Ante el gran reto de la urgente evangelización de la familia,
como santuario de la vida y esperanza de la sociedad, los
misioneros enviados fueron preparados por Mons. Diego Monroy,
para anunciar que la Madre del Arraigadísimo Dios por quien
se vive, hace recordar a todas las mujeres que han vivido la
experiencia de ser madres, que son precisamente ellas las que
tienen la encomienda loable de transmitir la Fe a sus hijos
y perseverar día con día en esta enseñanza y experiencia de
Dios amor. Dentro de su mensaje pastoral a las madres, Mons.
Monroy enfatizó lo siguiente, con la finalidad de exhortar a
todas las madrecitas a seguir y tomar el ejemplo de María Madre
de Dios y Madre nuestra.
…La Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de
salvación, por eso los fieles profesamos en fe: «El cual
por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajo del cielo
y por obra del Espíritu Santo se encarno de María la Virgen».
Santo Tomás recomienda considerar lo siguiente: La divina
maternidad de la Bienaventurada Virgen María que en cierto modo
la coloca en el orden divino, y de las dotes y prerrogativas,
que por razón de la maternidad divina, le fueron concedidas
y el consorcio o cooperación de la Virgen María en la obra de
la redención del género humano. Esto presupone la divina maternidad
y la maternidad divina se ordena a este consorcio o cooperación”.
La Madre del Hijo de Dios, lleva consigo la radical “novedad”
de la fe; el inicio de la Nueva Alianza. Esto es el comienzo
del Evangelio.
En este inicio se nota una particular fatiga del corazón unida
a una especie de “noche de la fe”, usando una expresión de San
Juan de la Cruz “como un velo”, a través del cual hay
que acercarse al invisible y vivir en intimidad con el misterio.
De este modo María durante muchos años permaneció en intimidad
con el misterio de su Hijo, y avanzaba en su itinerario de fe,
a medida que Jesús “progresaba en sabiduría…en gracia ante
Dios y ante los hombres” (cf. Lc , 5 ). Es Madre en el orden
de la gracia y para restaurar la vida sobrenatural de las almas,
primero concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo,
presentándolo al Padre en el templo y sufriendo con su Hijo
que moría en la cruz (cf. LG 61) y luego “con su múltiple intercesión”
mediante la cual “se cuida de los hermanos de su Hijo que todavía
peregrinan y que se encuentran en medio de peligros y afanes,
hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada” (LG 6
).
María es llamada “Madre de todos los hombres”, no en
un sentido metafórico, ni siquiera en sentido jurídico «en su
triple forma: adopción, donación, federación», sino en un sentido
de que ha cooperado, por medio de una verdadera generación,
a comunicarnos la vida, no la vida de la naturaleza, sino de
la gracia (participación misteriosa, pero verdadera de la vida
y naturaleza divina). El hombre, como es sabido, fue creado
por Dios con la vida sobrenatural de la gracia; debido al pecado
perdió esta vida para sí y para todos sus descendientes.
La misión de Cristo y de María fue la de redimir, es decir,
regenerar a la humanidad para la vida sobrenatural de la gracia
perdida con el pecado, mediante la encarnación, la pasión y
la muerte de Cristo. Esta restauración de la vida espiritual
es llamada regeneración, renacimiento (cf. Jn
3,5; 6-7). La vida de la gracia que de ellos dimana a los hombres
fue por Ellos merecida y, por consiguiente, es algo propio que
Ellos nos transmitieron. Es Madre de Cristo, en virtud de la
sola maternidad divina «de la encarnación. Ella es también,
de una manera completa, en sentido estricto, Madre de todos
los cristianos, de todos aquellos a quienes Cristo ha regenerado
para la vida sobrenatural de la gracia. María debe derramarse
sobre la Iglesia, como indican algunas afirmaciones de la Tradición
para las cuales la “maternidad” de María respecto a la Iglesia
es el reflejo y la prolongación de su maternidad respecto del
Hijo de Dios. (cf. CRM no. 4).
Para terminar su mensaje, Mons. Monroy hizo suyas las palabras
que dirigiera del Papa Juan Pablo II a las mujeres el 29 de
junio de 1995: “Te doy gracias, mujer – madre, que te
conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores
de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de
Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros
pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior
camino de la vida”. Y agregó: Te doy gracias, mujer, porque
a través de una mujer como tú, yo he recibido la vida.