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La Villa de Guadalupe visita desde el cielo: una sugestiva estampa del siglo XIX. (Parte 1)

Víctor T. Rodríguez Rangel
Museo Nacional de Arte
Subdirección de Curaduría

Casimiro Castro realizó una reproducción panorámica de la Villa de Guadalupe y sus alrededores un 12 de diciembre, según reza el texto de esta imagen dibujada desde la canastilla de un globo en un encuadre de sur a norte. Posteriormente, esta vista pasó a la piedra litográfica para su distribución comercial.

El amplio rectángulo en posición horizontal que domina los primeros planos a todo lo ancho, indica el espacio ocupado por el santuario guadalupano y, dentro de esta área, se alzan las fachadas, torres y cúpulas de los monumentos de devoción mariana, mismas que destacan sobre las homogéneas y bajas azoteas de las manzanas de casas que conformaban el poblado en torno al conjunto católico: la Colegiata o Basílica Antigua con sus cuatro torres, el Convento de Capuchinas, la Parroquia Vieja de Indios y la Capilla del Pocito. En el plano superior se mira la Sierra de Guadalupe empezando por el cerro del Tepeyac que luce sus rampas de fábrica humana y, en el remate, la Capilla del Cerrito.

Casimiro CASTRO (1826-1889)
dibujó y grabó, Decaen, editó
La Villa de Guadalupe el 12 de diciembre de 1853, 1855
Litografía
Col. Museo de la Basílica de Guadalupe
Casimiro CASTRO (1826-1889)
dibujó y grabó Decaen, editó
La ciudad de México. Tomada en globo
En: Marcos Arroniz, et. al., México y sus alrededores...
(1855-1856)
Litografía a color
Fondo Ricardo Pérez Escamilla
Museo Nacional de Arte
Casimiro CASTRO (1826-1889)
dibujó y grabó Decaen, editó
La Alameda de México. Tomada en globo (detalle)
En: Marcos Arroniz, et al., México y sus alrededores...
(1855-1856)
Litogrfía a color
Fondo: Ricardo Pérez Escamilla
Museo Nacional de Arte

En lontananza, en el ángulo superior derecho, se ubica una lejana serranía y el lago de San Cristóbal[1]. La composición apaisada se encuentra minuciosamente animada por una multitud de fieles en la plaza y otros peregrinos que, como un torrente, siguen arribando por la calzada de Guadalupe.

Obsérvese también una fuente, unos carruajes y una serie de puestos y barracas de tejamanil que asoman de entre la miniaturizada congregación. Resulta interesante destacar que el artista realizó esta composición desde un globo aerostático. En nuestro país, muchas de estas obras pasaron a la piedra litográfica y de ahí a ilustrar en serie la más increíble publicación gráfico-literaria mexicana de la década del cincuenta del siglo XIX: México y sus alrededores[2].

Trabajo monumental publicado para entregas a los suscriptores, como era costumbre, por la impresora litográfica de Decaen, editor, en los años de 1855 y 1856, y reeditado varias veces, con nuevas láminas, en los años de 1864, 1874 y 1878.  Todas las ediciones contienen textos descriptivos de las vistas, escritos por los más connotados literatos de su tiempo. La proliferación de los talleres litográficos en el país significó una verdadera revolución cultural que llevó la imagen, a través de la ilustración comercial, a casi todos los sectores urbanos del siglo XIX.

De las prensas surgió la expresión visual de los liberales, de los conservadores, de los románticos, de los científicos y de los paisajistas, entre otros. Las vistas aéreas fueron novedosos recursos para los dibujantes del género del paisaje urbano (entre otros instrumentos modernos como la caja negra, teodolito, daguerrotipo, fotometría, gonioscopio y binoculares).

Estas vistas se incorporaron al quehacer de la valoración visual de los monumentos, plazas y ciudades. La sociedad capitalina y nacional se maravilló con aquellas deliciosas estampas dibujadas y litografiadas por Casimiro Castro y su equipo editadas en México y sus alrededores; el éxito comercial fue innegable.

De esas obras de arte, ningunas más espectaculares que las que Castro bosquejó desde la canastilla de mimbre de un globo: La Villa de Guadalupe, tomada desde Chapultepec; La Plaza de Armas de México, vista a ojo de pájaro; La Alameda de México, tomada en globo; El Valle de México, tomado desde las alturas de Chapultepec; La ciudad de México, tomada en globo y, por supuesto, La Villa de Guadalupe, tomada en globo[3]

Los globos, en el mediar del siglo XIX, eran un atractivo espectacular que no se veía todos los días, pero que ya habían forjado su historia en nuestro país. El primer globo no tripulado fue elevado en Veracruz en enero de 1785, y lo hizo el capitán Antonio M. Fernández.

La noche del 4 de marzo de 1786 Valdés, el autor de las gacetas, elevó en el patio del Palacio Virreinal un globo en honor del Virrey Gálvez. En lo alto apareció un letrero que decía “Vivan sus excelencias”. Posteriormente vino un extranjero, el Sr. Eugenio Robertson, quien hizo ascensiones con gas hidrógeno (1835); una la hizo a caballo, acentuando las connotaciones pintorescas y circenses del globo, y otra acompañado de una pobre muchacha muerta de miedo.

El único mexicano que hizo ascensiones con gas hidrógeno fue el ingeniero don Benito León Acosta el primero de mayo de 1842. El vuelo lo dedicó al bello sexo mexicano (a las mujeres). En Tulancingo, Hidalgo, tuvo lugar un ascenso con un globo inflado con aire caliente y en él subió un cirquero de apellido Alemán, haciendo cabriolas en un trapecio. El más famoso volador en globo de la segunda mitad del siglo XIX, fue el célebre don Joaquín de la Cantolla y Rico, empleado de telégrafos federales y que tuvo la extravagancia de gastar todo su dinero en hacer ascensiones que duraban unos cuantos minutos[4].

El globo, popularmente llamado “de Cantolla”, es un hito en la historia cotidiana de la ciudad de México del cambio de los siglos XIX al XX.


Notas

[1] En otros tiempos, el lago de San Cristóbal y el de Zumpango eran uno mismo, hoy no existentes, su rivera llegaba hasta el margen de Teotihuacan y en la actualidad en su lugar están los municipios de Ecatepec, Coacalco, Ojo de Agua, Acolman. Antonio García Cubas, Atlas Pintoresco e Histórico de los Estados Unidos Mexicanos, imprenta de Debray Sucesores, 1885.
[2] México y sus alrededores; colección de vistas, trajes y monumentos. facsímil de la segunda edición publicada por José Decaen en México 1864, prefacio de José E. Iturriaga, México: Inversora Bursátil, 1989.
[3] Ricardo Pérez Escamilla, “Casimiro Castro. Por los frutos conoces el árbol, a México por sus artistas” en Casimiro Castro y su taller. México, Fomento Cultural Banamex-Instituto Mexiquense de Cultura, 1996, p.77
[4] José L. Cossío, Guía retrospectiva de la ciudad de México, México: Inversora Bursátil, 21994: p. 75-76.


   Año VI, núm. 74. Febrero de
2007.

 
 
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