| |
Los
pintores Arellano en el Museo
de la Basílica de Guadalupe
Davayane AmaroI
Investigadora del Archivo Histórico
del Distrito Federal
 |
|
Entre la vasta colección
de pintura virreinal con que cuenta el Museo de la Basílica de Guadalupe
se encuentra La Coronación de la Virgen, firmada por
Arellano, cuyo tema en estricto sentido es la Asunción de María.
En este caso, como en muchos otros de la pintura barroca española
y novohispana, la composición ofrece una versión enriquecida del
tema, pues no sólo se representa el hecho mismo de la Asunción,
sino incluye la coronación de la Virgen por parte de la Santísima
Trinidad, que la recibe en la gloria.
Según la tradición, un ángel le anunció a María su muerte próxima
y le entregó una palma del paraíso. En el momento de su tránsito,
la Virgen estuvo acompañada milagrosamente por los apóstoles, quienes
en cortejo fúnebre la enterraron junto a san José.
Y velaron su tumba durante
tres días, al cabo de los cuales la abrieron para consuelo de santo
Tomás, quien no había estado presente
durante la expiración. El sepulcro apareció entonces vacío, pues
se le había concedido a la Virgen la gracia de ser asunta al cielo
en compañía de los ángeles.En la pintura de Arellano,
los planos celeste y terrenal están plenamente diferenciados por
el tratamiento formal que reciben. El celestial predomina decididamente
en la composición, tanto por el espacio que se le asigna como por
la solidez con que fueron representadas sus figuras. Por el contrario,
los hechos terrenales, los apóstoles alrededor de la tumba mirando
un rompimiento de gloria, están reducidos a un espacio mínimo, con
figuras ligeras gracias a la monocromía blancoazulosa y a las pinceladas
abocetadas que no proporcionan detalles definidos.
La mayor parte del cuadro es ocupado por la escena celeste, donde
la imagen de María ocupa la parte central y es el eje de la composición;
las flexiones de su cuerpo, los pliegues y caídas de sus vestiduras,
imprimen un delicado dinamismo a la obra, mientras que la curva
formada por la figura de Jesús crea un contrapeso a la de María
y fija la atención en el motivo de la coronación.
La Virgen, quien con la cabeza inclinada y la mirada desviada se
muestra reverente ante la presencia de la Santísima Trinidad, aparece
representada con elementos de la Purísima Concepción: la
luna bajo sus pies, la túnica blanca y el manto azul, e incluso
la propia coronación por parte de la Trinidad, que es común en representaciones
de la Tota Pulcra. Vale la pena destacar aquí las fraternales
figuras de un grupo de angelillos que, fuera de lo común en la representación
de este tema, no aparecen como atlantes sosteniendo a la Madre de
Dios en su asunción.La coronación de la Virgen,
que presenta claramente la firma Arellano f.,
ha sido fechada como de los siglos XVII-XVIII, es decir, en un periodo
de transición entre ambos siglos.
A pesar de la rúbrica, no es fácil precisar quién fue el autor de
esta obra pues los pintores novohispanos de apellido Arellano representan
una verdadera problemática histórico-artística.
 |
|
Se
trata de más de uno, pero como la mayoría de las obras firmadas
únicamente presentan el apellido, es difícil deslindar a quién pertenece
cada pieza. Con seguridad contamos con noticias de dos pintores
Arellano que trabajaron a finales del siglo XVII y principios del
siglo XVIII: Antonio y Manuel, a los que se podría agregar un tercero,
el “Mudo Arellano”, cuyo mote parece indicar que no se trata de
ninguno de los anteriores.
Durante mucho tiempo se ha discutido la existencia de un José, al
quien se habían atribuido destacadas obras de los anteriores. Sin
embargo, en el periodo mencionado no parece que haya existido ningún
pintor “José Arellano”, aunque tal vez sí hacia 1770, cuando se
reporta un cuadro perteneciente a la colección Lamborn del Museo
de Arte de Filadelfia.
Si bien tenemos muy pocos datos sobre sus vidas, sabemos que Antonio
y Manuel fueron padre e hijo, respectivamente, como lo atestiguan
los testamentos de Antonio de Arellano y su esposa, Magdalena Vázquez
de Urbina, y el de Manuel de Arellano.
Antonio desempeñó los más altos cargos en el gremio de pintores
y doradores de la ciudad de México, alternando con personalidades
como Cristóbal de Villalpando y Juan Correa.
