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San Joaquín y Santa Ana
Padres de la Santísima Virgen María


Mario Bustamante Rubio
Diácono Permanente

Coronación de la Virgen de Guadalupe
con las figuras orantes de Santa Ana y San Joaquín
s. XVIII
Óleo sobre tela. 79.9 x 57 cm.
Colección del Museo de la Basílica de Guadalupe  

Una antigua tradición que arranca del siglo II atribuye estos nombres a los padres de la Santísima Virgen María. El culto a Santa Ana se introdujo ya en la iglesia oriental en el siglo VI y paso a la iglesia occidental en el siglo X; el culto a San  Joaquín empezó en el siglo XVII. El culto a la Señora Santa Ana ha ido resplandeciendo cada vez más al lado de la veneración a María Santísima.El Protoevangelio de Santiago, atribuido a Santiago el menor, es el apócrifo ortodoxo más antiguo de los que se conservan íntegros.

Recordemos que para nosotros los católicos, los Apócrifos son los libros que, teniendo cierta semejanza con los libros inspirados, nunca fueron  aceptados en el Canon. En otras palabras: un libro apócrifo es aquel que teniendo un argumento o título semejante a los libros inspirados, no tiene un autor cierto y no está incluido en el Canon Bíblico fijado por la iglesia, porque no fue divinamente inspirado y por contener algunos errores.
Retornando al tema que nos ocupa, en el citado Protoevangelio de Santiago, se encuentran los siguientes fragmentos:«La bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María descendía de Estirpe regia y pertenecía a la familia de David. Había nacido en Nazaret y fue educada en el templo del Señor en la ciudad de Jerusalén.

Su padre se llamaba Joaquín y su madre Ana. Era nazaretana por parte de su padre y betlemita por la de su Madre.
La vida de estos esposos era sencilla y recta en la presencia del Señor e irreprensible y piadosa ante los hombres. Llevaban veinte años de vida conyugal en casto matrimonio sin obtener descendencia. Estando Ana en oración se le presentó un ángel de Dios, diciéndole: “Ana, Ana, el Señor ha escuchado tu ruego: concebirás y darás a luz y de tu prole se hablará en todo el mundo” Ana respondió: “Vive el Señor mi Dios, que si llego a tener un fruto de bendición, sea niño o niña lo llevaré como ofrenda al señor y estará a su servicio todos los días de su vida.” Y se le cumplió a Ana su tiempo y al mes noveno alumbró…

Entonces Ana exclamó: “Mi alma ha sido hoy enaltecida”… Ana se purificó, dio el pecho a la niña y le puso por nombre María.
A los tres años cuando se hubo terminado el tiempo de lactancia, llevaron a la Virgen juntamente con sus ofrendas, al templo del Señor, donde permaneció la Virgen hasta los catorce años».[1]

San Joaquín (Detalle)  

Hasta aquí las tradiciones Judeo-Cristianas que se remontan hasta la primera mitad del siglo II. Actualmente encontramos, en la Liturgia de las Horas, en la segunda lectura del oficio de lectura, en la memoria de los Santos Joaquín y Ana, un sermón de San Juan Damasceno Obispo (Disertación 6, Sobre la natividad de la Virgen María, 2, 4, 5,6: pp. 96, 663, 667, 670). 

Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios naciera de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, si no que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al creador el más excelente de todos los dones, a saber aquella Madre casta, la única digna del creador.

Alégrate Ana, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, por tu hija, un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: ”Ángel del gran Designio” de la salvación universal, “El Dios poderoso”. Este niño es Dios.
¡Oh, bienaventurados esposos, Joaquín y Ana totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre. Tal como dice el Señor: por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella  que tuvo en vosotros su origen.

Santa Ana (Detalle)  

Con vuestra conducta casta y santa ofrecisteis al mundo la joya de virginidad, aquella que había de permanecer Virgen antes del parto y después del parto; aquella que de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la Virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo. ¡Oh, castísimos esposos Joaquín y Ana! Vosotros guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue Madre de Dios sin conocer varón.

Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la Reina de los ángeles.

¡Oh Bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y Madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que salisteis! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus Padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!¡Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad, alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis!
Las gracias recibidas por la Virgen María trascendieron notablemente a sus Padres y por consecuencia al seno de la Sagrada Familia. Reconocemos que Ana recibió la gracia que convenía para poner en el mundo a la Madre del Verbo Encarnado y que Joaquín, por su parte, fue elegido entre todos los Santos Varones para ser Padre de la Madre del hijo de Dios.Postrados humildemente, digamos la siguiente oración: Dios de nuestros Padres que concediste a San Joaquín y a Santa Ana el privilegio de ser los Padres de María, la Madre del Salvador, ayúdanos, por su intercesión, a alcanzar la salvación eterna. (Misal Romano).  


Notas

[1] José F. GARCÍA DÁVILA y Felipe CURCO COBOS, Apócrifos del Nuevo Testamento. México: Editorial del Valle de México, 2002



   Año IV, núm 55. Julio
2005.

 
 
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