Eregida el 25 de marzo del año 2003,
con la Bula Papal Sollicitus de Spirituali Bono Suorum Fidelium, de
8 de enero de 2003, esta diócesis es de reciente creación. Abarca los
dieciséis municipios del norte del estado de Coahuila.
Peregrina por tercer año consecutivo
a este templo Guadalupano a visitar a María. Su primer obispo, Monseñor
Alfonso Gerardo Garza Treviño, junto con la Pastoral Litúrgica de
la Diócesis y el grupo de corte de honor de Nuestra Señora de Guadalupe,
son los encargados de organizar a los sacerdotes, párrocos y fieles
laicos a participar en la peregrinación a la Basílica de Guadalupe.
A cada parroquia se le entrega unas
catequesis con información sobre el peregrinar y un folleto para que
oren durante el camino. Cada parroquia se hace cargo del transporte
que habrá de utilizarse para el recorrido de más de catorce horas
a la ciudad de México.
Más de 600 peregrinos, acompañados
por sacerdotes y párrocos, un grupo de coro, así como danzantes de
las parroquias participantes, se dan cita a temprana hora en la Exglorieta
de Peralvillo, para iniciar desde ahí el recorrido por toda la Calzada
de Guadalupe hacia su encuentro con la Virgen María. En el atrio de
la Basílica son recibidos por su Obispo Don Alfonso Garza para iniciar
así su celebración.
Esta diócesis enfrenta muchos obstáculos,
a los que pretende hacer frente su plan pastoral en las tres áreas
fundamentales de acción: la Profética, la Litúrgica y la Social. Estas
tres líneas de acción pastoral ayudan a conformar también el plan
de peregrinación.
En especial, la pastoral social genera
conciencia en la gente de que somos Iglesia peregrina y que en el
encuentro con María (y a ejemplo de Ella), debemos solidarizarnos
con los más pobres y manifestar con ello nuestros compromisos como
bautizados.
Se busca poner énfasis y más atención
en la evangelización de los lugares más apartados de la diócesis,
así como insistir en la pastoral juvenil. Esperamos que esta reunión
con la Virgen María de Guadalupe ilumine a la Diócesis de Piedras
Negras; que los llene de fe, les dé fuerzas y renueve esperanzas,
así como los guié y coadyuve a renovar sus compromisos en sus funciones
diocesanas.

Año V, núm. 67. Julio de 2006.