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Pbro. Miguel Ángel Vazquez Sánchez
Capellán de Coro. Maestro de Ceremonias



Lic. Marcela Vallecillo Gómez

Comunicación Social de la INBG

Nació el 1 de agosto de 1966 en la Ciudad de México, siendo el segundo de cinco hijos, del matrimonio formado por el Señor Alberto Vázquez Velasco y la Señora Guadalupe Sánchez de la Cuesta.

Ingresó al Instituto de Formación Sacerdotal de la Arquidiócesis de México en 1987 y en 1995 (09 de junio) fue ordenado diácono en la Basílica de Guadalupe por el Emmo. Sr. Cardenal Ernesto Corripio Ahumada.

Durante un año ejerció este ministerio en la Parroquia de San Agustín en Tlalpan, y el 15 de junio de 1996 recibió la ordenación Presbiteral en la Basílica de Guadalupe, a manos del Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, en el primer grupo ordenado por el Arzobispo actual.

De 1996 a 1998 estudió la Licenciatura en Teología Dogmática en la Universidad Pontificia de México.
Siendo seminarista, llegó a ser el Primer Ceremoniero; desde sus primeros estudios eclesiásticos se interesó en la Liturgia y cuando cursaba el tercer año de Filosofía, el entonces Rector del Seminario Pbro. Dr. Enrique Gleniee, le encomendó hacerse cargo de la llamada Escuela de Ceremonieros, servicio que dio hasta finalizar sus estudios de Teología. Después de ordenado, fue asignado a asistir al Emmo. Sr. Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, en las diversas celebraciones que tenía a su cargo, pues la salud del ex arzobispo se deterioraba. Sin embargo este proyecto no prosperó y fue asignado Vicario en la Parroquia Santos Cosme y Damián.

Posteriormente ejerció su ministerio también como Vicario en la Parroquia Santo Niño de la Paz, donde permaneció año y medio, y en la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y San José, donde trabajó cuatro años. Luego fue rector de la Capilla de San Pelayo Mártir (2ª. Vicaría), por nueve meses (2002-2003).

Desde 1998 a la fecha es profesor de Teología de la Creación, Teología del Pecado y Teología de los Sacramentos de Iniciación Cristiana, en el Instituto de Formación Sacerdotal de la

Arquidiócesis de México y en la Universidad Pontificia de México. El 01 de junio de 2003 llegó a servir en la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, como Capellán de Coro y Maestro de las Celebraciones Litúrgicas, además de Asesor espiritual del Colegio de Infantes, Ecónomo de la Vicaría Episcopal de Guadalupe y Secretario Ejecutivo de la Comisión de Pastoral Litúrgica.

En entrevista nos comenta sobre su trayectoria:

P.- ¿Cómo y cuándo se dio cuenta de su vocación?

R.- Desde muy pequeño fui muy apegado a la Iglesia, asistía a misa todos los domingos, iba yo solo, de mi casa no iban (…). Después de hacer mi primera comunión (9 años) quise involucrarme en las actividades de la capilla de mi comunidad, la Asunción de María (…).

El deseo de ingresar al Seminario comenzó cuando terminaba la secundaria pero debido a la oposición de mi padre, seguí con mis estudios en el Centro de Estudios Científicos y Tecnológico Wilfrido Massieu.

Al finalizar seguía en pie la oposición de mi padre y continúe con mis estudios en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica. Ese tiempo me ayudó a madurar mi respuesta al llamado de Dios y así fue comoingresé por fin al Seminario en 1987 (…). El día de la imposición de sotana la sorpresa fue que mi papá llegó y tomó su lugar y a la salida me dijo. “yo no estoy de acuerdo pero si ésta es tu idea y ya has dado un paso, a partir de ahora cuentas con todo mi apoyo”. Y a partir de entonces el apoyo fue total, de ambos, de mis papás.

Durante el Seminario, lo que más recuerdo como experiencia fue el trabajo que realicé, el que más me confiaron los superiores en ese tiempo, el Padre Enrique Gleniee como rector, el Padre Mario Angel Flores como Vicerrector y el Padre (asesor) espiritual, el ahora obispo de Irapuato, Don Jesús Martínez, me dieron la oportunidad de dirigir la escuela de maestros de ceremonias del Seminario. Desde el curso introductorio, junto con el Padre Marco Antonio González nos dedicamos mucho a leer sobre liturgia y empezamos a organizar celebraciones, a dirigirlas.

