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La dormición de la Virgen María
en la tradición del Oriente[1]
(Fin)

Lic. Ángel Roa Hernández


Mateo Cerezo (c.1626-1666)
La Asunción
Santa María de Mediavilla 
(Medina de Rioseco, Valladolid)El pasado mes de agosto, la Iglesia celebró la solemne fiesta de la Asunción de la Virgen María a los cielos. Con este motivo apareció la primera parte del artículo intitulado La Dormición de la Virgen María en la tradición del Oriente. En este número presentamos la parte final de dicha colaboración.

Muerte de la Virgen

Ella se levantó, extendió sus manos hacia el cielo y oró diciendo así: "Oh, Dios mío, Sebaoz, el Mesías, mi Maestro, Enmanuel, recíbeme junto a ti, Hijo mío en esta hora. Abre ante mí las puertas reales que son las de tus santas moradas para que entre por ellas y me postre ante ti, rey mío,[2] porque tú mereces la gloria junto con tu buen Padre y el Espíritu Santo vivificador e igual a ti, ahora y siempre y por los siglos de los siglos, amén". Cuando dijo estas cosas estaba echada sobre las ropas.

Volvió su rostro hacia nuestro Salvador y en esa hora entregó su espíritu en sus manos.


Cristo se lleva al cielo el alma de la Virgen
"Padre mío bueno, recibe de mí el alma de mi Madre, ésta es la que recibió a tu único Hijo en el mundo; recibe de mí tu templo santo, éste es el que llegó a ser Morada de tu Espíritu Santo, que es un solo Dios...


"Yo te ofrezco hoy una ofrenda real que es el alma de mi Madre; hoy te la ofrezco, Padre mío bueno, la Escogida, la Preferible a la primera barca. Hoy es un día alegre  para mí, Padre mío, todopoderoso, pues mi Madre ha venido hasta ti envuelta y adornada con buenas obras".

Mientras el Hijo le decía todas estas cosas al Padre bueno, la Virgen escuchó la dulce voz, que es la de la Trinidad Santa, que le decía: "Ven, bendita, junto a nosotros a heredar el gozo eterno e indescriptible", a lo que el alma de la Virgen postrada respondió: "Excelente es un día en tus moradas,[3]  rey mío, mil veces más prefiero vivir en tus moradas.


Tu Espíritu Santo me elevó sobre este monte santo, me adelantaré hacia tu santo lugar y me postraré ante tu templo santo al que mi alma ha amado".

Cuando dijo estas cosas, [su alma] llegó a un gozo indescriptible en el lugar [aquel] de donde huyó el dolor del corazón y la preocupación, pues llegó a la gloria de la santa Trinidad. Hasta aquí el relato...

Como podrán ver, queridos amigos lectores, el presente relato es una exquisita selección que narra, según la particular visión de las comunidades cristianas árabes, el tránsito de la Virgen María de este mundo al cielo. Son narraciones poco conocidas, pero muy ricas en imágenes y simbolismos.




Notas

[1] El relato aquí trascrito corresponde a la obra intitulada La dormición de la Virgen, cinco relatos árabes. Editada y traducida por Pilar González Casado, Madrid: Editorial Trotta, 2002 [Pliegos de Oriente].
[2] Cf. Sal 118 (117), 19.
[3] Cf. Sal 84 (83), 11.



   Año III, núm. 46. Octubre de
2004.
 
 
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