M.I.
Sr. Cango.
Edmundo Ortega Tirado
Elliher Hernández
Comunicación Social de la INBG
Muchos
lo conocen..., y no es para menos, si ocupó durante muchos años el
cargo de Canónigo Penitenciario de la Basílica de Guadalupe. Al preguntarle
sobre su infancia, Mons. Edmundo permanece callado… pensativo, como
intentando no regresar a ese capítulo en su vida...
«Mis padres se casaron en 1914; habían
matado a un tío mío que era jefe político en Chalco. Llegaron los
zapatistas del sur de Morelos e hicieron una matanza terrible de gente
buena que era trabajadora, por lo que mis padres tuvieron que salir
a Estados Unidos. No con la pretensión de quedarse como ciudadanos
americanos, sino de regresar a México en la primera oportunidad que
hubiese, pues mi padre quería educarnos aquí. Si había huido no era
por falta de trabajo, sino porque la persecución era constante. Los
que más sufrían era la población civil; el que andaba armado tenía
como defenderse; no así la población humilde… los que vendían maíz
y frijol acá en México los correteaban. Mi padre tenía 32 años cuando
se casó y mi madre apenas 16, cuando llegamos a México venían tras
de nosotros y mi papá le decía al de la volanta Mira fulano de tal,
si nos alcanzan, yo mato a la señora y después me doy un balazo… y
tú sabes lo que haces… —porque hacían horrores con las damas. Ustedes
no conciben lo que fue la revolución mexicana, que fue una subversión
total, con perdida de todos los valores humanos. Si le veían a usted
cara de carrancista era porque era carrancista. Así mataron a mi tío
Pepe, le vieron cara de carrancista... y llegaron los zapatistas un
15 de septiembre… delante de su esposa, con los niños… lo mataron
a sangre fría, igual que a mi tío Pedro Ortega. »
La adolescencia
Monseñor llega a los 6 años a la capital,
y a su vez la calma con Emilio Portes Gil, quien rehace relaciones
con los obispos después de la persecución religiosa de Calles y Obregón.
Es así como ingresa a la primaria en 1932, en medio de un cambio sociocultural
y político. En 1939 ingresa a la secundaria dentro de un ambiente
fuertemente anticlerical:
«Cuando llegaba a mi casa, traía las
ideas que los profesores nos decían y yo se las repetía a mi madre:
“los curas son ricos y el Vaticano tiene toda la riqueza del mundo”
...Imagínese, mi madre se asustaba y decía: — “¿Qué pasa con mi hijo…
como dice eso?” Solución: — “¡te vas a la preparatoria con los hermanos
Maristas!”. Con ellos aprendí el catecismo y resolví las dudas de
un adolescente».
En 1942, ingresa a la preparatoria
en el Colegio Francés, en donde lleva a cabo su conversión. En 1944,
ingresa por voluntad de su padre a la Escuela Médico Militar, donde
permanece durante 5 años hasta que cumple la mayoría de edad y puede
decidir el rumbo que tome su vida.
El
seminario
Durante este tiempo nunca desistió
de la idea de entrar al seminario. Es la señorita Josefina Belloc
y su hermano Guillermo quienes lo ayudan.
«En el quinto año de la carrera estaba
de prácticas y me iba al Hospital Militar. De allí corría a la Secretaría
de la Defensa Nacional, donde le decían al muchacho ingenuo de 20
años que era: “es muy difícil dejar la milicia porque usted firmó
un contrato para que después de que se titule sirva al ejercito por
5 años”. A pesar de esto, logré hablar con el Secretario de la Defensa,
el señor Gilberto R. Limón, quien entendió mi situación y da el permiso
para que me retire.
Yo dejé todas mis insignias, mis trajes
sólo me quede con uno: el de gala, que aún conservo. Al director de
la escuela le deje un recado donde decÌa que dejaba la carrera para
ingresar al seminario y terminar mis estudios. De esa manera, pagarÌa
a México el bien que me habÌan hecho de dejar la carrera en el quinto
año»
La trayectoria
Es así como Monseñor Edmundo parte
de su casa en 1948 para ingresar al Seminario Conciliar de México.
En 1952 viaja a Roma para continuar sus estudios de Teología en la
Universidad Gregoriana . Y por fin, en 1954, es ordenado sacerdote.
Durante su vida ha fungido como Capellán,
como Vicerector del Seminario Mayor y Menor, como Defensor del Vinculo
Sagrado, como Provicario de religiosas. Asimismo, ha sido Juez del
Tribunal Eclesiástico, Canciller de la IV Zona de Pastoral de la Arquidiócesis
de México. En 1983 es promovido para ocupar la canonjía con el oficio
de Penitenciario Vacante en la Basílica de Guadalupe. Luego, fue designado
Delegado Episcopal adjunto en el proceso de Canonización del Siervo
de Dios Luis María Martínez, Arzobispo Primado de México y Asesor
Eclesiástico de la Archicofradía Universal de Sta. María de Guadalupe.
Sus cargos han sido diversos, pero
al preguntarle cuál de ellos ha disfrutado más, Monseñor sonríe y
responde:
«Se va a reír de mí cuando le diga…
estuve diez años en el seminario. Fui vicerector dos años..., pero
el cargo que más disfruté fue el de Provicario de religiosas… porque
estaba viviendo una vida religiosa total…».
Así vive en efecto Monseñor Edmundo,
y así lo describen quienes lo conocen: “una persona humilde, sencilla,
respetuosa, callada…es un gran hombre… es un hombre de Dios”.

Año III, núm. 40. Abril 2004.