
Comentario extraído de la sección Acontecimiento
Guadalupano del Boletín Guadalupano, año II,
núm. 35.
Códice
1548
Lic. Arturo Rocha Cortés
Director del Boletín Guadalupano
ES
ESTE UN IMPORTANTE documento histórico guadalupano, pues
contra lo que se creía hasta antes de su reciente descubrimiento,
no existía algún documento del siglo XVI, en que alguno
de los cronistas mencionara la aparición de Nuestra Señora
de Guadalupe.*
Su hallazgo ha sido un regalo divino a uno de los
más constantes investigadores guadalupanos, el P. Xavier
Escalada, quién ya ocupaba un prominente sitio dentro del
Guadalupanismo. Pero que ahora ha asegurado pasar a un primerísimo
lugar en la Historia Guadalupana con este códice ahora bautizado
por terceros como Códice Escalada y cuyo original existe
en México y se guarda en el Archivo Histórico de la
Basílica de Guadalupe.
Como suele suceder, este extraordinario documento
se encontraba guardado dentro de un libro, en un sobre de papel
”Manila”, olvidado y desconocida su importancia.
Se trata de un trozo rectangular de piel, de 20
x 13.3 centímetros aproximadamente. Su color es el natural
para una piel sin pelo, con una patina amarillenta, presentando
bastantes arrugas a lo largo.
Los trazos son de un color sepia que ha degenerado
en tintes rojizos en algunos lugares, probablemente por efecto de
las sustancias empleadas para el curtido de la piel. A pesar del
relativo buen estado del códice, todos los trazos y letras
presentan características de una respetable antigüedad.
En la parte central superior del códice se
lee el año “1548”, en tono sepia rojizo.
Bajo esa fecha existen cuatro renglones escritos
en náhuatl, por mano indígena, con letra bastante
irregular.
El dibujo que en la parte central izquierda llama
la atención es el de un indígena hincado, casi de
perfil, con la vista hacia el lado derecho, portando el clásico
ayate, anudado sobre su hombro derecho. Esa figura está bastante
borrada.
Hacia donde dirige la mirada el indígena,
se aprecia una imagen de la Guadalupana en medio de nubes, según
nos es familiar, aunque carente de rayos, ángel y corona.
El conjunto representa, sin lugar a dudas, una de las apariciones
de Santa María de Guadalupe a Juan Diego.
El hecho ocurre en la falda de un cerro rocoso (Tepeyacac),
en el que se ven vegetales propios de esos lugares.
En la parte superior derecha del documento se aprecia,
asomándose entre las cimas de unos montes distantes, el sol.
En el lado opuesto, se observa una figura pequeña que se
identificó como un indígena de pie, también
con ayate.
En el lado derecho del documento, debajo del sol,
se distingue una construcción un tanto extraña, que
no se ha identificado a satisfacción. Abajo de ésta,
se ve un glifo de un indígena sentado con la vista hacia
el lado izquierdo, portando bastón de mando, que tiene sobre
el respaldo una cabeza de ave y una corriente de agua.
En la parte media inferior del códice y ligeramente
cargada hacia el lado derecho, se aprecia una firma de diferente
mano que el resto de la escritura.
Al calce existen dos renglones: el primero escrito
en náhuatl y el segundo en castellano, uno a continuación
del otro, coincidiendo el primero con la parte inferior del indígena
hincado, y el segundo debajo del indígena sentado con bastón
de mando en su mano.
Como se trata de un documento signado, las primeras
investigaciones se dirigieron a identificar al autor de la firma,
cosa que logró, primeramente, el P. Mario Rojas, quien posee
en su biblioteca una copia de un documento del Archivo Secreto del
Vaticano firmado por Fray Bernardino de Sahagún, siendo esa
firma similar a la que aparece en el códice.[1]
Con esa valiosa información se procedió
a determinar quiénes podrían identificar oficialmente
y certificar en su caso la autenticidad de ella, para lo cual se
envió una copia del códice al Dr. Charles E. Dibble
de la Universidad de Utah, quien había estudiado la olografía
de Fray Bernardino[2], mismo que confirmó que la firma era
efectivamente de aquel cronista.
