Comentario y paleografía extraídos de la sección
Acontecimiento Guadalupano del Boletín Guadalupano,
año III, núms. 38, 39 y 40.
Nican
Mopohua
Lic. Arturo Rocha Cortés
Director del Boletín Guadalupano
El
documento que presentamos a continuación (y en sucesivos números
de nuestro Boletín) es, junto con las Informaciones Jurídicas
de 1666, la fuente manuscrita más importante para el estudio
del Acontecimiento Guadalupano: el Nican Mopohua (“Aquí
se narra”), la narración en náhuatl de las apariciones de Nuestra
Señora de Guadalupe.
La que aquí reproducimos es la copia más antigua que
se conoce del original de Antonio Valeriano. Se la custodia
en la Biblioteca Pública de Nueva York (Monumentos Guadalupanos.
Nican Mopohua, México ca. 1548. Serie I, Tomo 1, ff.
191-198 (orig. ff. 1-8), y se halla, lamentablemente, incompleta.
Realizada alrededor de 1548 (como consigna la propia
clasificación del documento en el repositorio estadounidense),
se sabe que a mediados del s. XVIII estaba en la Biblioteca
de la Real y Pontifica Universidad de México. Más tarde, ya
se encontraba entre los papeles de José Fernando Ramírez, los
cuales en el año de 1880 fueron vendidos a la mencionada biblioteca
norteamericana.
A pesar de ser tan conocido el relato del Nican Mopohua,
el manuscrito en náhuatl apenas y lo es, y sus reproducciones,
escasas, en blanco y negro y de inferior calidad. Por ello,
y deseosos de continuar difundiendo las fuentes históricas guadalupanas,
le publicamos aquí en facsímile a color, con autorización especial
de la Biblioteca Pública de Nueva York.
Lo acompañamos de la ya clásica traducción del P. Mario Rojas
Sánchez, seguido de un estudio de Mons. José Luis Guerrero Rosado.
Paleografía
Monumentos Guadalupanos. Nican Mopohua, México, ca.
1548. Serie 1, tomo 1, fol. 191r.

La traducción castellana, del padre Mario Rojas es la siguiente
(incluimos el número de los versículos que es ya clásico):
Aquí se cuenta, se ordena, cómo, hace poco, milagrosamente,
se apareció la perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, allá
en el Tepeyac de renombre Guadalupe. Primero se hizo ver de
un indito, su nombre Juan Diego; y después se apareció su preciosa
imagen delante del reciente Obispo Don Fray Juan de Zumárraga.
1° Diez años después de conquistada la Ciudad de México, cuando
ya estaban depuestas las flechas, los escudos, cuando por todas
partes había paz en los pueblos,
2° así como brotó, ya verdece, ya abre su corola la fe,
el conocimiento de Aquel por quien se vive: el Verdadero Dios.
3° En aquella sazón, el año 1531, a los pocos días del
mes de diciembre, sucedió que había un indito, un pobre hombre
del pueblo.
4° Su nombre era Juan Diego, según se dice, vecino de
Cuauhtitlan,
5° y en las cosas de Dios en todo
Paleografía
Nican Mopohua, cit. , fol. 191v.

La
traducción, seguidamente: «pertenecía a Tlatilolco.
6° Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios
y de sus mandatos.
7° y, al llegar cerca del cerrito llamado Tepeyac, ya
amanecía.
8° Oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de
muchos pájaros finos; al cesar sus voces, como que les respondía
el cerro, sobremanera suaves, deleitosos, sus cantos sobrepujaban
al del coyoltótotl y del tzinitzcan y al de otros pájaros finos.
9° Se detuvo Juan Diego, se dijo: “— ¿Por ventura
soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá nomás lo estoy
soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños?
10° ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá, donde dejaron
dicho los antiguos, nuestros antepasados, nuestros abuelos:
en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra
carne, de nuestro sustento; acaso en la tierra celestial?—”
11° Hacia allá estaba viendo, arriba del cerrillo, del
lado de donde sale el sol, de donde procedía el precioso canto
celestial.
12° Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de
oírse,…»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 192r.