Desconocemos su fecha de nacimiento, pero sabemos que en 1693 fungió
como veedor en su gremio para lo cual debía ser ya un artista bastante
consolidado y apreciado por sus colegas.La
fecha más temprana que se tiene en las noticias sobre Manuel de
Arellano es 1691, cuando aparece declarando ante el tribunal de
la Inquisición en una investigación sobre pinturas “deshonestas”;
entonces dijo estar soltero, ser natural y vecino de la ciudad de
México, ejercer el oficio de pintor y tener 28 años de edad, lo
que fija 1663 como su año de nacimiento.
Manuel de Arellano hizo testamento el 13 de noviembre de 1722 y
en él, además de indicar que fue hijo de Antonio de Arellano y Magdalena
Vázquez de Urbina, señala que se mantuvo soltero y no tuvo hijos
legítimos ni naturales, por lo que nombró como heredero único y
universal a Calletano Joseph Losano, "a quien he criado en
mi casa y compañía enseñándole el oficio de pintor queriéndole como
hijo y él obedeciéndome como a padre, ayudándome siempre con su
trabajo cuidado y vigilancia a ganar las comidas[…]". El pintor
murió por aquellos días.
Entre las valiosas obras conservadas de los Arellano deben destacarse,
de Manuel, un Exvoto del Capitán don Pedro Antonio de Andrade
Peralta (ca. 1700), perteneciente también a la colección
del Museo de la Basílica de Guadalupe; y firmado sólo como Arellano,
el Traslado de la Imagen y la inauguración del santuario de la
Virgen de Guadalupe en 1709, de una colección particular en
España.
Como aún no se ha realizado un estudio profundo de estos artistas
que proporcione suficientes elementos formales para distinguir a
quién pertenece cada obra, actualmente no es posible aclarar si
es Antonio o Manuel el autor de La coronación de la Virgen
que aquí se ha comentado.
Notas
Elisa Vargas Lugo, “La vida de María”, en Elisa Vargas Lugo
et al., Juan Correa, su vida y su obra. México: unam,
Instituto de Investigaciones Estéticas, 1994. t. iv, 1ª parte, pp. 86-87.
Francisco Pacheco, influyente tratadista sevillano del siglo
XVII, precisaba que “pintar a la Virgen rodeada de ángeles, que parece
que la están ayudando y levantando su cuerpo, no es porque con la virtud
de los ángeles subiese ni fuese esta menester, pues un cuerpo glorioso
por su virtud y dotes lo puede hacer, sino para dar a entender que estos
divinos espíritus le acompañaban en la subida con la pompa y gloria
debida a su Majestad, con la cual fue recibida en el cielo de toda la
santísima Trinidad”, en El arte de la pintura, Madrid: Cátedra,
1990 [1649], p. 657
Un recuento de obras firmadas “Arellano” y un planteamiento
del problema puede encontrarse en Rosa María Uribe Rivera, “Tepepan,
arte e historia”, tesis de maestría en Historia del Arte, México: unam,
Facultad de Filosofía y Letras 1998; otro planteamiento se localiza
en Gabriela Davayane Amaro Ortega, “La vista en la plaza: el fenómeno
pictórico de las vistas de plazas en la ciudad de México del siglo XVIII”,
tesis de licenciatura en historia, México: unam, Facultad de Filosofía
y Letras, 2000.
Archivo General de Notarías [agnot], “Documento que se refiere
al testamento de Antonio de Arellano y su esposa. 5 de enero de 1692”,
Nicolás Varela, notario núm. 691, ciudad de México, apud. Rosa
María Uribe, op. cit., p. 241; agnot, “Testamento de Manuel de
Arellano, 13 de noviembre del año de 1722”, Registro de Escrituras Públicas
de Juan de Dios de Rivera, notario núm. 199, ciudad de México, 1722,
libro 1328, f. 339r.
agnot, “Acta de elección de alcaldes y veedores de las artes
de la pintura, dorado y estofado. 30 de enero de 1695”, Nicolás López,
notario núm. 339, ciudad de México; Elisa Vargas Lugo
et al., op. cit. t. III p. 97.
“Ovidio censurado: los lienzos de pintura lasciva del marqués
de Celada (historia de un proceso inquisitorial, 1692)” en Alberto Dallal
(ed.), La abolición del arte. XXI Coloquio Internacional de Historia
del Arte, México: unam-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1998,
p. 283.
“Testamento de Manuel de Arellano”, vid. supra nota
4.

Año III, núm. 45. Septiembre 2004.
|
|