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Una antigua tradición que arranca del siglo
II atribuye estos nombres a los padres de la Santísima Virgen María.
El culto a Santa Ana se introdujo ya en la iglesia oriental en el
siglo VI y paso a la iglesia occidental en el siglo X; el culto
a San Joaquín empezó en el siglo XVII. El culto a la Señora Santa Ana ha ido
resplandeciendo cada vez más al lado de la veneración a María Santísima.El Protoevangelio de Santiago, atribuido
a Santiago el menor, es el apócrifo ortodoxo más antiguo de los
que se conservan íntegros.
Recordemos que para nosotros los católicos, los Apócrifos son los
libros que, teniendo cierta semejanza con los libros inspirados,
nunca fueron aceptados en el Canon. En otras palabras: un libro
apócrifo es aquel que teniendo un argumento o título semejante a
los libros inspirados, no tiene un autor cierto y no está incluido
en el Canon Bíblico fijado por la iglesia, porque no fue divinamente
inspirado y por contener algunos errores.Retornando al tema que nos ocupa, en
el citado Protoevangelio de Santiago, se encuentran los siguientes
fragmentos:«La bienaventurada y gloriosa siempre
Virgen María descendía de Estirpe regia y pertenecía a la familia
de David. Había nacido en Nazaret y fue educada en el templo del
Señor en la ciudad de Jerusalén.
Su padre se llamaba Joaquín y su madre Ana. Era nazaretana por parte
de su padre y betlemita por la de su Madre. La vida de estos esposos era sencilla
y recta en la presencia del Señor e irreprensible y piadosa ante
los hombres. Llevaban veinte años de vida conyugal en casto matrimonio
sin obtener descendencia. Estando Ana en oración se le presentó
un ángel de Dios, diciéndole: “Ana, Ana, el Señor ha escuchado tu
ruego: concebirás y darás a luz y de tu prole se hablará en todo
el mundo” Ana respondió: “Vive el Señor mi Dios, que si llego a
tener un fruto de bendición, sea niño o niña lo llevaré como ofrenda
al señor y estará a su servicio todos los días de su vida.” Y se
le cumplió a Ana su tiempo y al mes noveno alumbró…
Entonces Ana exclamó: “Mi alma ha sido hoy enaltecida”… Ana se purificó,
dio el pecho a la niña y le puso por nombre María.A los tres años cuando se hubo terminado
el tiempo de lactancia, llevaron a la Virgen juntamente con sus
ofrendas, al templo del Señor, donde permaneció la Virgen hasta
los catorce años».
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Hasta aquí las tradiciones Judeo-Cristianas
que se remontan hasta la primera mitad del siglo II. Actualmente
encontramos, en la Liturgia de las Horas, en la segunda lectura
del oficio de lectura, en la memoria de los Santos Joaquín y Ana,
un sermón de San Juan Damasceno Obispo (Disertación 6, Sobre la
natividad de la Virgen María, 2, 4, 5,6: pp. 96, 663, 667, 670).
Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios naciera de
Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia,
si no que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el
suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella
de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en
el cual todo se mantiene.¡Oh bienaventurados esposos Joaquín
y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció
al creador el más excelente de todos los dones, a saber aquella
Madre casta, la única digna del creador.
Alégrate Ana, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de
júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, por tu
hija, un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado:
”Ángel del gran Designio” de la salvación universal, “El Dios poderoso”.
Este niño es Dios.¡Oh, bienaventurados esposos, Joaquín
y Ana totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro
vientre. Tal como dice el Señor: por sus frutos los conoceréis.
Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable
a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen.
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Con vuestra conducta casta y santa
ofrecisteis al mundo la joya de virginidad, aquella que había de
permanecer Virgen antes del parto y después del parto; aquella que
de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la Virginidad
en su mente, en su alma y en su cuerpo. ¡Oh, castísimos esposos Joaquín y Ana!
Vosotros guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis
por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que
engendrasteis para el mundo a la que fue Madre de Dios sin conocer
varón.
Vosotros, comportándoos en vuestras
relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una
hija superior a los ángeles, que es ahora la Reina de los ángeles.
¡Oh Bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y Madre de
Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que salisteis!
¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron
el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de
tus Padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!¡Aclama
al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad, alzad fuerte la
voz, alzadla, no temáis!
Las gracias recibidas por la Virgen María trascendieron notablemente
a sus Padres y por consecuencia al seno de la Sagrada Familia. Reconocemos
que Ana recibió la gracia que convenía para poner en el mundo a
la Madre del Verbo Encarnado y que Joaquín, por su parte, fue elegido
entre todos los Santos Varones para ser Padre de la Madre del hijo
de Dios.Postrados humildemente, digamos la siguiente oración: Dios
de nuestros Padres que concediste a San Joaquín y a Santa Ana el
privilegio de ser los Padres de María, la Madre del Salvador, ayúdanos,
por su intercesión, a alcanzar la salvación eterna. (Misal Romano).
Notas
José F. GARCÍA
DÁVILA y Felipe CURCO
COBOS, Apócrifos del Nuevo Testamento. México:
Editorial del Valle de México, 2002