La traducción, seguidamente:
«entonces oyó que lo llamaban, de arriba del cerrillo,
le decían: “—Juanito, Juan Dieguito”.
13° Luego se atrevió a ir a donde lo llamaban; ninguna turbación
pasaba en su corazón ni ninguna cosa lo alteraba, antes se sentía
alegre y contento por todo extremo; fue a subir al cerrillo
para ir a ver de dónde lo llamaban.
14° Y cuando llegó a la cumbre del cerrillo, cuando lo
vio una Doncella que allí estaba de pie,
15° lo llamó para que fuera cerca de Ella.
16° Y cuando llegó frente a Ella, mucho admiró en qué
manera, sobre toda ponderación, aventajaba su perfecta grandeza:
17° su vestido relucía como el sol, como que reverberaba,
18° y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como
que lanzaba rayos;
19° el resplandor de Ella como preciosas piedras, como
ajorcas (todo lo más bello) parecía,
20° la tierra como que relumbraba con los resplandores
del arco iris en la niebla.
21° Y los mezquites y nopales y las demás hierbecillas
que allí se suelen dar, parecían como esmeraldas. Como turquesa
aparecía su follaje. Y su tronco, sus espinas…»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 192v.

La traducción, seguidamente:
«sus aguates, relucían como el oro.
22° En su presencia se postró. Escuchó su aliento, su palabra,
que era extremadamente glorificadora, sumamente afable, como
de quien lo atraía y estimaba mucho.
23° Le dijo: “—Escucha, hijo mío el menor, Juanito. ¿A
dónde te diriges?”
24° Y él le contestó: “—Mi Señora, Reina, Muchachita
mía, allá llegaré, a tu casita de México Tlatilolco, a seguir
las cosas de Dios que nos dan, que nos enseñan quienes son las
imágenes de Nuestro Señor: nuestros Sacerdotes”.
25° En seguida, con esto dialoga con él, le descubre
su preciosa voluntad;
26° le dice: “Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más
pequeño, que soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre
del verdaderísimo Dios por Quien se vive, el Creador de las
Personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediación, el Dueño
del cielo, el Dueño de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo
que aquí me levanten mi casita sagrada
27° en donde Lo mostraré, Lo ensalzaré al ponerlo de
manifiesto:
28° Lo daré a las gentes en todo mi amor…»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 193r.

La traducción, seguidamente:
«en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación:
29° Porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva,
30° tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis
en uno.
31° Y de las demás variadas estirpes de hombres, mis
amadores, los que a mi clamen, los que me busquen, los que confíen
en mí,
32° porque allí les escucharé su llanto, su tristeza,
para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias,
sus dolores.
33° Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada
misericordiosa, anda al palacio del Obispo de México, y le dirás
como yo te envío, para que le descubras como mucho deseo que
aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo;
todo le contarás, cuanto has visto y admirado, y lo que has
oído. Y que así esté tu corazón,…»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 193v.

La traducción, seguidamente:
«me erija en el llano mi templo; todo le contarás, cuanto has
visto y admirado, y lo que has oído. Y que así esté tu corazón,
34° Y ten por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré,
35° que por ello te enriqueceré, te glorificaré;
36° y mucho de allí merecerás con que yo retribuya tu
cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el asunto al
que te envío.
37° Ya has oído, hijo mío el menor, mi aliento, mi palabra,
anda: haz lo que esté de tu parte.”
38° E inmediatamente en su presencia se postró, le dijo:
“—Señora mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento,
tu venerable palabra; por ahora de Ti me aparto, yo, tu pobre
indito:”
39° Luego vino a bajar para poner en obra su encomienda:
vino a encontrar la calzada, viene derecho a México.
40° Cuando vino a llegar al interior de la ciudad, luego
fue derecho al palacio del Obispo, que muy recientemente había
llegado, Gobernante Sacerdote…»
Paleografía
Monumentos Guadalupanos. Nican Mopohua, México, ca.
1548. Serie 1, tomo 1, fol. 194r.

La traducción castellana, del padre Mario Rojas es la siguiente
(incluimos el número de los versículos que es ya clásico):
“[40°] su nombre era D. Fray Juan de Zumárraga, Sacerdote
de San Francisco.
41° Y en cuanto llegó, luego hace el intento de verlo, les
ruega a sus servidores, a sus ayudantes, que vayan a decírselo;
42° después de pasado largo rato vinieron a llamarlo, cuando
mandó el Señor Obispo que entrara.
43° Y en cuanto entró, luego ante él se arrodilló, se postró,
luego ya le descubre, le cuenta el precioso aliento, la preciosa
palabra de la Reina del Cielo, su mensaje, y también le dice
todo lo que admiró, lo que vio, lo que oyó.
44° Y habiendo escuchado toda su narración, su mensaje, como
que no mucho lo tuvo por cierto,
45° le respondió, le dijo: "Hijo mío, otra vez vendrás,
aun con calma te oiré, bien aun desde el principio miraré, consideraré
la razón por la que has venido, tu voluntad, tu deseo.
46° Salió; venía triste porque no se realizó de inmediato su
encargo
47° Luego se volvió…”
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 194v.

