Basílica y servir a mi Madre es un privilegio
que nunca he buscado. Si lo acepto. Si lo hubiera buscado, a la
mejor no lo acepto porque entraría con mis fuerzas. Si Dios me llama
es porque a pesar de mi debilidades El me quiere dar la fuerza,
su fuerza.
P.- ¿Qué retos le representa?
R.- El primero es dar a conocer a nuestra
Madre, a la Madre del Verdadero Dios por quien se vive y Ella nos
dará a conocer al Verdadero Dios. A mejor yo tengo que ser simplemente
una viga que sostiene el puente. Juan Diego la sirvió 17 años, y
su trabajo era sentarse con su pueblo, hoy me toca sentarme en medio
del pueblo y hablarle de Ella, de su amor, y animarlo a vivir con
nuestra identidad y a defenderla. Dios me llama aquí, mi Madre me
escogió hoy, soy cola, soy escalera –las palabras de Juan Diego.
Como le dije al Sr. Cardenal el día que nos nombró: la Virgen envió
a Juan Diego al obispo. Hoy el obispo nos envía a nosotros a la
Virgen. Espero ser aquel mensajero
como Juan Diego, un fiel mensajero.

Año V, núm. 67. Julio de 2006.