Ella continúa caminado con nosotros, y hoy que arrancamos con
este VI Congreso meditando, reflexionando sobre Santa María de
Guadalupe, esperanza de la familia. Recuerdo una expresión bellísima
del Papa Juan Pablo II al iniciar su pontificado, nos decía: “El
hombre no puede vivir sin amor”. Y comentaba que sin amor
una persona se vuelve incomprensible, sin amor una persona lleva
una vida sin sentido, absurda, agresiva, negativa porque la comprensión,
el amor y el sentido de la vida nos vienen precisamente revelado
por el Amor, con mayúscula, el amor de Dios. Este amor llena de
sentido la vida familiar, este amor llena de sentido la convivencia
familiar, este amor es el que nos trajo nuestra Niña hace 477
años. Mis amados hermanos, ¿por qué somos felices? ¿sabemos realmente
cuándo somos más felices?
Esta mañana en la que el Señor Jesús les da una probadita a
sus discípulos de qué significa vivir unidos a Él y serle fieles:
la transfiguración. Miren: la felicidad humana guarda una
relación profunda con ese amor familiar que se engendra, que crece
y se desarrolla cuando Cristo está presente, sólo cuando Cristo
está presente. Miren: la familia se engendra, crece y se desarrolla
y es que, mis hermanos, créanme, a la persona humana, para alcanzar
la felicidad no le basta cualquier amor, no, necesita del amor
verdadero que es el revelado, que es el manifestado, que es el
engendrado precisamente por nuestro Señor Jesucristo, que es el
amor que se corresponde con la verdad del ser, del hombre y de
su vocación.
Bienaventurada la familia formada por el matrimonio cristiano
de un hombre y una mujer, y no con esos disparates, matrimonios
de hombre con hombre y mujer con mujer. ¡Son disparates! eso no
está de acuerdo a los planes de Dios. Bienaventurada la familia
formada por el matrimonio cristiano de un hombre y una mujer que
con sus hijos descubren que la familia es la escuela más rica
del humanismo y que es decisiva para la educación integral de
todos los hombres desde el inicio mismo de la vida. Bienaventurada
la familia que asume con gozo el reto de transmitir la fe a sus
hijos haciendo verdad lo que es la familia cristiana, iglesia
domestica, nos dice el Magisterio de la Iglesia, iglesia
domestica.
Bienaventurada la familia que reconoce, que asume y vive los
valores perennes y reconocidos por la ley natural, deberes de
los padres para con los hijos al engendrarlos, las virtudes paterno-filiales
de sacrificio y gratitud al servicio del bien común de la familia.
Mis amados hermanos y hermanas: que nos quede bien clarito, bien
clarito, cuando Cristo es el centro de la familia, la familia
refleja de verdad lo que es esta familia trinitaria: Padre, Hijo
y Espíritu Santo, que vamos a meditar y a contemplar el día de
mañana en la celebración de la Santísima Trinidad. Mis hermanos:
sólo desde Jesucristo que nos revela, nos manifiesta y nos entrega
lo que es el auténtico amor, la familia podrá crecer sana y salva.
Que nuestra Niña y Muchachita Santa María de Guadalupe, Mujer
Eucarística nos lleve cada día a vivir más intensamente la Santa
Eucaristía.
Que así sea. Al finalizar la Eucaristía, los participantes
del VI Congreso se trasladaron al Atrio del Santuario, para continuar
con la fiesta del amor de Guadalupe. La conducción del evento
estuvo a cargo de la Sra. Ivonne Cobián quien con gran alegría
y testimonio de fe, amor y vida, animó a los presentes a escuchar,
reflexionar y vivir la Palabra de Dios, proclamada elocuentemente
por los conferencistas: Mons. Diego Monroy y el Pbro. Córdova
de Jerusalén.
La
Directora del VI Congreso Sra. Lizy de Gerard, dio una gran bienvenida
a los asistentes, exhortándolos a testificar y contagiar el amor
de Dios a todas las familias. La Adoración al Santísimo Sacramento
estuvo a cargo de Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz, Rector del
Templo Expiatorio a Cristo Rey (Antigua Basílica), quien condujo
a los fieles a vivir un momento de intimidad con quien es el Amor
de los Amores, el Camino, la Verdad y la Vida de todas las familias,
así como a comprometernos ante el Rey de Reyes a defender la vida
desde su concepción. Con mucha veneración y piedad, Manuel Capetillo
rezó el Santo Rosario acompañado del Coro Renacimiento. Los testimonios
vertidos durante el congreso, edificaron grandemente a los asistentes.
La participación musical del grupo “Pandora”, fue realmente
extraordinaria, invadió de entusiasmo a las familias y las motivo
a cantar y bailar como ofrenda de gozo al Señor y a la Guadalupana,
así como también la intervención del cantante Rodrigo Fernández.
Para finalizar, la Sra. Cobian y la Sra. Gerard, expresaron cariñosamente
su gratitud a los presentes y extendieron su invitación al próximo
Congreso a celebrarse, Dios mediante, el mes de mayo 2009.

Año VII, núm. 90. Junio de 2008.
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