Tenemos
a la vista el domingo cuarto después de Pascua, que aborda un tema
cordial, cariñoso, tradicionalmente vinculado con la Domínica subsiguiente
a la gran octava pascual. En este año el 17 de abril.
El misterio pascual que estamos viviendo es a la vez el misterio
de la iglesia. Por ello, en la quincuagésima pascual la iglesia
trata de ir adquiriendo conciencia de sí misma, de su misión, de
su naturaleza, en fin... de sus dones, funciones y carismas. El Buen Pastor, que se sacrifica por
las ovejas pues las ama íntimamente con insospechada delicadeza,
encarna toda la misericordia redentora del Padre y la garantiza
con su propia inmolación pastoral.
Se trata de una auténtica parábola cuyo sentido Jesús va desentrañando
en la alegoría de Cristo puerta y garantía de entrada legítima y
pastoral. La perícopa correspondiente, expuesta
admirablemente por San Juan, nos hace sentir y vivir plenamente
la ofrenda amorosa y vivificante que culmina con el misterio pascual.
Y qué decir de la fortísima lección de sociología cristiana de valor
universal que contiene.
Desde antes de la venida de Nuestro
Señor Jesucristo, que se humilló hasta vestir la carne, hubo justos
que creyeron en Él y en su venida, al igual que nosotros creemos
en Él después de haber venido.Nuestro Señor pasó su vida en este
mundo predicando y aunque su voz era la voz del pastor salida de
su misma boca, no todos la escucharon. Por ejemplo, la oyó Judas
y era un lobo cubierto con piel de oveja que maquinaba contra el
pastor. El hombre cuando discurre con ecuanimidad
escucha la voz del pastor que le induce a cambiar.
Por es el Señor, de los lobos hace
ovejas y si ya convertidos continuamos oyendo su voz, hallándolo,
le seguimos y confiamos en sus promesas, siempre y cuando cumplamos
con sus mandatos.Innumerables seres humanos vuelven al redil de
Cristo porque el Pastor los arrebata de las manos de los ladrones
y los hace suyos. No obstante, ¡cuántas ovejas están fuera y cuántos
lobos dentro! Elevemos nuestro espíritu por el vuelo del águilas
con que solemos representar al cuarto evangelista y así saborear
las delicias de la voz del Pastor:
"En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta
en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es
un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor
de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan
su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera.
Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas
le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño,
sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".Jesús
les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.Entonces
Jesús les dijo de nuevo:
"En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.
Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores;
pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra
por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pastor. El
ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido
para que tengan vida y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor.
El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que
no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo,
abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las
dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas.
Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen
a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida
por las ovejas.
También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a
ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo
rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi
vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente.
Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es
la orden que he recibido de mi Padre" (Jn 10, 1-18).
Reiteradamente oímos hablar de un solo redil y de un solo pastor,
razón suficiente para inculcarnos la unión que debe existir entre
todo el rebaño.Para terminar, resaltemos los tres rasgos signológicos
de Cristo Buen Pastor: su propia inmolación pastoral —ya que da
la vida por sus ovejas—, su identificación personal con las almas
y su ansiedad salvífica universal.Que el espíritu de estas pobres
líneas les sugiera mejores sentimientos de entrega y docilidad hacia
el Señor Jesús.
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El Señor es mi
pastor:
nada me falta.
En verdes praderasme hace recostar,
hacia fuentes tranquilasme conduce
y repara mis fuerzas...
(Salmo 23, 1-3) |
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Año IV, núm 52. Abril 2005.