M.I.
Sr. Cango.
Manuel Hernández Arias
Lic. Marcela Vallecillo Gómez
Comunicación Social de la INBG
Nació
en Valle de Bravo, estado de México, el 31 de mayo de 1931. En 1944
ingresó al Seminario Menor de Temascalcingo, estado de México y posteriormente
lo enviaron a los Estados Unidos para estudiar la Filosofía y
la Teología en el Montezuma Seminary en Nuevo México.
En este seminario interdiosesano complementaron sus estudios varias generaciones
de sacerdotes mexicanos, gracias al esfuerzo conjunto de las jerarquías
de la Iglesia Católica mexicana y estadounidense por dicha formación
eclesiástica, en un período crítico de la historia de la Iglesia de
nuestro país.
Los planes de estudio del Montezuma
Seminary estuvieron cimentados en los de la Universidad Gregoriana
de Roma y de las principales universidades europeas. Los jóvenes sacerdotes
ahì formados, llevaban un estilo de vida austero, sobrio y de cooperación,
en un ambiente de piedad, entusiasmo y con una sólida espiritualidad
bajo la mirada de Ntra. Sra. de Guadalupe, patrona principal del Seminario,
en medio de una naturaleza recia con acantilados y serranías, donde
se encontraba enclavado el seminario. Al egresar, los sacerdotes inyectaron
vitalidad a nuestra Iglesia, desangrada por las persecuciones durante
las primeras décadas del siglo XX.
Manuel Hernández,
fue ordenado presbítero el 18 de marzo de 1956, por imposición de
manos del Excmo. Sr. Francisco Orozco L., y en los inicios de su
intenso servicio pastoral, se desempeñó como Vicario en la Parroquia
de Temascalcingo, estado de México, y más tarde, en el Distrito Federal,
en las parroquias de Ntra. Señora de San Juan de los Lagos, la Inmaculada
Concepción Tequipehuca y El Sagrario. Después trabajó como párroco
en las parroquias de Santo Niño de la Paz y Ntra. Señora del Sagrado
Corazón. En julio de 1999 fue nombrado canónigo de la Insigne y Nacional
Basílica de Guadalupe, por el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera
Carrera.
Para él la vocación sacerdotal es un
don de Dios alimentado en la familia:
“Creo que la vocación sacerdotal es
un don de Dios. Recuerdo en estos momentos un pensamiento de un hombre
sabio: ‘el camino de los hombres son las madres’. "Cuando en
la familia existe una madre cristiana y santa, fácilmente concede
Dios una o dos vocaciones sacerdotales y religosas. Muchos sacerdotes
llegamos a esta vocación porque nuestra madre nos entregó desde niños
al Señor. Como la madre del profeta Samuel”

Año III, núm. 44. Agosto 2004.