Emmo.
Sr. Cardenal Norberto
Rivera Carrera: Lumen Gentium
Lic. Marcela Vallecillo Gómez
Comunicación Social de la INBG
Es
el Trigésimo Cuarto sucesor del Obispo Fray Juan de Zumárraga. Recibió
la imposición del Palio Arzobispal, el 29 de junio de 1995, por S.S.
Juan Pablo II, en la Basílica de San Pedro. Tomó posesión como Arzobispo
Primado de México el 26 de julio del mismo año, en la Catedral Metropolitana,
encomendando su nueva tarea a Santa María de Guadalupe en la Insigne
y Nacional Basílica de Guadalupe.
Fue preconizado Cardenal de la Santa
Iglesia el 18 de enero de 1998 y el 21 de febrero recibió el Capelo
cardenalicio en el Consistorio del 21 de febrero de 1998.
Es originario de La Purísima, Municipio
de Tepehuanes, estado de Durango. Nació el 6 de junio del año 1942,
de una familia humilde y de profunda piedad, integrada por el Señor
Ramón Rivera Cháidez y Doña Soledad Carrera y sus hijos Javier, Margarita
y Hermila, quien es religiosa.
Siendo casi un niño, ingresó al Seminario
Diocesano de Durango y posteriormente realizó estudios de Teología
Dogmática en la Pontifica Universidad Gregoriana, donde obtuvo la
Licenciatura. El tres de julio de 1966 fue ordenado sacerdote a manos
de S.S. el Papa Pablo VI.
Sus primeros servicios en su ministerio
sacerdotal fueron en la Arquidiócesis de Durango, donde permaneció
hasta mediados de los años 80’s, fungiendo como: Vicario Cooperador
de la Parroquia de Río Grande, en Zacatecas; Profesor de Teología
Dogmática, Sagrada Escritura, Teología Pastoral y Espiritual y Prefecto
de Disciplina, en el Seminario Diocesano. También fue Asesor Diocesano
de jóvenes en Acción Católica de la Juventud Mexicana y el Movimiento
de Jornadas de Vida Cristiana, así como pastor de familias en el Movimiento
Familiar Cristiano; Coordinador del Consejo Presbiteral, del que fue
miembro desde que fue constituido; Secretario de la Comisión Arquidiocesana
de Pastoral. Asimismo, fue Responsable de Medios de Comunicación Social
y del boletín local; Vicario y encargado de la construcción de la
Parroquia de Santa Rosa de Lima y del templo de María Auxiliadora;
Canónigo lectoral de la Catedral de Durango.
También
se desempeñó como Profesor de Eclesiología de la Universidad Pontificia
desde su reapertura (1982-1985), y como Secretario Ejecutivo del Departamento
de Pastoral Familiar de la Comisión Episcopal para el Apostolado de
los Laicos.
El cinco de noviembre de 1985 fue nombrado
Obispo de la Diócesis de Tehuacan, siendo consagrado el 21 de diciembre
de ese año. Dentro la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) le
han sido confiados los cargos de: Presidente de la Comisión Episcopal
de Pastoral familiar (durante dos trienios: 1988-1994), Representante
de la Región Pastoral Oriente (dos durante dos trienios, 1988-1994);
Visitador Apostólico de los Seminarios Diocesanos e Institutos Religiosos;
miembro del Consejo Superior, Vice-Gran Canciller y Gran Canciller
(actualmente) en la Universidad Pontificia de México; Presidente de
la Comisión de Cultura; Participante en la Asamblea Especial para
América del Sínodo de los Obispos, efectuado en Ciudad del Vaticano
(16 de noviembre-12 de diciembre de 1997), reunión de donde surgiría
la Exhortación Apostólica Eclessia in America del Papa Juan
Pablo II (1999).
En el Consejo Episcopal Latinoamericano
funge actualmente Presidente de la Comisión Episcopal de Cultura para
el trienio 2004-2006.
En la Curia Romana, siendo arzobispo,
fue nombrado consejero de la Sagrada Congregación para el Culto Divino
y Disciplina de los Sacramentos, de la Pontificia Comisión para América
Latina y del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la
Familia.
