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Museo de la Basílica
de Guadalupe

Jorge Guadarrama
Martha Reta
Lenice Rivera

Museo de la Basílica de Guadalupe

El Museo de la Basílica de Guadalupe se ubica a espaldas de la Basílica Antigua, ocupando salas que fueron construidas al fina de los años 30 y espacios que formaron parte de los anexos administrativos y litúrgicos del Santuario.

(la Sacristía, la Sala Capitular, el Salón de Obispos, el patio donde se colocaban las veladoras, la colecturía, etc.) y que el Museo fue ganando con el paso del tiempo.

El Museo fue fundado el 12 de octubre de 1941, a iniciativa de Mons. Feliciano Cortés y Mora, XX Abad de Guadalupe, con el título de Tesoro Artístico de la Basílica de Guadalupe.


El museo ocupaba entonces apenas cuatro salas, tenía horarios restringidos y estaba organizado a manera de Bazar.
El Museo tuvo, desde su creación, el propósito de dar a conocer el acervo artístico reunido a través de los siglos en torno al culto Guadalupano.

En la conformación de las colecciones se incluyeron obras acumuladas en el Santuario a lo largo de los años, pertenecientes al Museo Mariano de Guadalupe de Ángel Vivanco, un ferviente laico Guadalupano que hacia 1895 propuso fundar un Museo donde se conservara la memoria artística en torno a la Virgen del Tepeyac.

A partir de 1971, el Museo experimentó cambios significativos en la conformación de su espacio al incorporar técnicas museográficas modernas. Se eliminó de su nombre el término:

"Tesoro Artístico" al cambiar su denominación a Museo Guadalupano (1971-1972), y más tarde, a Museo de la Basílica de Guadalupe, dada la variedad temática de sus colecciones.

El Museo cuenta con la mayor colección de arte mariano del país, que incluye en forma predominante piezas relativas al arte Guadalupano, así como una galería de retratos, arte pictórico europeo, marfiles, esculturas en diversas técnicas y materiales, grabados, fotografías, y ejemplos de artes aplicadas como mobiliario, tapices, vestimentas litúrgicas, platería y porcelana, siendo su manufactura de origen novohispano, mexicano.


Sudamericano, europeo y asiático; reinando los siglos XV al XXI, ya que su acervo se ha incrementado permanentemente, incluyéndose obras de arte contemporáneo.

La mayor parte del acervo es anónimo, aunque contamos con obras de artistas reconocidos, como Matías de Arteaga y Alfaro, Cristóbal de Villalpando, Nicolás Rodríguez Juárez, José de Ibarra, Miguel Cabrera, Sebastián López de Arteaga, Baltasar de Echave Ibía, José de Alcíbar, Juan Correa, Juan Cordero, Pedro Gualdi, Casimiro Castro, José Guadalupe Posada, Hugo Brehme, Tiburcio Soteno, David Alfaro Siqueiros y Salvador Dalí.

 En la actualidad, el Museo está conformado por 12 salas de exhibición permanente que siguen un guión temático.


El pasillo de los exvotos da la bienvenida al visitante, con una muestra de estas obras ofrendadas a la Virgen como respuesta a un favor recibido, en la variedad de los retablos pintados, aunque el género abarca otro tipo de objetos y sigue vivo hasta nuestros días. El espacio ocupado antiguamente por la Sacristía, está convertido en una sala de grandes proporciones que exhibe piezas de la iconografía fundamental guadalupana.

Entre ellas destacan obras de tema histórico y tableros que formaron parte de la sillería de coro de la Colegiata de Guadalupe en el siglo XVIII.

Del lado derecho de la escalera monumental de la Sacristía, se encuentran dos salas de tema hagiográfico que recuerdan la exaltación de los santos como modelos de vida propia de la cultura barroca, y una sala donde se exhiben retablos y pinturas guadalupanos.

Reproduciendo el espacio en que se encontraban originalmente las obras que ahora están descontextualizadas y fuera de culto, para poder ser apreciadas desde un punto de vista histórico y estético.

Continuando con el recorrido, el visitante encontrará una sala dedicada a temas cristológicos y más adelante una muestra de arte mariano con temas de la vida de la Virgen, la Anunciación y la Asunción.

A esta sala le sigue una dedicada a la Inmaculada Concepción, tópico de suma importancia para el mundo hispano por la defensa contrarreformista.

Más adelante, una sala de arcángeles es eco de la gran devoción al arcángel San Miguel en tierras americanas.

El cubo de la escalera prestó su espacio para la colocación de grandes lienzos, como una s crucifixión, una muestra interesante del ars moriendi barroco, contrapuesto a la fugacidad de la vida, junto a un patrocinio carmelita.

En la Sala de Obispos se exhibe parte de la colección de artes aplicadas (muebles, porcelanas, relojes), junto a la serie que Miguel Cabrera realizara para la Colegiata, mostrando a personajes importantes dentro de la historia guadalupana.

En el patio que lleva a las salas bajas, se expone la monumental cruz atrial del siglo XVI, que presenta dentro de su iconografía las armas Christi, con una manufactura que evoca el sincretismo entre el arte cristiano y prehispánico.
Las obras artísticas que forman la colección del museo son mostradas y evaluadas como artefactos culturales que ofrecen la forma y posibilidades de estudio desde ángulos muy diversos. Un ejemplo es la conservación y restauración, inquietud que existe en la Basílica de Guadalupe desde la creación del museo. El museo sostiene, además, una estrecha relación con otros museos de México y del mundo y sus obras han sido incluidas en importantes exposiciones.



   Año II, núm. 34. Octubre 2003.

 

 
 
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