El trabajo fue fuerte pero la idea de los superiores era muy clara, que no fuera cerrado este grupo sino que se abriera cada vez más. Después el Padre Jesús Martínez me pidió que fuera Maestro de Ceremonias del Seminario Mayor, como el Sacristán Mayor yo era el ceremoniero mayor y tenía a cargo esta escuela que se fue incrementando y había mayor participación.

Después hubo cambios, llegó el Padre Pedro Tapia (hoy Arcipreste de la Basílica), quien me pidió que siguiera al cargo (…). Es así que cuando estaba en Tercero y Cuarto de Teología, el rector y el Vicerrector me piden que asista en las celebraciones al Sr. Cardenal Ernesto Corripio.

P.- ¿Qué ha representado para usted estar aquí en la Basílica?

R.- Ha sido una experiencia totalmente distinta y muy enriquecedora. Estoy muy contento, muy a gusto. Desde el principio empecé a desarrollar el trabajo con el mayor entusiasmo que he podido. Poco a poco vamos realizando cambios que son provechosos para la mejor celebración de los sacramentos en esta Basílica.

P.- La Basílica es el foco de atención en liturgia…

R.- Desde que yo llego aquí me encuentro con una petición del Cardenal Norberto Rivera que en uno de sus documentos pide que en este santuario la liturgia sea ejemplar, debido a que es reconocido a nivel nacional e internacional y es un foco de atención. Y luego el Sr. Rector, Mons. Diego Monroy Ponce, me pide que trabaje para que la celebración sea lo más digna, decorosa, y evangelizadora, posible.

El Evangelio lo podemos transmitir a través de la Palabra, de su explicación y meditación, pero también a través de gestos, y la liturgia en ese sentido, es siempre una celebración de lo que nosotros creemos, es la fe celebrada. Entonces los signos son muy importantes, no son movimientos que se tengan que hacer porque así está escrito o porque así se requiere en este santuario; se realizan con el sentido evangelizador; a veces los gestos dicen más que una palabra a la gente. Nos hemos esmerado en ello, hemos insistido fuertemente, por eso trabajo con los niños (del Coro de Infantes) para que entiendan que no es una representación, sino una celebración de nuestra fe. Celebramos de una manera especial la Eucaristía que es el Sacramento que más se realiza en la Basílica; tratamos de involucrarnos en esta dinámica que es la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, la Eucaristía.

P.- ¿Qué es eso de celebrar dignamente?

R.-Es hacer lo mejor que se pueda una celebración. Con fe, con espiritualidad, con generosidad, por parte de quienes participamos en ella, que no sea una actividad más. Creo que así también debemos vivir, realizar nuestro trabajo lo mejor que se pueda, y en este caso, la liturgia.

P.- ¿Qué opina de la liturgia que se hace en nuestro país?

R.- En las reuniones de la sociedad mexicana de liturgistas, en la Arquidiócesis, nos hemos dado cuenta que hace falta mejorar poco a poco nuestras celebraciones. No se le da la importancia a la liturgia.

Hace falta profundizar las rúbricas (normas para celebrar los sacramentos), los pernoctándoos (orientaciones de cada ritual), porque si no se conocen a veces se puede desdecir el mismo mensaje de la celebración.

A veces queremos inventar y “crear” sin conocer, ciertamente hay que tener creatividad pero apegada a las normas. Habrá que tener en cuenta que las celebraciones no son nuestras, son de la Iglesia y como tal tiene sus lineamientos. No quiero ser rubricista pero no olvidemos que hay algo que nos va dirigiendo y que no podemos hacer a un lado arbitrariamente. Esto generaría mejores celebraciones y sería muy evangelizador. Una liturgia que nos hable de Dios, que podamos descubrir en los gestos la presencia misma de Dios que nos convoca y reúne en torno suyo.

P.- ¿Qué proyectos hay hacia delante?

R.- Mi tesis doctoral. Ojala haya tiempo para emprenderla.

Son diez años de trayectoria y trabajo pastoral, de los que el Padre Miguel Ángel destaca la providencia de Dios y el gran trabajo con la gente, la colaboración y el aprendizaje mutuo.




   Año V, núm. 65. Mayo de 2006.
 
 
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