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El Aliento Maternal de Guadalupe resuella en los Medios de Comunicación de la Arquidiócesis de Guadalajara

Lic. Ma. Concepción M. Castillo de Jiménez
Misiones Guadalupanas 

En el marco de las celebraciones del Día de las Madres, diversos medios de comunicación de la Arquidiócesis de Guadalajara solicitaron a Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe, su mensaje pastoral para ser transmitido en diversas estaciones de Radio y canales de Televisión, conscientes de que el Evangelio Guadalupano es ahora y por siempre ejemplo de evangelización perfectamente inculturado. La misión pastoral se efectuó durante los días del 6 al 10 de mayo del presente año. Los medios de comunicación social de Guadalajara que transmitieron el Mensaje Guadalupano dirigido a las Madres fueron: Radio María, programa “Mensajes el valor eres tú” y el programa “Para Florecer”.

Radio Mujer, programa “Tiempo para ti”. Televisa Canal 4 Guadalajara, programa “Uniendo Manos”, Televisora María+Visión, programa “Alégrate”, así como dos ponencias impartidas a los comunicadores, miembros del Grupo “Valora” «conciencia en los medios».

Ante el gran reto de la urgente evangelización de la familia, como santuario de la vida y esperanza de la sociedad, los misioneros enviados fueron preparados por Mons. Diego Monroy, para anunciar que la Madre del Arraigadísimo Dios por quien se vive, hace recordar a todas las mujeres que han vivido la experiencia de ser madres, que son precisamente ellas las que tienen la encomienda loable de transmitir la Fe a sus hijos y perseverar día con día en esta enseñanza y experiencia de Dios amor. Dentro de su mensaje pastoral a las madres, Mons. Monroy enfatizó lo siguiente, con la finalidad de exhortar a todas las madrecitas a seguir y tomar el ejemplo de María Madre de Dios y Madre nuestra.        

…La Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de salvación, por eso los fieles profesamos en fe: «El cual por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajo del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarno de María la Virgen». Santo Tomás recomienda considerar lo siguiente: La divina maternidad de la Bienaventurada Virgen María que en cierto modo la coloca en el orden divino, y de las dotes y prerrogativas, que por razón de la maternidad divina, le fueron concedidas y el consorcio o cooperación de la Virgen María en la obra de la redención del género humano. Esto presupone la divina maternidad y la maternidad divina se ordena a este consorcio o cooperación”. La Madre del Hijo de Dios, lleva consigo la radical “novedad” de la fe; el inicio de la Nueva Alianza. Esto es el comienzo del Evangelio.

En este inicio se nota una particular fatiga del corazón unida a una especie de “noche de la fe”, usando una expresión de San Juan de la Cruz “como un velo”, a través del cual hay que acercarse al invisible y vivir en intimidad con el misterio. De este modo María durante muchos años permaneció en intimidad con el misterio de su Hijo, y avanzaba en su itinerario de fe, a medida que Jesús “progresaba en sabiduría…en gracia ante Dios y ante los hombres” (cf. Lc , 5 ). Es Madre en el orden de la gracia y para restaurar la vida sobrenatural de las almas, primero concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo y sufriendo con su Hijo que moría en la cruz (cf. LG 61) y luego “con su múltiple intercesión” mediante la cual “se cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y que se encuentran en medio de peligros y afanes, hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada” (LG 6 ).

María es llamada “Madre de todos los hombres”, no en un sentido metafórico, ni siquiera en sentido jurídico «en su triple forma: adopción, donación, federación», sino en un sentido de que ha cooperado, por medio de una verdadera generación, a comunicarnos la vida, no la vida de la naturaleza, sino de la gracia (participación misteriosa, pero verdadera de la vida y naturaleza divina). El hombre, como es sabido, fue creado por Dios con la vida sobrenatural de la gracia; debido al pecado perdió esta vida para sí y para todos sus descendientes.

La misión de Cristo y de María fue la de redimir, es decir, regenerar a la humanidad para la vida sobrenatural de la gracia perdida con el pecado, mediante la encarnación, la pasión y la muerte de Cristo. Esta restauración de la vida espiritual es llamada regeneración, renacimiento (cf. Jn 3,5; 6-7). La vida de la gracia que de ellos dimana a los hombres fue por Ellos merecida y, por consiguiente, es algo propio que Ellos nos transmitieron. Es Madre de Cristo, en virtud de la sola maternidad divina «de la encarnación. Ella es también, de una manera completa, en sentido estricto, Madre de todos los cristianos, de todos aquellos a quienes Cristo ha regenerado para la vida sobrenatural de la gracia. María debe derramarse sobre la Iglesia, como indican algunas afirmaciones de la Tradición para las cuales la “maternidad” de María respecto a la Iglesia es el reflejo y la prolongación de su maternidad respecto del Hijo de Dios. (cf. CRM no. 4).

Para terminar su mensaje, Mons. Monroy hizo suyas las palabras que dirigiera del Papa Juan Pablo II a las mujeres el 29 de junio de 1995: “Te doy gracias, mujer – madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida”. Y agregó: Te doy gracias, mujer, porque a través de una mujer como tú, yo he recibido la vida.          



   Año VII, núm. 90. Junio de 2008.

 

 
 
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