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Los pintores Arellano en el Museo
de la Basílica de Guadalupe

Davayane Amaro*I
Investigadora del Archivo Histórico
del Distrito Federal

Arellano
(¿Manuel? Activo entre 1692 y 1721)
(¿Antonio? Activo entre 1693 y 1711)
La coronación de la Virgen
Siglo XVII-XVIII
Óleo sobre tela
161.5 x 161.5
Col. Museo de la Basílica de Guadalupe
Fotografía: Arturo Piera  

Entre la vasta colección de pintura virreinal con que cuenta el Museo de la Basílica de Guadalupe se encuentra La Coronación de la Virgen, firmada por Arellano, cuyo tema en estricto sentido es la Asunción de María.

En este caso, como en muchos otros de la pintura barroca española y novohispana, la composición ofrece una versión enriquecida del tema, pues no sólo se representa el hecho mismo de la Asunción, sino incluye la coronación de la Virgen por parte de la Santísima Trinidad, que la recibe en la gloria.
Según la tradición, un ángel le anunció a María su muerte próxima y le entregó una palma del paraíso. En el momento de su tránsito, la Virgen estuvo acompañada milagrosamente por los apóstoles, quienes en cortejo fúnebre la enterraron junto a san José.

Y velaron su tumba durante tres días, al cabo de los cuales la abrieron para consuelo de santo Tomás, quien no había estado presente durante la expiración. El sepulcro apareció entonces vacío, pues se le había concedido a la Virgen la gracia de ser asunta al cielo en compañía de los ángeles.[1]

En la pintura de Arellano, los planos celeste y terrenal están plenamente diferenciados por el tratamiento formal que reciben. El celestial predomina decididamente en la composición, tanto por el espacio que se le asigna como por la solidez con que fueron representadas sus figuras. Por el contrario, los hechos terrenales, los apóstoles alrededor de la tumba mirando un rompimiento de gloria, están reducidos a un espacio mínimo, con figuras ligeras gracias a la monocromía blancoazulosa y a las pinceladas abocetadas que no proporcionan detalles definidos.

La mayor parte del cuadro es ocupado por la escena celeste, donde la imagen de María ocupa la parte central y es el eje de la composición; las flexiones de su cuerpo, los pliegues y caídas de sus vestiduras, imprimen un delicado dinamismo a la obra, mientras que la curva formada por la figura de Jesús crea un contrapeso a la de María y fija la atención en el motivo de la coronación.

La Virgen, quien con la cabeza inclinada y la mirada desviada se muestra reverente ante la presencia de la Santísima Trinidad, aparece representada con elementos de la Purísima Concepción: la luna bajo sus pies, la túnica blanca y el manto azul, e incluso la propia coronación por parte de la Trinidad, que es común en representaciones de la Tota Pulcra. Vale la pena destacar aquí las fraternales figuras de un grupo de angelillos que, fuera de lo común en la representación de este tema, no aparecen como atlantes sosteniendo a la Madre de Dios en su asunción.[2]
La coronación de la Virgen, que presenta claramente la firma Arellano f., ha sido fechada como de los siglos XVII-XVIII, es decir, en un periodo de transición entre ambos siglos.

A pesar de la rúbrica, no es fácil precisar quién fue el autor de esta obra pues los pintores novohispanos de apellido Arellano representan una verdadera problemática histórico-artística.[3]

Manuel de Arellano (activo entre
1692 y 1721)
Ex-voto del capitán don Pedro Antonio
de Andrade Peralla, ca. 1700
Óleo sobre tela
121 x 96 cm.
Col. Museo de la Basílica de Guadalupe
Fotografía: Arturo Piera  

Se trata de más de uno, pero como la mayoría de las obras firmadas únicamente presentan el apellido, es difícil deslindar a quién pertenece cada pieza. Con seguridad contamos con noticias de dos pintores Arellano que trabajaron a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII: Antonio y Manuel, a los que se podría agregar un tercero, el “Mudo Arellano”, cuyo mote parece indicar que no se trata de ninguno de los anteriores.

Durante mucho tiempo se ha discutido la existencia de un José, al quien se habían atribuido destacadas obras de los anteriores. Sin embargo, en el periodo mencionado no parece que haya existido ningún pintor “José Arellano”, aunque tal vez sí hacia 1770, cuando se reporta un cuadro perteneciente a la colección Lamborn del Museo de Arte de Filadelfia.

Si bien tenemos muy pocos datos sobre sus vidas, sabemos que Antonio y Manuel fueron padre e hijo, respectivamente, como lo atestiguan los testamentos de Antonio de Arellano y su esposa, Magdalena Vázquez de Urbina, y el de Manuel de Arellano.[4]

Antonio desempeñó los más altos cargos en el gremio de pintores y doradores de la ciudad de México, alternando con personalidades como Cristóbal de Villalpando y Juan Correa.