La traducción, seguidamente:
« al terminar el día, luego de allá se vino derecho a la cumbre
del cerrillo,
48° y tuvo la dicha de encontrar a la Reina del Cielo: allí
cabalmente donde la primera vez se le apareció, lo estaba esperando.
49° Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó por
tierra, le dijo:
50° “Patroncita, Señora, Reina, Hija mía la más pequeña, mi
Muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento,
tu amable palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar
del Gobernante Sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento,
tu palabra, como me lo mandaste.
51° Me recibió amablemente y lo escuchó perfectamente, pero,
por lo que me respondió, como que no lo entendió, no lo tiene
por cierto.
52° Me dijo: “Otra vez vendrás; aun con calma te escucharé,
bien aun desde el principio veré por lo que has venido…»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 195r.

La traducción, seguidamente:
«tu deseo, tu voluntad”.
53° Bien en ello miré, según me respondió, que piensa que tu
casa que quieres que te hagan aquí, tal vez yo nada más lo invento,
o que tal vez no es de tus labios;
54° mucho te suplico, Señora mía, Reina, Muchachita mía, que
a alguno de los nobles, estimados, que sea conocido, respetado,
honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento,
tu amable palabra para que le crean.
55° Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal,
soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido,
llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mi detenerme
allá a donde me envías, Virgencita mía, Hija mía menor, Señora
Niña;
56° Por favor, dispénsame: afligiré con pena tu rostro, tu
corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora...»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 195v.

La traducción, seguidamente:
«[56°] Dueña mía.
57° Le respondió la perfecta Virgen, digna de honra y veneración:
58° “Escucha, el más pequeño de mis hijos, ten por cierto que
no son escasos mis servidores, mis mensajeros, a quienes encargue
que lleven mi aliento, mi palabra, para que efectúen mi voluntad;
59° pero es muy necesario que tú personalmente, vayas, ruegues,
que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto mi querer,
mi voluntad.
60° Y mucho te ruego, hijo mío el menor, y con rigor te mando,
que otra vez vayas mañana a ver al Obispo.
61° Y de mi parte hazle saber, hazle oír mi querer, mi voluntad,
para que realice, haga mi templo que le pido.
62° Y bien, de nuevo dile de qué modo yo, personalmente [la
siempre Vir-]…»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 196r.

La traducción, seguidamente:
«-gen Santa María, yo, que soy la Madre de Dios, te mando”.
63° Juan Diego, por su parte, le respondió, le dijo: “Señora
mía, Reina, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro,
tu corazón; con todo gusto iré a poner por obra tu aliento,
tu palabra; de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni estimo
por molesto el camino.
64° Iré a poner por obra tu voluntad, pero tal vez no seré
oído, y si fuere oído, quizás no seré creído.
65° Mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver
a tu aliento, a tu palabra, lo que me responda el Gobernante
Sacerdote.
66° Ya me despido de Ti respetuosamente, Hija mía la más pequeña,
Jovencita, Señora, Niña mía, descansa otro poquito”.
67° Y luego se fue…»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 196v.

La traducción, seguidamente:
«él a su casa a descansar.
68° Al día siguiente, Domingo, bien todavía en la nochecilla,
todo aun estaba oscuro, de allá salió, de su casa, se vino derecho
a Tlatilolco, vino a saber lo que pertenece a Dios y a ser contado
en lista; luego para ver al Señor Obispo.
69° Y a eso de las diez fue cuando ya estuvo preparado: se
había oído Misa y se había nombrado lista y se había dispersado
la multitud.
70° Y Juan Diego luego fue al palacio del Señor Obispo.
71° Y en cuanto llegó hizo toda la lucha por verlo, y con mucho
trabajo otra vez lo vio
72° a sus pies se hincó, lloró, se puso triste al hablarle,
al descubrirle la palabra, el aliento de la Reina del Cielo,
73° que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de la Perfecta
Virgen, de hacerle, de erigirle su casita sagrada, en donde
había dicho, en donde la quería.
74° Y el gobernante…»
Paleografía
Monumentos Guadalupanos. Nican Mopohua, México, ca.
1548. Serie 1, tomo 1, fol. 197r.

La traducción castellana, del padre Mario Rojas es la siguiente
(incluimos el número de los versículos que es ya clásico):
74° «...Y el gobernante Obispo muchísimas cosas le preguntó,
le investigó, para poder cerciorarse, dónde le había visto,
cómo era Ella; todo absolutamente se lo contó al Señor Obispo.
75° Y aunque todo absolutamente se lo declaró, y en cada cosa
vio, admiró que aparecía con toda claridad que Ella era la Perfecta
Virgen, la Amable, Maravillosa Madre de Nuestro Salvador Nuestro
Señor Jesucristo,
76° sin embargo, no luego se realizó.
77° Dijo que no sólo por su palabra, su petición se haría,
se realizaría lo que él pedía.
78° que era muy necesaria alguna otra señal para poder ser
creído cómo a él lo enviaba la Reina del Cielo en persona.
79° Tan pronto como lo oyó Juan Diego, le dijo al Obispo:
80° Señor Gobernante, considera cuál será la señal que pides,
porque luego iré a pedírsela...»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 197v.

