InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Boletín Gpano > Secciones >Oraciones
   
 

María Madre de Dios y Madre de los hombres

Mario Bustamante Rubio
Diácono Permanente

En la 3ª y 4ª palabra que nuestro Señor Jesucristo tuvo a bien decir clavado en la cruz, antes de morir, se encuentra todo un legado de amor: «Madre, he ahí a tu hijo» «Hijo, he ahí a tu Madre» (Jn 19, 26-27).

Jesús al ver a su Madre junto a la cruz, quiso que fuera abogada de los pecadores y tesorera de todas sus gracias. Señalando con su cabeza al evangelista y discípulo amado le dijo: «He ahí a tu Madre».

Carlo DOLCI (1616-1686)
La Virgen y el Niño con flores
National Galery (Londres)

Como si dijera yo soy tu hijo natural y verdadero y tú mi verdadera y muy querida madre; pero ellos son los frutos de tu dolor. Acuérdate, Señora, que eres Nuestra Madre por la encomienda que te hizo tu hijo en las postreras horas de su vida. Estamos muy gozosos de tenerte por Madre, ya que cada uno de los hombres tomó sus palabras, «He ahí a tu Madre», como si nos las hubiera dicho a cada uno de nosotros en particular, obligándonos al amor y agradecimiento que debemos a tal madre.

Y qué decir, especialmente de nosotros los mexicanos, a quienes nos llegaron las palabras amorosas de la Virgen de Guadalupe en la persona del hoy santo Juan Diego: ¿No estoy yo aquí que tengo el honor de ser tu madre? (Nican Mopohua 119). ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos?

María es verdadera Madre de Dios:

1)       La herejía adversa y el dogma. –La negación de la verdadera naturaleza humana de Cristo condujo lógicamente a la negación de la verdadera maternidad de María; la negación de la verdadera divinidad de Cristo llevó consecuentemente a la negación de que María fuera Madre de Dios.

Los nestorianos impugnaron directamente que María fuese Madre de Dios. Estos herejes no quisieron reconocer a María el titulo de Madre de Dios y la consideraron solamente como Madre del hombre o Madre de Cristo.

Que María es verdadera madre de Dios es de fe. En el símbolo apostólico confiesa la Iglesia que el Hijo de Dios «Nació de María Virgen». Por ser Madre del Hijo de Dios, María es Madre de Dios.

El concilio de Éfeso (431), proclamó con San Cirilo, en contra de Nestorio: “Si alguno no confesare que Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios y que, por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios porque parió según la carne al Logos de Dios hecho carne, sea anatema“ (Dz 113).

Los concilios ecuménicos que siguieron a éste repitieron y confirmaron esta doctrina (Cfr. Dz 148, 281, 290). El dogma de la Maternidad divina de María comprende dos verdades:

a) María es verdadera Madre, es decir, ha contribuido a la formación de la naturaleza humana de Cristo con todo lo que aportan las otras madres a la formación del fruto de sus entrañas.

b) María es verdad era Madre de Dios, es decir, concibió y parió a la segunda persona de la Santísima Trinidad, aunque no en cuanto a la naturaleza divina sino en cuanto a la naturaleza humana que había asumido.

La Sagrada Escritura enseña la maternidad divina de María, aunque no con palabras explícitas, pues por un lado, da testimonio de la verdadera divinidad de Cristo, y por otro, testifica también la verdadera maternidad de María. María es llamada en la Sagrada Escritura: «Madre de Jesús» (Jn 2, 1) «Madre de Jesús» (Mt 1,18; 2, 11, 13 y 20; 12, 46; 13, 55), «Madre del Señor» (Lc 1, 43).

El profeta Isaías anuncia claramente la verdadera maternidad de María «He aquí que la Virgen concebirá y parirá un hijo, y llamará su nombre Emmanuel» (7, 14).

Con palabras muy parecidas se expresa el ángel en la embajada que trae a María:

«He aquí que concebirás en tu seno y parirás un hijo, a quien darás por nombre Jesús» (Lc 1, 31).

Que María sea Madre de Dios está dicho implícitamente en las palabras de Lc 1, 35:

«Por lo cual también lo santo que nacerá [de ti] será llamado Hijo de Dios y en Gal 4, 4: «Dios envió a su Hijo nacido de mujer». «La mujer que engendró al Hijo de Dios es la Madre de Dios»

Los santos padres enseñan también la realidad de la verdadera maternidad de María; San Ignacio de Antioquia, San Irineo, San Gregorio Nacianceno, San Cirilo de Alejandría, entre otros.

Musitemos amorosamente:

Dios te salve Reina y Madre de misericordia, Vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra: vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!


Nota
LUDWIG OTTO, Manual de Teología Dogmática HERDER.


  
Año VI, núm. 77. Mayo de 2007.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados