Como si dijera yo soy tu hijo natural y verdadero y tú mi verdadera
y muy querida madre; pero ellos son los frutos de tu dolor.
Acuérdate, Señora, que eres Nuestra Madre por la encomienda
que te hizo tu hijo en las postreras horas de su vida. Estamos
muy gozosos de tenerte por Madre, ya que cada uno de los hombres
tomó sus palabras, «He ahí a tu Madre», como si nos las hubiera
dicho a cada uno de nosotros en particular, obligándonos al
amor y agradecimiento que debemos a tal madre.
Y qué decir, especialmente de nosotros los mexicanos, a quienes
nos llegaron las palabras amorosas de la Virgen de Guadalupe
en la persona del hoy santo Juan Diego: ¿No estoy yo aquí que
tengo el honor de ser tu madre? (Nican Mopohua 119).
¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos?
María es verdadera Madre de Dios:
1) La herejía adversa y el dogma. –La
negación de la verdadera naturaleza humana de Cristo condujo
lógicamente a la negación de la verdadera maternidad de María;
la negación de la verdadera divinidad de Cristo llevó consecuentemente
a la negación de que María fuera Madre de Dios.
Los nestorianos impugnaron directamente
que María fuese Madre de Dios. Estos herejes no quisieron
reconocer a María el titulo de Madre de Dios y la consideraron
solamente como Madre del hombre o Madre de Cristo.
Que María es verdadera madre de Dios
es de fe. En el símbolo apostólico confiesa la Iglesia que el
Hijo de Dios «Nació de María Virgen». Por ser Madre del Hijo
de Dios, María es Madre de Dios.
El concilio de Éfeso (431), proclamó
con San Cirilo, en contra de Nestorio: “Si alguno no confesare
que Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios y que, por tanto,
la Santísima Virgen es Madre de Dios porque parió según la carne
al Logos de Dios hecho carne, sea anatema“ (Dz 113).
Los concilios ecuménicos que siguieron
a éste repitieron y confirmaron esta doctrina (Cfr. Dz 148,
281, 290). El dogma de la Maternidad divina de María comprende
dos verdades:
a) María es verdadera Madre, es decir,
ha contribuido a la formación de la naturaleza humana de Cristo
con todo lo que aportan las otras madres a la formación del
fruto de sus entrañas.
b) María es verdad era Madre de Dios,
es decir, concibió y parió a la segunda persona de la Santísima
Trinidad, aunque no en cuanto a la naturaleza divina sino
en cuanto a la naturaleza humana que había asumido.
La
Sagrada Escritura enseña la maternidad divina de María,
aunque no con palabras explícitas, pues por un lado, da testimonio
de la verdadera divinidad de Cristo, y por otro, testifica también
la verdadera maternidad de María. María es llamada en la Sagrada
Escritura: «Madre de Jesús» (Jn 2, 1) «Madre de Jesús» (Mt 1,18;
2, 11, 13 y 20; 12, 46; 13, 55), «Madre del Señor» (Lc 1, 43).
El profeta Isaías anuncia claramente
la verdadera maternidad de María «He aquí que la Virgen concebirá
y parirá un hijo, y llamará su nombre Emmanuel» (7, 14).
Con palabras muy parecidas se expresa
el ángel en la embajada que trae a María:
«He aquí que concebirás en tu seno
y parirás un hijo, a quien darás por nombre Jesús» (Lc 1,
31).
Que María sea Madre de Dios está dicho
implícitamente en las palabras de Lc 1, 35:
«Por lo cual también lo santo que nacerá
[de ti] será llamado Hijo de Dios y en Gal 4, 4: «Dios envió
a su Hijo nacido de mujer». «La mujer que engendró al Hijo
de Dios es la Madre de Dios»
Los santos padres enseñan también la
realidad de la verdadera maternidad de María; San Ignacio de
Antioquia, San Irineo, San Gregorio Nacianceno, San Cirilo de
Alejandría, entre otros.
Musitemos amorosamente:
Dios te salve Reina y Madre de misericordia,
Vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti clamamos
los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos, gimiendo y
llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra:
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después
de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu
vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen
María!
Nota
LUDWIG OTTO, Manual
de Teología Dogmática HERDER.
Año VI, núm. 77. Mayo de 2007.
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