La traducción, seguidamente:
80° «... a la Reina del Cielo que me envió”.
81° Y habiendo visto el Obispo que ratificaba, que en nada
vacilaba ni dudaba, luego lo despacha.
82° Y en cuanto se viene, luego les manda a algunos de los
de su casa en los que tenía absoluta confianza, que lo vinieran
siguiendo, que bien lo observaran a dónde iba, a quién veía,
con quién hablaba.
83° Y así se hizo. Y Juan Diego luego se vino derecho. Siguió
la calzada.
84° Y los que lo seguían, donde sale la barranca cerca del
Tepeyac, en el puente de madera lo vinieron a perder. Y aunque
por todas partes lo buscaron, ya por ninguna lo vieron.
85° Y así se volvieron. No sólo porque con ello se fastidiaron
grandemente, sino también porque les impidió su intento, los
hizo enojar.
86° Así le fueron a contar al Señor Obispo, le metieron en
la cabeza que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba
mentiras, que nada más inventaba lo que venía a decirle, o que
sólo soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía.
87° Y bien así lo determinaron que si otra vez venía, regresaba…»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 198r.

La traducción, seguidamente:
87°«…allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para
que ya no volviera a decir mentiras ni a alborotar a la gente.
88° Entre tanto, Juan Diego estaba con la Santísima Virgen,
diciéndole la respuesta que traía del Señor Obispo;
89° la que, oída por la Señora, le dijo:
90° Bien está, hijito mío. Volverás aquí mañana para que lleves
al Obispo la señal que te ha pedido;
91° Con eso te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti
sospechará;
92° y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el
trabajo y cansancio que por mí has emprendido;
93° Ea, vete ahora; que mañana aquí te aguardo.
94° Y al día siguiente, lunes, cuando debía llevar Juan Diego
alguna señal para ser creído, ya no volvió.
95° Porque cuando fue a llegar a su casa, a un su tío, de nombre
Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad, estaba
muy grave.
96° Aun fue a llamarle al médico, aun hizo por él, pero ya
no era tiempo, ya estaba muy grave.
97° Y cuando anocheció, le rogó su tío que cuando aún fuere
de madrugada, cuando aún estuviere oscuro, saliera hacia acá,
viniera a llamar a Tlatilolco algún Sacerdote para que fuera
a confesarlo, para que fuera a prepararlo,
98° porque estaba seguro de que ya era el tiempo, ya el lugar
de morir, porque ya no se levantaría, ya no se curaría
99° Y el martes, siendo aun muy de noche, de allá vino a salir,
de su casa, Juan Diego, a llamar al Sacerdote a Tlatilolco,
100° y cuando ya acertó a llegar al lado del cerrito terminación
de la sierra, al pie, donde sale el camino, de la parte en que
el sol se mete, en donde antes él saliera, dijo:
101° Si me voy…»
Paleografía
Nican Mopohua, cit., fol. 198v.

La traducción, seguidamente:
101° «…derecho por el camino, no vaya a ser que me vea esta
Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la
señal al gobernante eclesiástico como me lo mandó;
102° que primero nos deje nuestra tribulación; que antes yo
llame de prisa al Sacerdote religioso. Mi tío no hace más que
aguardarlo.
103° En seguida le dio la vuelta al cerro, subió por en medio
y de ahí, atravesando, hacia la parte oriental fue a salir,
para rápido ir a llegar a México, para que no lo detuviera la
Reina del Cielo.
104° Piensa que por donde dio la vuelta no lo podrá ver la
que perfectamente a todas partes está mirando.
105° La vio cómo vino a bajar de sobre el cerro, y que de allí
lo había estado mirando, de donde antes lo veía.
106° Le vino a salir al encuentro a un lado del cerro, le vino
a atajar los pasos, le dijo:
107° ¿Qué pasa, el más pequeño de mis hijos? ¿A dónde vas,
a dónde te diriges?
108° Y él, ¿tal vez un poco se apenó, o quizá se avergonzó?
¿o tal vez de ello se espantó, se puso temeroso?
109° En su presencia... »*
* Hasta aquí llega el texto preservado en la Biblioteca Pública
de Nueva York.