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La
Corona de Adviento
Lic. Ángel Roa Hernández
El Adviento, como bien sabemos, antecede a la Navidad. Es el
tiempo de la Iglesia que nos prepara para recibir con espíritu
de reconciliación y esperanza la llegada de Jesús Niño. Esta
preparación la vivimos de tres maneras:
Adviento Histórico.
Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida
del Salvador. Comprende desde Adán hasta la Encarnación, abarca
todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los
profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar
los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia
es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia
la llegada del Mesías y la liberación que esperaban en él.
Adviento Místico.
Es la preparación moral del hombre de hoy para la venida del
Señor. Es un adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización
y la oración que dispone al hombre como persona, y a la comunidad
humana como sociedad, a aceptar la salvación que viene del
Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre.
Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para
estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor.
El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.
Adviento Escatológico. Es la preparación para la llegada definitiva del Señor al
final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente
su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia
invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia,
sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para
la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su
salvador. Para ayudarnos a reflexionar sobre el verdadero
sentido de este tiempo, es costumbre en nuestras casas colocar
en el centro de nuestra mesa familiar una corona con cuatro
velas: es la Corona de Adviento.
Tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía
en prender velas durante el invierno para representar al fuego
del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante
el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición
para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres
para enseñarles la fe católica. La corona está formada por
una gran variedad de símbolos. Su forma circular significa la perfección de Dios, el cual
no tiene principio ni fin. Es símbolo de unidad y eternidad.
Nos ayuda a pensar en los miles de años de espera desde Adán
hasta Cristo y en la segunda y definitiva venida; nos hace
conscientes de que de Dios venimos y a Él regresaremos. Lo
verde de su follaje (pino, oyamel o hiedra) representan a
Cristo vivo entre nosotros. Además, su verde color nos recuerda
la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza
que debemos cultivar durante estas cuatro semanas.
Las cuatro velas representan los cuatro domingos de Adviento.
La primera, segunda y cuarta vela que se encienden son de
color morado. El color morado indica el espíritu de vigilia,
penitencia y sacrificio que debemos observar durante este
tiempo especial de gracia.
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El tercer domingo, llamado comúnmente de la “alegría”, representa
precisamente el gozo que sentimos ante la cercanía del nacimiento
de nuestro Señor.
El encendido progresivo de las velas simboliza la luz con que
Cristo nos ilumina. Él viene a iluminar a los que estamos
en la oscuridad del pecado. Irlas encendiendo una a una cada
domingo significa que a medida que se acerca la luz, las tinieblas
se van disipando. Así, conforme se acerca la llegada de Cristo,
luz para nuestras vidas, se debe ir esfumando de nosotros
el reinado del pecado sobre la tierra. Se sugiere que la noche
de la Navidad las velas moradas junto con la rosa, se sustituyan
por unas de color rojo y una blanca al centro de la Corona.
Las rojas indican el espíritu festivo de nuestra reunión,
mientras que la vela blanca simboliza a Cristo, luz que vino
a iluminar el mundo.
Se bendice el primer domingo de Adviento. Todos los
miembros de la familia, reunidos en torno a la Corona, inician
esta breve celebración con un canto apropiado.
Papá o mamá: Bendecir significa decir bien; es pedir la intervención
de Dios mediante las palabras y gestos. Como padre de familia
o madre según el caso, los invito a invocar la bendición de
Dios sobre esta Corona de Adviento; de esta manera estamos
subrayando la importancia de ella en nuestra vida. Vale la
pena recordar que no es un elemento meramente decorativo.
En voz alta, papá o mamá dice: La tierra, Señor, se alegra en estos
días y tu iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor
que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los
que están en las tinieblas del egoísmo, del dolor y del pecado.
Llenos de esperanza en su venida hemos preparado con gran
cariño esta corona, la, hemos hecho con ramas verdes de nuestra
tierra, para que nos acompañe en nuestro hogar en este tiempo
de preparación de la venida de tu Hijo. Te pedimos Señor,
que al ir encendiendo estas velas nos ilumines con el esplendor
de aquel, que con su presencia ilumina nuestras oscuridades.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
El más pequeño de la casa se acerca a la Corona y
enciende la primera vela. Mientras todos cantan algún villancico.
Si se cree oportuno, se pueden hacer algunas peticiones
al Señor.

Año V, núm. 71. Noviembre de 2006.
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