Desconocemos su fecha de nacimiento, pero sabemos que en 1693 fungió como veedor en su gremio para lo cual debía ser ya un artista bastante consolidado y apreciado por sus colegas.[5]La fecha más temprana que se tiene en las noticias sobre Manuel de Arellano es 1691, cuando aparece declarando ante el tribunal de la Inquisición en una investigación sobre pinturas “deshonestas”; entonces dijo estar soltero, ser natural y vecino de la ciudad de México, ejercer el oficio de pintor y tener 28 años de edad, lo que fija 1663 como su año de nacimiento.[6] Manuel de Arellano hizo testamento el 13 de noviembre de 1722 y en él, además de indicar que fue hijo de Antonio de Arellano y Magdalena Vázquez de Urbina, señala que se mantuvo soltero y no tuvo hijos legítimos ni naturales, por lo que nombró como heredero único y universal a Calletano Joseph Losano, "a quien he criado en mi casa y compañía enseñándole el oficio de pintor queriéndole como hijo y él obedeciéndome como a padre, ayudándome siempre con su trabajo cuidado y vigilancia a ganar las comidas[…]".
[7]El pintor murió por aquellos días.

Entre las valiosas obras conservadas de los Arellano deben destacarse, de Manuel, un Exvoto del Capitán don Pedro Antonio de Andrade Peralta (ca. 1700), perteneciente también a la colección del Museo de la Basílica de Guadalupe; y firmado sólo como Arellano, el Traslado de la Imagen y la inauguración del santuario de la Virgen de Guadalupe en 1709, de una colección particular en España.

Como aún no se ha realizado un estudio profundo de estos artistas que proporcione suficientes elementos formales para distinguir a quién pertenece cada obra, actualmente no es posible aclarar si es Antonio o Manuel el autor de La coronación de la Virgen que aquí se ha comentado.


Notas

[1] Elisa Vargas Lugo, “La vida de María”, en Elisa Vargas Lugo et al., Juan Correa, su vida y su obra. México: unam, Instituto de Investigaciones Estéticas, 1994. t. iv, 1ª parte, pp. 86-87.
[2] Francisco Pacheco, influyente tratadista sevillano del siglo XVII, precisaba que “pintar a la Virgen rodeada de ángeles, que parece que la están ayudando y levantando su cuerpo, no es porque con la virtud de los ángeles subiese ni fuese esta menester, pues un cuerpo glorioso por su virtud y dotes lo puede hacer, sino para dar a entender que estos divinos espíritus le acompañaban en la subida con la pompa y gloria debida a su Majestad, con la cual fue recibida en el cielo de toda la santísima Trinidad”, en El arte de la pintura, Madrid: Cátedra, 1990 [1649], p. 657
[3] Un recuento de obras firmadas “Arellano” y un planteamiento del problema puede encontrarse en Rosa María Uribe Rivera,Tepepan, arte e historia”, tesis de maestría en Historia del Arte, México: unam, Facultad de Filosofía y Letras 1998; otro planteamiento se localiza en Gabriela Davayane Amaro Ortega, “La vista en la plaza: el fenómeno pictórico de las vistas de plazas en la ciudad de México del siglo XVIII”, tesis de licenciatura en historia, México: unam, Facultad de Filosofía y Letras, 2000.
[4] Archivo General de Notarías [agnot], “Documento que se refiere al testamento de Antonio de Arellano y su esposa. 5 de enero de 1692”, Nicolás Varela, notario núm. 691, ciudad de México, apud. Rosa María Uribe, op. cit., p. 241; agnot, “Testamento de Manuel de Arellano, 13 de noviembre del año de 1722”, Registro de Escrituras Públicas de Juan de Dios de Rivera, notario núm. 199, ciudad de México, 1722, libro 1328, f. 339r.
[5] agnot, “Acta de elección de alcaldes y veedores de las artes de la pintura, dorado y estofado. 30 de enero de 1695”, Nicolás López, notario núm. 339,  ciudad de México; Elisa Vargas Lugo  et al., op. cit.  t. III p. 97.
[6] “Ovidio censurado: los lienzos de pintura lasciva del marqués de Celada (historia de un proceso inquisitorial, 1692)” en Alberto Dallal (ed.), La abolición del arte. XXI Coloquio Internacional de Historia del Arte, México: unam-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1998, p. 283.
[7] “Testamento de Manuel de Arellano”, vid. supra nota 4.



   Año III, núm. 45. Septiembre
2004.

 
 
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