En su función de Cardenal y cercano
colaborador del Santo Padre, recibió la titularidad de la Iglesia
de San Francisco de Asís Ad Ripam Maiorem, en Roma, y participa
como miembro de las instancias pontificias antes mencionadas, así
como de la Congregación para el Clero y del Sínodo Permanente de
los Obispos. Recientemente, participó en el Cónclave donde se eligió
al Papa Benedicto XVI, sucesor de S.S. Juan Pablo II.
Entre otras actividades actuales, también
colabora como Presidente del Consejo Interreligioso de México, del
Consejo Ecuménico de México, y es miembro del Consejo Ejecutivo del
Centro Histórico de la Ciudad de México.
Son múltiples los servicios que ha desempeñado
a partir de su sacerdocio. Su perfil es descrito como el de un hombre
de realizaciones concretas, franco y de diálogo, cercano a los feligreses
y preocupado por los sectores marginados y la cultura contemporánea;
conservador en lo referente a la vida, liberal en cuestiones sociales,
con un claro sentido ecuménico.
En la Arquidiócesis de México implementó
una reestructuración pastoral y organizativa y un gobierno colegiado
con los obispos auxiliares a través del Consejo Episcopal.
Una de sus mayores preocupaciones ha
sido las vocaciones y la problemática sacerdotal, favoreciendo varias
iniciativas para la seguridad social del clero.
Por otra parte, consciente de la responsabilidad
de la Iglesia ante los medios de comunicación, ha dado una nueva y
amplia estructura a la oficina de comunicación arquidiocesana y mantiene
contacto frecuente con los reporteros de la fuente religiosa.
En
breve entrevista, el Emmo. Señor Cardenal nos habla sobre su vocación
y el proyecto pastoral de la Arquidiócesis de México.
P.- Son casi cuarenta años de ordenado
sacerdote, veinte como obispo, diez de arzobispo, y siete de Cardenal.
¿Qué ha representado para usted asumir todas estas responsabilidades?
R.- En todo momento
yo he querido seguir la voluntad de Dios. Jamás me imaginé que Él
me iba a llevar por estos caminos. Yo, simple y sencillamente, en
el periodo de mi formación, soñaba con ser un sacerdote, ahí en nuestros
pueblos de Durango.
P.-¿Cómo describiría su trayectoria?
R.- Es toda una aventura
y una aventura de la fe. La aventura de aquel que dice “sí” y después
tiene que seguir ese camino que el Señor le marca.
P.-¿Cuáles herramientas le han permitido
enfrentar sus responsabilidades?
R.- Lo fundamental,
y creo que ha sido la base para poder dar una respuesta en mi vida,
es que el Señor me concedió nacer y desarrollarme en una familia en
donde desde mi primera infancia experimenté el amor, el aprecio, el
reconocimiento. Y eso, para tu servidor, ha significado la base para
poder entregarse a los demás, para poder ofrecer también la vida como
muchas otras personas supieron ofrecerla por mí.
P.- Una pregunta obligada para esta sección
del boletín es ¿cómo reconoció su vocación?
R.- El Señor, como
en otras tantas vocaciones, se manifiesta de una manera ordinaria,
a través de los acontecimientos, a través de una invitación de un
compañero, a través de una palabra de un sacerdote que no solamente
llama con palabras sino con su ejemplo, a través de una comunidad
que alienta a vivir determinados valores. Y el Señor se va manifestando
poco a poco y es cuando uno siente la urgencia de poder responder
al Señor y responder con generosidad.
P.-¿Aproximadamente qué edad tenía?
R.- El llamado del
Señor lo sentí desde mi primera infancia y las respuestas fueron graduales.
Puedo decir que a los once años, ante la oportunidad de ir a estudiar
con el Señor Cura en una escuela apostólica, fue una respuesta. Cuando
el Señor me llama posteriormente a los doce años a un seminario, voy
al seminario con gusto. Cuando estoy prestando mi servicio militar
y con ayuda de mi Padre espiritual..., puedo decir que ahí hay otro
momento definitivo en mi vida; di una respuesta. Cuando se me invita
a estudiar Teología en Roma, ahí también me cuestiono: ¿de verdad
quiero este camino?, ¿de verdad quiero responderle al Señor por esta
vía?
