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El
Convento de Corpus Christi
para indias cacicas (1724) (cont.)
Lic. Arturo Rocha Cortés
Instituto Superior de Estudios
Guadalupanos, A.C.
Un anhelo concedido
La
alegría del Marqués de Valero al saber que la licencia había sido otorgada
le llevó a escribir desde España a Sor Petra de San Francisco, primera
abadesa de Corpus Christi.
La carta, aunque escrita por Bartolomé Crespo, secretario del virrey,
y en su nombre, es gozosa:
“¡Gracias a Dios que llegó el día deseado de haber vencido al enemigo
común que tanta batería introdujo para embarazar la fundación de Indias
Caciques que el amor y el celo de la mayor honra del Altísimo dispuso…!
Y así, Madre Petra, no hay sino cuidar de que la comunidad de religiosas
indias caciques alcancen de su esposo […] gracia para el Excelentísimo
[virrey Marqués de Valero] que con tanto cariño y afecto les echó las
murallas con que defiendan los votos con que se han consagrado, que
en el siglo, aunque de voluntad los profesasen, no podían considerarse
aseguradas como lo hemos visto en la dilación que ha habido en el logro
de esta obra…”Así se veía realizado el anhelo del noble virrey Baltasar
de Zúñiga, Marqués de Valero.
Su denuedo y entusiasmo ya habían quedado plasmados en otra carta anterior
a Sor Petra de San Francisco, de fecha 11 de diciembre de 1722, en la
que le aseguraba que “a pesar del demonio [había] de haber Monjas Franciscas
Indias en México.”Tres años más tarde, el Papa Benedicto XIII, mediante
Breve de fecha 26 de junio de 1727, aprueba la fundación y confirma
lo que en esencia había sido la intención original del virrey: “…Monasterium
erigendum pro puellis seu mulieribus nobilibus natione Indis sub instituto
primae Regulae Sanctae Clara, ac denominatione Ssimi. Corporis Xptii.”
(“…un monasterio que había de erigirse para doncellas, mujeres nobles
de nación india bajo el instituto de la Primera Regla de Santa Clara
y denominación del Santísimo Cuerpo de Cristo.”)
Ese mismo año, fallecería el virrey Baltasar de Zúñiga. Había deseado
que su corazón fuese embalsamado y enterrado en la propia iglesia del
convento de Corpus Christi.
La víscera fue trasladada a la Nueva España en 1728. Mas no sería sino
hasta 1747 en que fue sepultada al pie del Altar Mayor. Encima se colocó
una lápida con el año 1728. El corazón del virrey nuevamente volvía
estar al lado de sus amadas indias. “Ubi sit thesaurus eius, ibi… cor
eius”.
Nota
Fragmento del original
publicado por el autor en Boletín de Monumentos Históricos,
3a. Época, n° 1 (2004), México: CONACULTA/INAH, Coordinación Nacional
de Monumentos Históricos, pp. 17-39.

Año III, núm. 43. Julio de 2004.
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