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Celebración
para
arrullar al Niño Dios
Lic. Ángel Roa Hernández
En México y en muchas partes
del mundo tenemos la costumbre de reunirnos en familia
la noche del 24 de diciembre, que es la Noche Buena; para
convivir, cenar y tener así la oportunidad de celebrar
la Navidad con las personas a las que más amamos.
Tal vez esta costumbre se haya inspirado en la que existía
entre los cristianos de Jerusalén, que acudían a la Basílica
de Belén y pasaban la noche en plegaria junto a la gruta
donde se veneraba la memoria del nacimiento de Jesucristo.
Reunirse en familia con motivo de la Navidad, es una valiosa
costumbre, porque nos ubica en el acontecimiento cristiano
de la venida de Dios hecho hombre para salvarnos, y porque
es una ocasión, quizá la única en la que un buen número
de miembros de una familia se reúnen sin importar distancias,
gastos, incomodidades, no sólo para recordar, sino sobre
todo para vivir la presencia de Cristo entre nosotros.
La Navidad es el tiempo en que la Iglesia celebra las manifestaciones
del Hijo Único de Dios en nuestra carne mortal, desde
su nacimiento en el pesebre de Belén hasta el inicio de
su ministerio público.
La fiesta de la Navidad comenzó a celebrarse en el siglo
IV, aproximadamente en año 330. En México, la primera
misa de Navidad o de “gallo”, por ser a la media noche,
se celebró en el S. XVI por Fray Pedro de Gante.
De los nacimientos o belenes se tienen noticias de ellos desde
el año 248, pero es hasta el siglo XIII, 1223, cuando
San Francisco de Asís, en Greccio, Italia, monta el primer
Belén viviente, comenzando a extenderse la devoción al
pesebre.
Ahora se ponen de diferentes materiales y formas, pero
lo más importante es contemplar a través de ellos, el
gran amor de Dios por su criatura: el hombre. Hemos de
tener en cuenta y no perder de vista que esta noche es
una noche de paz, de tranquilidad, de alegría, de regocijo,
ya que estamos esperando justamente que nazca el Niño
Dios, que es a quien vamos a celebrar.
Todo lo que hagamos en esta reunión se supone que es por
la alegría que sentimos que Jesús venga a nosotros. Por
ello sería lo más adecuado que antes de irnos a la cena
familiar pasemos a la Iglesia, para celebrar con la comunidad
cristiana, este gran don de Dios para la humanidad: Jesucristo,
nuestro Señor.
El padre o la madre de familia inicia con la oración.
En el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amén.
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El padre o la madre de familia dice:
“El señor Jesús ha nacido de Santa María. El pesebre que adorna
nuestro hogar nos recuerda el gran amor del Hijo de Dios,
que ha querido habitar entre nosotros. Aquello que ocurrió
hace más de dos mil años, lo revivimos esta noche santa.
El Señor Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre. Que esta
Navidad fortalezca nuestros corazones y llene de bendiciones
a nuestra familia y asista con su luz, a la Iglesia diseminada
por el mundo entero. Así pues alabemos y demos gracias al Señor, que tanto amó al
mundo y le entregó a su Hijo Único”.
LECTURA BIBLICA
Uno de los miembros de la familia lee el siguiente
texto de la Sagrada Escritura:
Del Santo Evangelio según san Lucas:
«En aquellos días, se promulgó un edicto
de César Augusto, mandando a empadronar a todo el mundo.
Éste fue el primer empadronamiento hecho por Cirinio,
que después fue gobernador de la Siria. Y todos iban a
empadronarse, cada cual a la ciudad de su estirpe. José,
pues, como era de la casa y familia de David, vino desde
Nazareth, ciudad de Galilea, a la ciudad de David, llamada
Belén, en Judea, para empadronarse con María su esposa,
la cual estaba encinta. Y sucedió que hallándose ahí,
le llegó la hora del parto.
Y dio a luz a su Hijo Primogénito, lo envolvió entre pañales
y lo recostó en un pesebre. Había en el campo unos pastores quienes velaban su ganado,
cuando de improviso un ángel del Señor apareció junto
a ellos y los rodeó con su resplandor. Les dijo el ángel:
“No teman”, pues vengo a darles una Buena Noticia que
los llenará de gozo. “Hoy ha nacido en la ciudad de David
el Salvador, que mes el Cristo o Mesías, el Señor nuestro.
Al punto mismo se dejó ver con el ángel un ejército numeroso
de ángeles que cantaban: “Gloria a Dios en el cielo
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”».
Palabra del Señor.
R. Gloria y honor a ti, Señor Jesús.
Para
arrullar al Niño Dios
Antes de arrullar y acostar al Niño en el pesebre,
el más pequeño de la familia nos lo da a besar.
A la rorro Niño, a la rorro, ro,
duérmete bien mío, duérmete mi amor.
Noche venturosa, noche de alegría,
bendita la dulce divina María.
De los soberanos Tú, dueño y Señor;
Naces entre pajas sólo por mi amor.
Los amantes brazos de una Virgen Santa,
Son los que te sirven de primera cama.
Duerme, Niño amado, duerme, Niño tierno
Sírvate de cuna mi filial cariño.
Salve, Niño amante, que con tierno celo
a salvar al hombre bajaste del cielo.
Después de acostar al Niño Dios en el pesebre, algunos
miembros de familia pueden hacer las siguientes oraciones
en voz alta.
El padre o la madre dicen lo siguiente:
“En este momento en que nos hemos reunido toda la familia para
iniciar las fiestas de la Navidad, dirijamos nuestra oración
al Señor Jesús, Hijo de Dios vivo y de Santa María, que
quiso ser también Hijo de una familia humana; digámosle:
Por
tu nacimiento, Señor, protege a nuestra familia.
-
Señor Jesús, Palabra eterna, que al venir al mundo, anunciaste
la alegría a la tierra, alegra nuestros corazones
con la alegría de tu visita. Oremos.
-
Reconciliador del mundo, que con tu nacimiento nos has
revelado la fidelidad de Dios Padre a sus promesas,
haz que nosotros seamos también fieles a las promesas
de nuestro bautismo. Oremos.
-
Rey del cielo y de la tierra, que por tus ángeles anunciaste
la paz a los hombres, conserva en tu paz nuestras vidas
y que haya paz en nuestras familias y en todo el mundo.
Oremos.
-
Hijo de Santa María, que quisiste hacerte Hijo de una
mujer, concédenos descubrir que María es también nuestra
Madre y ayúdanos a amarla con la ternura filial de
tu corazón. Oremos.
-
Dios-con-nosotros, que quisiste nacer en el seno de una
familia, bendice nuestro hogar para que en él reine
siempre el amor, de manera especial acuérdate de las
familias que en estas fiestas de Navidad viven en soledad
y dolor y haz que sientan el consuelo de saberse hijos
de la gran familia de Dios. Oremos.
El padre o la madre concluye con la siguiente oración:
Señor Dios, Padre nuestro,
que tanto amaste al mundo
que nos entregaste a tu Hijo Único
nacido de la Virgen María,
dígnate bendecir este nacimiento
y a la familia cristiana
que está aquí presente,
para que las imágenes de este Belén
nos ayuden a profundizar en la fe.
Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Concluida la oración se entona algún villancico.
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Año V, núm. 60. Diciembre de 2005.
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