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M.I. Sr. Cango. José Álvarez Barrón,
Canónigo Honorario



Lic. Marcela Vallecillo Gómez

Comunicación Social de la INBG

Nació el 17 de marzo de 1922, en Cortázar, Guanajuato. Es el cuarto hijo de siete del matrimonio formado por Wenceslao Álvarez Ruaro y Ma. de los Ángeles Barrón Martínez. Ingresó al Seminario Conciliar de México el 7 de enero de 1935, a los 12 años y se ordenó sacerdote en 1946, en Seminario Montezuma, Nuevo México.

A lo largo de sus 58 años de vida sacerdotal, Mons. José Álvarez Barrón ha guiado a cientos de fieles y sacerdotes, desarrollando muy diversas funciones. De 1946-1952 funge como Prefecto y Profesor del Seminario Menor de Temascalcingo, Hidalgo. De 1951-1962, colabora en el inicio del Seminario de Toluca, ubicado en Valle de Bravo, Estado de México. De 1962-1963, es Párroco en la Parroquia de Santo Niño de la Paz, calle de Praga, Col. Cuauhtémoc, D.F.

De 1964 a 1972, Rector del Seminario Conciliar de México. En mayo de 1965 es nombrado Canónigo Honorario de la Catedral Metropolitana. De 1972-1980, funge como Gerente y Delegado Episcopal de la 5ta. Zona Pastoral de la Arquidiócesis de México. En 1982, le nombran Prelado de Honor de S.S. Juan Pablo II. A partir de 1979 y hasta 1989, es nombrado Delegado para las Causas de Canonización de la Arquidiócesis de México.

En 1998, es nombrado Canónigo Emérito de la Catedral Metropolitana de México y a partir de diciembre de ese año Canónigo Honorario de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe. En entrevista, nos habla de su vocación sacerdotal y de su experiencia.

P.- ¿Qué lo hizo decidirse por el sacerdocio siendo casi un niño?
R.- No lo sé. Me imagino que porque en la casa de mis abuelos maternos tenían un oratorio particular y con mucha frecuencia había misa y me ponían a ayudar. El padre Fray Bienvenido Sánchez estuvo yendo muchos años. Después, el señor cura de Cortázar nos empezó a preparar para entrar al Seminario y ya nos hablaba de la vocación sacerdotal. Éramos cinco acólitos, los cinco entramos al seminario y nos ordenamos dos. No hubo cosa especial que me hiciera pensar en ser sacerdote, fue algo como... natural.

P.- ¿Tuvo alguna duda de su vocación al sacerdocio?
R.- Nunca, nunca tuve dudas.

P.- ¿Cómo ha vivido su sacerdocio?
R.- Meditando, dándome cuenta, siendo consciente de lo que soy y de lo que debo ser como sacerdote.

P.- ¿El deber ser marca un camino a la felicidad?
R.- Yo creo que sí, pues se ve realizado lo que uno deseaba.

P.- ¿Por qué ahora hay menos vocaciones?
R.- Por el ambiente que nos rodea, de fiestas y materialismo, sólo se piensa en el dinero.

P.- ¿Qué hacer ante esta situación que viven los jóvenes para que tengan la posibilidad de reconocer una posible vocación al sacerdocio?
R.- Trabajar mucho en la promoción de las vocaciones sacerdotales, porque ahora no se oye hablar de vocaciones y hace años se hablaba mucho. Había una revista... y además dos o tres sacerdotes estaban encargados de ir (a hacer promoción) a los colegios. Se visitaban muchos colegios.

P.- Es decir, ¿para reconocer una vocación es necesario que alguien le ayude?
R.- Sí, que le ayude; no significa que salga de quien está acompañando esa vocación, sino que le ayude.

P.- ¿Qué recomendaría a los sacerdotes recién ordenados?
R.- Que sean fieles a su vocación, si pidieron la ordenación sacerdotal fue para cumplir con esa vocación no para estudiar leyes o alguna otra cosa.

P.- ¿Las nuevas realidades no estarían demandando que además del sacerdocio estudien otras disciplinas?
R.- ¡Somos tan limitados! Por ejemplo, si alguien quiere ser médico y escoge la carrera de dentista, ¿cuántas especialidades hay? –endodoncia, ortodoncia, etc.– ...dentro de la misma materia se ven tantas limitaciones y por eso hay tantas especialidades! Ahora, el sacerdocio es mucho más importante porque no es cuestión de estar por horas, la gente lo busca a uno por todos lados, ¡cómo sufre la gente para encontrar sacerdotes!

P.- ¿El hecho de que un sacerdote se dedique a estas disciplinas significa que le resta tiempo al servicio del sacerdocio?
R.- Somos tan pocos los sacerdotes en relación con los fieles que hay que atender... ¿y aún así no dar todo el tiempo al sacerdocio? Los sacerdotes y los laicos tienen sus áreas propias. Los laicos tienen como finalidad la consagración del mundo a Dios en los negocios, en su trabajo, en su profesión y en todo lo demás. Pero también se necesita más formación del laico para que ejerza ese sacerdocio que también tiene.

P.- ¿Cuándo lo nombraron canónigo?
R.- Tenía 26 años en la parroquia de nuestra Sra. de la Piedad y al cumplir los 75 años presenté mi renuncia. Esperé quince meses para que me la aceptaran y busqué donde poder estar. Vine aquí a la casa sacerdotal, con el entonces rector. Me dijeron: “le vamos a preguntar a los padres de la casa en la reunión de Cabildo Clero si están de acuerdo. Una  vez que me admitieron todos, llegué. El nombramiento me vino después. El señor Cardenal (Emmo. Sr. Norberto Rivera) me dijo: “Te voy a nombrar Canónigo Honorario, quiero que participes como los demás canónigos”.

Al hablar sobre las múltiples funciones de responsabilidad que ha desempeñado por más de 50 años Mons. José Álvarez Barrón destaca que la autoridad debe vivirse como un servicio y no como una dictadura, eso recomienda, “nunca hay que perderlo de vista”.



   Año III, núm. 48. Diciembre
2004.

 
 
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