Y así, en cada momento, la vocación
no es algo del pasado, es algo que se da continuamente y la respuesta
también es algo que se debe dar continuamente. No puedo decir que
yo respondí desde mi primera infancia, no. Las respuestas se han dado
en distintas épocas, para distintos oficios, para distintos quehaceres.
P.- Pasando al aspecto pastoral,
¿cómo ha caminado el proyecto que impulsó a su llegada a la Arquidiócesis?
R.- Soy heredero aquí
de un trabajo pastoral que se fue realizando por siglos. Aquí, en
esta Arquidiócesis, concretamente llego cuando se da una fe y una
fe inculturada. Los primeros misioneros, los primeros religiosos,
dejaron una semilla que aún sigue fructificando. Tu servidor llega
ya en el contexto inmediato, después de que se celebró un Sínodo (1992-1993),
donde se habían señalado ya prioridades, urgencias, caminos concretos
para la evangelización de esta gran ciudad. A tu servidor le tocó
echar porras, aplaudir, llamar colaboradores para que eso que se había
programado se fuera realizando.
Sin embargo, lo que se celebró hace
doce años ha cambiado, y por eso cada año el obispo necesita presentar
de nuevo cosas concretas que se deben realizar en esta Arquidiócesis.
La Iglesia no puede vivir con decisiones del pasado, debe estar atenta
todos los días a la voz del Señor.
P.- ¿Podría mencionar cuáles son los
logros más notables de estos diez años?
R.- Los logros evidentemente
son del Señor, Él es el que nos mueve, Él es el que va eligiendo a
las personas y uno es instrumento. Hay muchísimos logros que se han
dado, pero no es por un trabajo de tu servidor sino porque ha habido
personas que han dado frutos en esos campos. Podría señalar por ejemplo
en lo vocacional. En estos diez años hemos crecido al menos un 100
por ciento en cuanto a ordenaciones sacerdotales.
Podríamos señalar que ha habido mejor
atención a los sacerdotes, no porque tu servidor pueda dar ese servicio,
sino porque ha habido obispos auxiliares que han sabido dar seguimiento,
dar acompañamiento a los sacerdotes.
Ha habido obras materiales muy significativas:
aquí en le recinto guadalupano, en el Sagrario, en la Catedral, en
otros muchos templos porque ahí ha habido personas que han sabido
impulsar no solamente esa obra material, sino a personas que puedan
contribuir para que aquello se dé.
P.- ¿Qué resultados se han derivado
de la reorganización que se implementó?
R.- Creo que los frutos
son abundantes. Estamos muy agradecidos con el Señor porque ha hecho
fructificar el esfuerzo, el trabajo de tantas personas que han sabido
comprometerse, tanto en lo pastoral como con las obras materiales,
como en la incursión de nuevos campos de evangelización.
Se le ve satisfecho y ecuánime, lo
vemos lejano, en apariencia, quizá por sus altos cargos. Pero en la
charla se le percibe sencillo, cercano, simplemente sacerdote, con
una enorme misión: guiar una de las zonas pastorales más grandes del
mundo. Una misión que no se puede emprender solo, sino con la comunidad
como lo ha señalado en su Carta Pastoral sobre la Canonización de
Juan Diego (2002) donde, además, refleja el anhelo de la misión que
le mueve: “Necesitamos de la participación de todos para hacer realidad
la construcción del ‘templo’ que pidió Santa María de Guadalupe, a
saber, el templo de nuestra ciudad, de nuestra nación, de otras naciones.
“Se trata de alcanzar una identidad
que parta de nuestras conciencias, se construya en medio de nuestras
familias, para que desde ahí sea proclamado el mensaje de nueva vida
en Dios, que nuestra Señora de Guadalupe ha hecho florecer para el
mundo entero.
”Querido Juan Diego: muéstranos dónde
quiere la Reina del Cielo que le edifiquemos su templo; en qué corazón,
en qué alma, en qué espíritu debemos ayudar para que se construya
la fe, la esperanza, el amor. Queremos asociarnos para que el pincel
del Espíritu de Dios siga dibujando el rostro mestizo y moreno de
cada habitante de esta ciudad, rostro donde resida y crezca el amor”.

Año IV, núm. 55. Julio 2005.