Del 20 de enero al 28 de marzo de 2004,
se presentará la exposición Iberoamérica Mestiza. Encuentro de Pueblos
y Culturas en el Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec
en la Ciudad de México.
La muestra fue organizada por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural
Exterior de España, y viene de presentarse con éxito en las instalaciones
del Centro Cultural de la Villa de la ciudad de Madrid en España,
durante los meses de octubre y noviembre.
La exposición plantea visualmente la problem·tica del mestizaje, concepto
que ha generado discusiones y reacciones varias entre los estudiosos
del tema.
La palabra mestizo nos lleva, en un primer término, a designar al
ser humano fruto de la unión de español e india.
Ya desde el siglo XVII había surgido la necesidad de plasmar en imágenes
estas “mezclas” raciales a travós del género conocido como pintura
de castas, y aunque escasas, también existen alusiones de éstas en
la literatura novohispana.
Sin embargo la palabra fue utilizada, en innumerables ocasiones, para nombrar
al producto de la unión de parejas asimétricas. En la gran mayoría de los casos
se hacía en sentido peyorativo, y dado el orden jerárquico establecido
en la Nueva España, el vocablo evocaba la superioridad del ser europeo
frente al americano.
El mestizaje entonces, no sólo se referirá a una mezcla racial específica
entre español e india, sino al encuentro carnal y cultural entre diversos
pueblos.
El problema de la identidad mestiza y sus manifestaciones artísticas, es
expuesto en el Museo Nacional de Historia a través de diez núcleos
temáticos entre los que se encuentran “Los participantes en el mestizaje”,
“Los libros de dos mundos”, “Creencias” y “El Arte del Mestizaje”.
Las piezas que se presentan provienen de colecciones de España, México,
Perú, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Puerto Rico, Chile y
Colombia.
En la exposición Iberoamérica Mestiza. Encuentro de Pueblos y Culturas,
el Museo de la Basílica de Guadalupe se hace presente a través de
cinco obras, de las cuales se comentan sólo dos en este artículo.
El Museo participa continuamente en exposiciones nacionales e internacionales
ya que las obras que conforman su acervo son extraordinarias tanto
por su calidad artística como por su contenido simbólico, además de
que éstas son susceptibles de transmitir conceptos específicos dentro
de los guiones museológicos que elaboran los curadores de las exposiciones.
La imagen de la Virgen María en su advocación de Guadalupe del Tepeyac
fue y sigue siendo pieza central dentro del aparato religioso de la
Ciudad de México, de la Nueva España y de América Latina.
Su figura mestiza dada a conocer por medio de una imprimación portentosa,
refleja la unión de lo indígena y lo español, del culto prehispánico
y la religiosidad cristiana, de Tonantzin y María ambos vocablos asociados
a la maternidad celestial.
Una escultura en piedra basáltica de la Virgen de Guadalupe, probablemente
manufacturada en el siglo XVII, parece ser de las más tempranas dada
su apariencia un tanto primitiva, misma que permite situarla a caballo
entre la talla de ídolos y las imágenes cristianas.
En el siglo XVIII, el culto a la Virgen del Tepeyac se encontraba en pleno
desarrollo. Múltiples recursos literarios y visuales buscaban sustentar
firmemente el aparato religioso de claro matiz guadalupano, mismo
que daría solidez a un naciente criollismo mexicano.
Al recibir la máxima sanción eclesiástica que se otorga a una imagen: oficio
y misa propia en 1754, la advocación de Guadalupe aparecida en tierra
americana se elevaba a la categoría de imagen “canonizada”, a la altura
de las de Loreto y del Pilar de Zaragoza.
Ya con anterioridad, la Virgen de Guadalupe había sido favorecida por el
pueblo mexicano al declararla patrona de la Ciudad de México en 1737
y de la Nueva España en 1746. Estos acontecimientos quedaron plasmados en obras de carácter político,
como se ve en el lienzo anónimo titulado Nuestra Señora de Guadalupe
de México, patrona de la Nueva España.
La imagen resplandeciente de la Virgen se encuentra al centro de la
pintura, rodeada de las nubes que hacen posible visualizarla terrenalmente,
así como de las cuatro apariciones enmarcadas en medallones y la ornamentación
floral distintiva del portento.
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María de Guadalupe toma posesión del patronato al posarse sobre las armas
del reino que le sirven de peana en medio de dos masas continentales
pero por encima y superior a ambas, siendo Ella el resultado de ese
encuentro cultural. Así, AMÉRICA personificada como el “indio salvaje”
vestido de plumas y portando carcaj, pronuncia el salmo 147, mismo
que se convertiría en divisa guadalupana y dejaría patente una distinción
territorial frente al Viejo Mundo: NON FECIT TALITER OMNI NATIONI
(No hizo cosa igual con ninguna otra nación). Y por su lado, EUROPA
ataviada de capa y armiño, ofrece su corona como tributo y pleitesía
a la Virgen mexicana.
Ocupando por completo el lienzo a manera de copia fiel del sagrado original
o acompañada por las escenas aparicionistas de carácter didáctico,
posándose sobre las armas mexicanas para las representaciones de las
juras o bien como lienzo en plena manufactura dentro del “taller celestial”.
Legitimando su origen divino, como madre protectora del clero regular
y secular en las imágenes de patrocinio o acompañando la dicha y pesar
de los fieles expresado en los exvotos, pero siempre dejando patente
su amor por los nacidos en tierras americanas, la Virgen del Tepeyac
se ha reproducido en pintura, escultura, grabado, orfebrería, textil,
fotografía, artes aplicadas y arte popular.
Nuestra Señora de Guadalupe es espejo del mestizaje cultural entre pueblos,
entre el ser europeo y americano, entre el español e indígena. Iberoamérica Mestiza. Encuentro de Pueblos y Culturas es una exposición
que no podía prescindir de la Virgen morena, y ya que la colección
del Museo de la Basílica de Guadalupe es la que resguarda el acervo
más importante del tema mariano en México, la colaboración con esta
muestra ha sido relevante para la transmisión de la idea de mestizaje
a través de variados recorridos visuales.