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El Buen Pastor


Mario Bustamante Rubio

Diácono Permanente

Tenemos a la vista el domingo cuarto después de Pascua, que aborda un tema cordial, cariñoso, tradicionalmente vinculado con la Domínica subsiguiente a la gran octava pascual. En este año el 17 de abril.

El misterio pascual que estamos viviendo es a la vez el misterio de la iglesia. Por ello, en la quincuagésima pascual la iglesia trata de ir adquiriendo conciencia de sí misma, de su misión, de su naturaleza, en fin... de sus dones, funciones y carismas.
El Buen Pastor, que se sacrifica por las ovejas pues las ama íntimamente con insospechada delicadeza, encarna toda la misericordia redentora del Padre y la garantiza con su propia inmolación pastoral.

Se trata de una auténtica parábola cuyo sentido Jesús va desentrañando en la alegoría de Cristo puerta y garantía de entrada legítima y pastoral.
La perícopa correspondiente, expuesta admirablemente por San Juan, nos hace sentir y vivir plenamente la ofrenda amorosa y vivificante que culmina con el misterio pascual. Y qué decir de la fortísima lección de sociología cristiana de valor universal que contiene.

Desde antes de la venida de Nuestro Señor Jesucristo, que se humilló hasta vestir la carne, hubo justos que creyeron en Él y en su venida, al igual  que nosotros creemos en Él después de haber venido.Nuestro Señor pasó su vida en este mundo predicando y aunque su voz era la voz del pastor salida de su misma boca, no todos la escucharon. Por ejemplo, la oyó Judas y era un lobo cubierto con piel de oveja que maquinaba contra el pastor. El hombre cuando discurre con ecuanimidad escucha la voz del pastor que le induce a cambiar.

Por es el Señor, de los lobos hace ovejas y si ya convertidos continuamos oyendo su voz, hallándolo, le seguimos y confiamos en sus promesas, siempre y cuando cumplamos con sus mandatos.Innumerables seres humanos vuelven al redil de Cristo porque el Pastor los arrebata de las manos de los ladrones y los hace suyos. No obstante, ¡cuántas ovejas están fuera y  cuántos lobos dentro! Elevemos nuestro espíritu por el vuelo del águilas con que solemos representar al cuarto evangelista y así saborear las delicias de la voz del Pastor:


"En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera.

Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.Entonces Jesús les dijo de nuevo:

"En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pastor. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor.

El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.  Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre"  (Jn 10, 1-18).

Reiteradamente oímos hablar de un solo redil y de un solo pastor, razón suficiente para inculcarnos la unión que debe existir entre todo el rebaño.Para terminar, resaltemos los tres rasgos signológicos de Cristo Buen Pastor: su propia inmolación pastoral —ya que da la vida por sus ovejas—, su identificación personal con las almas y su ansiedad salvífica universal.Que el espíritu de estas pobres líneas les sugiera mejores sentimientos de entrega y docilidad hacia el Señor Jesús.

El Señor es mi pastor:
nada me falta.

En verdes praderas
me hace recostar,
hacia fuentes tranquilasme conduce
y repara mis fuerzas...

(Salmo 23, 1-3)



   Año IV, núm 52. Abril
2005.

 
 
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