M.I.
Sr. Cango.
Mario Carrasco González
Alfonso Sánchez
Comunicación Social de la INBG
“Eres
un fracasado y los fracasados nunca perseveran”, “tu no eres para el caso”, palabras como estas fueron
las que recibió el Padre Mario Carrasco cuando decidió ingresar al
seminario para consagrarse en lo que él más anhelaba, ser sacerdote.
Si se pudiera ejemplificar el amor
al sacramento del sacerdocio, solamente una persona nos podría explicar
lo que realmente es amar con toada su mente con toda su fuerza y
con todo su corazón este sagrado ministerio.
Nacido en el seno de una familia católica
e inspirado en seguir el camino ejemplar de sus hermanas mayores
que ya eran religiosas, más las palabras de aliento que los sacerdotes
de su parroquia pronunciaban, el Padre. Mario Carrasco decidió en
1942 ingresar al seminario de los Misioneros del Espíritu Santo (Anteriormente
llamada Escuela Apostólica) estudiando 4 años de humanidad, que le
servirían de base para dar el siguiente paso al noviciado. Dos años
más tarde cuando tenían que dar sus primeros votos, el Superior
general del seminario le dijo que él no serviría a para esto, “Tu
no sirves para el caso, así es que te sales”
Con una tristeza profunda por no poder
seguir estudiando en el seminario, pero con las ganas de seguir el
camino del Señor, el Padre Mario decide intentar estudiar en alguna
Orden como la de los Jesuitas o Pasionistas no obteniendo buenos resultados
y siendo rechazado por ambas Ordenes.
Aconsejado por los Misioneros del Espíritu
Santo que visitara al Obispo de Xalapa para que siguiera sus estudios
en aquella Ciudad, se dirigió para entrevistarse directamente con
Mons. Pío López y pedirle fuera recibido en el Seminario y poder
seguir el camino a Cristo. Una vez entrevistado con el Obispo su
sorpresa fue aún más grande cuando fue negada nuevamente su petición
“Tú no sirves para el caso”
Regresa a la Ciudad de México con el
corazón destrozado pero con ganas reforzadas de seguir a Cristo cueste
lo que cueste. Es así, que se encuentra con Ignacio Martínez, quien
fue su compañero en el seminario de los Misioneros del Espíritu Santo
y le propone que él hablaría con el Sr. Arzobispo Dr. Don Luis María
Martínez para explicarle su situación y ayudarlo entrar al Seminario
Conciliar de México. Una vez realizado el favor de su amigo, el Padre
Mario Carrasco se presenta en el Seminario y se entrevista con al
Padre Luis Gómez, que en aquel tiempo era el Rector del Seminario.
Ya entrevistándose con el Rector, el Padre Mario recibe una vez más
la negación para seguir estudiando “Mira Mario, aunque vengas con
recomendación del Sr. Arzobispo, aquí el que manda soy yo y no él,
así es que no te quedas y no te recibo”.
Desesperado el Padre Mario recurre
nuevamente con su amigo Ignacio Martínez para comentarle lo sucedido
y para pedirle que le ayudara para entrar al Seminario. Su amigo
recurre al Sr. Arzobispo y éste último es quien directamente se comunica
con el Recto r del Seminario y le pide que acepte al Padre Mario.
Contra su voluntad el Padre Rector
no le queda más que aceptar al Padre Mario, y fue el 1° de Diciembre
de 1947 que el Padre Mario se instala en el Seminario Conciliar
de México. Todo pareciera que los problemas se han acabado y que
el Padre Mario empezaría a realizar uno de sus más grandes sueños.
El
Padre Mario nunca se imaginaría que el Padre Sergio Méndez Arceo
quien fungía como Padre Espiritual, le negara una vez más el acceso
al seminario ya que el Padre Mario provenía de la congregación de
los Misioneros del Espíritu Santo. “Aquí el que manda soy yo, ni
el Rector del Seminario y ni el Sr. Arzobispo mandan, así es que tú
no te quedas y te vas”.
Finalmente el Padre Mario encontró
refugio en el Sacerdote responsable de los estudiantes en filosofía,
el Padre José Concepción Hernández, que era mejor conocido como el
Padre Chon fue quien le dio cobijo y ayuda espiritual para que siguiera
en sus estudios.
El Padre Mario rápidamente se ganó
la confianza de sus compañeros y profesores, ya que demostraba aptitudes
para el estudio y para el deporte; así fue que rápidamente fue subiendo
de grados y el 17 de Abril de 1953 fue ordenado Diácono. Justamente
un año más tarde el 17 de Abril de 1954, en la noche de Sábado Santo
recibió el Sacerdocio de manos del Excmo. Sr. Arzobispo Dn. Luis
María Martínez. Con alegría comenzó su servicio Sacerdotal
en la Parroquia de Sn. Miguel Arcángel (Centro), después en Nuestra
Señora de los Hospitales, Col. Doctores, los días domingos. En diciembre
de 1954 fue nombrado Vicario Cooperador de la Parroquia de San Cosme
hasta fines de 1958. para después estar en la Parroquia de San José
y Ntra. Señora del Sagrado Corazón, Col Centro. En 1960, lo cambiaron
a la Parroquia de Ntra. Señora de Fátima, Col Pro-Hogar.
Después de permanecer siete años como
sacerdote diocesano, en 1961 el Padre Mario decide nuevamente entrar
a la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo; diversas
fueron las causas que lo orillaron a cambiar. Durante el transcurso
de los nueve años que permaneció con los misioneros, se hizo cargo
de la Parroquia de Santa Cruz, col. Jardines del Pedregal, porque
en 1970 nuevamente sale de la Congregación de los Misioneros y es
Incardinado y recibido por el Sr. Arzobispo Dn. Miguel Darío Miranda
y Gómez, nombrándolo Párroco de San Bartolomé Apóstol, Col Lindavista.
Apostolado parroquial que duró 24 años, ya que el 9 de febrero de
1994 fue promovido para ser Canónigo de la Basílica de Santa María
de Guadalupe, desde entonces está al servicio de María Santísima
a quien le ha pedido su auxilio y protección durante este largo peregrinar,
que no ha sido nada fácil.

Año III, núm. 41. Mayo 2004.