Pbro.
Jesús Soto Alvarado
Presbítero
adscrito
Lic. Marcela Vallecillo Gómez
Comunicación Social de la INBG
Nació
en Canatlán, Durango, el 15 de diciembre del año 1925, siendo el hijo
mayor de una familia de diez hermanos. Ingresó al Seminario desde
muy joven pues las inquietudes por el sacerdocio se le manifestaron
siendo aún un niño.
Se ordenó sacerdote el 8 de agosto de 1948 en el Seminario
Conciliar de Durango, y posteriormente realizó estudios de doctorado
en Teología Dogmática en la Universidad Gregoriana de Roma.
A su regreso a México, de 1951 a 1959 fue profesor en el Seminario
Conciliar de Durango, de las materias de Latín, Griego, Filosofía
y Teología, y de 1962 a 1965 fungió como Rector. En 1959 fue Párroco
del Sagrario Metropolitano de la capital duranguense, hasta el año
1962. De 1954 a 1963 fue asesor diocesano de la Acción Católica de
la Juventud Mexicana (ACJM), y en 1962 fundó en aquella Diócesis y
asesoró hasta 1965, al movimiento de Cursillos de Cristiandad.
En 1960 fue nombrado Canónigo Honorario de la Catedral de Durango
y en los años 1966 a 1967 estuvo de misiones en Honduras. Más tarde,
del año 1972 a 2001 sirvió en la Diócesis de Nezahualcoyotl por 30
años, la cual estaba a cargo del Sr. Obispo Francisco Ferreira, quien
fue primer obispo de Texcoco.
Al cumplir 75 años en el año 2000, se jubiló y en el siguiente
año, el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera le solicitó participar
como presbítero adscrito en la Insigne y Nacional Basílica de Santa
María de Guadalupe.
Veamos lo que nos comparte con gusto en este espacio; su vocación,
su servicio, su gusto por la música.
P.- ¿Descubrir la vocación sacerdotal fue un proceso o un momento
clave de su vida?
R.- Yo era acólito en mi parroquia, mis papás colaboraban mucho
con el señor cura de Canatlán, un pueblo pequeñito a 70 kilómetros
al norte de la capital, después el párroco fundó una escuela parroquial
para los chiquillos y ahí fue donde me sentí atraído por la vocación
sacerdotal. Unos sacerdotes maestros fueron a platicar con los acólitos
y varios nos fuimos al Seminario. Yo pienso que ahí nació la vocación,
desde luego por el impulso que le dan a uno los papás que lo llevan
por ese caminito de fe cerca del Señor, su buen ejemplo, la instrucción
religiosa; mi mamá preparaba niños para la primera comunión y mi papá
colaboraba mucho con el señor cura.
P.- Ya como sacerdote a usted le tocaron los cambios del Concilio
Vaticano Segundo…
R.- Yo celebraba la misa en latín y un determinado día, el primer
domingo de Adviento (1965), cambiamos del latín al español, yo era
entonces rector del Seminario. De ahí para adelante ha habido unos
cambios enormes (…) Han sido inmensamente mejor los cambios que introdujo
el Concilio, sobre todo porque los seglares entraron a tomar el lugar
que les corresponde, los tenía la Iglesia muy marginados.
P.-¿Falta mucho por lograr?
R.-Cada día la Iglesia avanza más, yo creo que no falta mucho,
solamente que se logre incrementar lo mismo que se está haciendo.
P.- ¿Cuéntenos sobre su servicio aquí en la Basílica?
R.- Es una gran alegría, siempre me había hecho ilusión estar
con un grupo de sacerdotes y esa es una de las cosas principales aquí
en la casa sacerdotal; estar tan cerquita de la Virgen de Guadalupe,
confesar a la gente (…) el confesionario nos mantiene muy cerca de
la gente, y naturalmente la celebración de las santas misas. Todo
eso es una gran alegría.
(…) Desde hace 37 años estoy visitando Estados Unidos, muchos
pueblecitos cerca de San Francisco. Voy a predicar en honor de la
Virgen de Guadalupe cada 12 de diciembre y además voy a celebrar la
fiesta de María Auxiliadora, el último domingo de mayo de cada año.
Van muchos mexicanos porque hay una asociación de María Auxiliadora
y la otra de la Virgen de Guadalupe.
P.- ¿Qué le falta por realizar?
R.- Nada. Tengo un grupo musical, se llama Flor y Canto, hemos
dado cuatro conciertos en la Basílica, Dios mediante en este año vamos
a dar el quinto concierto. Es un hobby, damos conciertos en las parroquias,
llevamos como 40 conciertos, ya llevé el grupo a Durango dos veces,
a Torreón, hemos estado en varias partes. Soy muy feliz con lo que
estoy haciendo, ni anhelo más ni quiero más cosas (…) Para mi ser
sacerdote ha sido la mayor felicidad de mi vida, consagrarle la vida
al Señor a pesar de todas las fallas y deficiencias que tenemos todos
los humanos. (…) El año pasado acabo de realizar la primera reunión
de la familia Soto Alvarado, la hicimos en Durango. Ahí mismo yo
le daba gracias a Dios por mi familia.
P.- ¿Cómo se involucró en la música?
R.- Mi papá fue músico profesional, y me puso un maestro. Con
el tiempo aprendí piano, acordeón y nos fuimos juntando con unos maestros
músicos que conocí. Ahora tenemos una voz muy buena de uno que fue
cantor aquí en la Basílica, Karim Esparza. Así nació el grupo, le
pusimos Flor y Canto por esa expresión tan bonita que hay en las apariciones
de la Virgen.
P.- ¿Qué tan importante es impulsar la cultura desde aquí?
R.-Todo lo que sea artístico es fabuloso, la música es básica
en la formación de las personas; es decisiva para el carácter. A los
indios les preguntaron cómo era la manera de llegar a Dios, de descubrir
a Dios, y ellos dijeron que por los poemas, por el canto, decían que
tenían un corazón divinizado.
A las mamás les aconsejan que cuando están esperando un niñito,
oigan música clásica porque eso alegra al chiquito en su vientre.
La cultura musical es muy importante por eso los maestros ponen a
cantar a los niños porque se llena su corazoncito de alegría. La música
evita la melancolía, si la gente cantara mejoraría mucho la persona
aunque hay problemas muy profundos que no los van a quitar ni con
música, pero colabora mucho para el carácter.
Con mucha frecuencia en la Santa Misa se pide por los artistas
en general porque embellecen el mundo, poetas, bailarines, músicos,
pintores, todo lo que sea arte, hasta el arte culinario, una comida
sabrosa embellece la vida, embellece las personas, tenemos que tener
el alma bonita, tenemos que llevar una gran alegría y saber difundirla
entre los demás.
El carácter tiene que ser agradable, dulce, amable. Más aún,
aquí en la Basílica nos recomiendan mucho que seamos un reflejo de
esa bondad maravillosa que manifestó la Virgen a Juan Dieguito, a
su muchachito, el mismo tiempo Juan Diego le echaba sus piropos a
la Virgen: “Mi Muchachita”, le decía.
El padre sonríe y su rostro se ilumina: nos deja ver la sencillez
y la alegría de quien está satisfecho de elegir seguir a Jesús en
el sacerdocio y a cada paso.

Año V, núm. 62. Febrero de 2006.