En lontananza, en el
ángulo superior derecho, se ubica una lejana serranía y el lago
de San Cristóbal. La composición apaisada se encuentra minuciosamente animada
por una multitud de fieles en la plaza y otros peregrinos que,
como un torrente, siguen arribando por la calzada de Guadalupe.
Obsérvese también una fuente, unos carruajes y una serie
de puestos y barracas de tejamanil que asoman de entre la miniaturizada
congregación. Resulta interesante destacar que el artista realizó
esta composición desde un globo aerostático. En nuestro país,
muchas de estas obras pasaron a la piedra litográfica y de ahí
a ilustrar en serie la más increíble publicación gráfico-literaria
mexicana de la década del cincuenta del siglo XIX: México y
sus alrededores.
Trabajo monumental publicado para entregas a los suscriptores,
como era costumbre, por la impresora litográfica de Decaen, editor,
en los años de 1855 y 1856, y reeditado varias veces, con nuevas
láminas, en los años de 1864, 1874 y 1878. Todas las ediciones
contienen textos descriptivos de las vistas, escritos por los
más connotados literatos de su tiempo. La proliferación de los
talleres litográficos en el país significó una verdadera revolución
cultural que llevó la imagen, a través de la ilustración comercial,
a casi todos los sectores urbanos del siglo XIX.
De las prensas surgió la expresión visual de los liberales,
de los conservadores, de los románticos, de los científicos y
de los paisajistas, entre otros. Las vistas aéreas fueron novedosos
recursos para los dibujantes del género del paisaje urbano (entre
otros instrumentos modernos como la caja negra, teodolito, daguerrotipo,
fotometría, gonioscopio y binoculares).
Estas vistas se incorporaron al quehacer de la valoración
visual de los monumentos, plazas y ciudades. La sociedad capitalina y nacional se maravilló con aquellas
deliciosas estampas dibujadas y litografiadas por Casimiro Castro
y su equipo editadas en México y sus alrededores; el éxito
comercial fue innegable.
De esas obras de arte, ningunas más espectaculares que
las que Castro bosquejó desde la canastilla de mimbre de un globo:
La Villa de Guadalupe, tomada desde Chapultepec; La Plaza de
Armas de México, vista a ojo de pájaro; La Alameda de México,
tomada en globo; El Valle de México, tomado desde las alturas
de Chapultepec; La ciudad de México, tomada en globo y, por supuesto,
La Villa de Guadalupe, tomada en globo.
Los globos, en el mediar del siglo XIX, eran un atractivo
espectacular que no se veía todos los días, pero que ya habían
forjado su historia en nuestro país. El primer globo no tripulado
fue elevado en Veracruz en enero de 1785, y lo hizo el capitán
Antonio M. Fernández.
La noche del 4 de marzo de 1786 Valdés, el autor de las
gacetas, elevó en el patio del Palacio Virreinal un globo en honor
del Virrey Gálvez. En lo alto apareció un letrero que decía “Vivan sus excelencias”.
Posteriormente vino un extranjero, el Sr. Eugenio Robertson, quien
hizo ascensiones con gas hidrógeno (1835); una la hizo a caballo,
acentuando las connotaciones pintorescas y circenses del globo,
y otra acompañado de una pobre muchacha muerta de miedo.
El único mexicano que hizo ascensiones con gas hidrógeno
fue el ingeniero don Benito León Acosta el primero de mayo de
1842. El vuelo lo dedicó al bello sexo mexicano (a las mujeres).
En Tulancingo, Hidalgo, tuvo lugar un ascenso con un globo inflado
con aire caliente y en él subió un cirquero de apellido Alemán,
haciendo cabriolas en un trapecio. El más famoso volador en globo de la segunda mitad del
siglo XIX, fue el célebre don Joaquín de la Cantolla y Rico, empleado
de telégrafos federales y que tuvo la extravagancia de gastar
todo su dinero en hacer ascensiones que duraban unos cuantos minutos.
El globo, popularmente llamado “de Cantolla”, es un hito
en la historia cotidiana de la ciudad de México del cambio de
los siglos XIX al XX.
Notas
En otros tiempos, el lago de San Cristóbal y el de Zumpango
eran uno mismo, hoy no existentes, su rivera llegaba hasta el
margen de Teotihuacan y en la actualidad en su lugar están los
municipios de Ecatepec, Coacalco, Ojo de Agua, Acolman. Antonio
García Cubas,
Atlas Pintoresco e Histórico de los Estados Unidos Mexicanos,
imprenta de Debray Sucesores, 1885.
México y sus alrededores; colección de vistas,
trajes y monumentos. facsímil de la segunda edición
publicada por José Decaen en México 1864, prefacio de José E.
Iturriaga, México: Inversora Bursátil, 1989.
Ricardo Pérez Escamilla,
“Casimiro Castro. Por los frutos conoces el árbol, a México por
sus artistas” en Casimiro Castro y su taller. México, Fomento
Cultural Banamex-Instituto Mexiquense de Cultura, 1996, p.77
José L. Cossío,
Guía retrospectiva de la ciudad de México, México: Inversora
Bursátil, 21994: p. 75-76.
Año VI, núm. 74. Febrero de 2007.
|