También se recurrió a la Oficina de
Documentos copia y Fotografía del Banco de México,
que cuenta con técnicos especializados en el estudio de firmas
en diferentes documentos, oficina a la que está adscrito
Alfonso M. Santillana Rentería quién concluyó
que la firma cuestionada, atribuida a Fray Bernardino de Sahagún,
que aparece en el Códice 1548 “fue hecha por su puño
y letra, por lo tanto es auténtica”[3].
Ahora bien, como se sabe, Fray Bernardino de Sahagún
llegó a la Nueva España en 1529 y murió en
1590, por lo que cualquier documento signado por él es necesariamente
del siglo XVI.[4]
Ante dichos resultados positivos, se procedió
a solicitar al Instituto de Física de la Universidad Autónoma
de México determinara a qué pruebas no destructivas
se podría someter al códice con el fin de autentificarlo
como un documento del siglo XVI.
El Instituto formó un equipo multidisciplinario,
formado por diecinueve profesionistas, casi todos doctorados[5],
quienes en diferentes laboratorios de la UNAM y del Museo de Churubusco
efectuaron los estudios planeados por ellos mismos. Entre otros
fueron los siguientes: microscopía y fotografía con
luz infrarroja, ultravioleta y natural, para determinar posibles
alteraciones en el códice, sin haber encontrado algo anómalo.
También usaron los especialistas la espectroscopía
infrarroja en diferentes lugares del documento, con el fin de descubrir
en su caso alguna sustancia química desconocida en el siglo
XVI, sin haber encontrado algo que pudiera implicar sospecha.
Finalmente, usaron una novedosa técnica denominada
PIXE (Particle Induced X Ray Emission), que consiste en bombardear
con protones los trazos del códice, activando a los átomos
de los elementos químicos usados, los cuales emiten electrones,
cuyas energías son diferentes y específicas para cada
átomo. A través de estas mediciones se conocen los
elementos químicos presentes en la composición de
las tintas empleadas. Se concluyó que todos los elementos
químicos presentes eran comunes a las sustancias utilizadas
en las tintas del siglo XVI.
Después de varios meses de estudio, el Instituto
concluyó lo siguiente: “De acuerdo con los elementos
técnicos anteriores, existen evidencias suficientes para
presumir la autenticidad del Códice 1548 como documento elaborado
en el siglo XVI”.[6]
Pero aún hay más, se sabe que el cronista
mencionado adquirió una enfermedad que le afectó el
pulso, por lo que estudiando sus firmas en diferentes épocas
era posible determinar aproximadamente las fechas de las mismas.
El mencionado Dr. Dibble estimó que la firma que aparece
en el códice puede pertenecer a la década de 1550-1560,
lo cual es una aproximación notable, ya que sólo difiere
en dos años de la fecha estampada en la parte superior, al
centro del documento, en donde se ve con toda claridad el ya indicado
"154-8", con un guión y una mancha entre los dígitos
"4" y "8".
De las glosas superiores en náhuatl del códice,
se efectuaron dos traducciones, la primera debida al Pbro. Mario
Rojas Sánchez, quién propuso: “…cuauhtlactoatzin…aparecida
15031 ?... nuestra amada madrecita niña Guadalupe México
[sic]”. Por su parte, el maestro Rafael Tena propuso: "También
en este año de 1531 se apareció a Cuauhtlatoatzin
nuestra amada madre la Señora de Guadalupe en México".
Para la inscripción al calce del lado izquierdo,
el primer nahuatlato tradujo: "Murió dignamente Cuauhtlactoatzin",
y el segundo, uniendo la data del documento indicó: "En
1548 murió Cuauhtlatoatzin".[7]
Por otras fuentes conocemos que Cuauhtlatoatzin
era el nombre mexicano de San Juan Diego, quién murió
en 1548, por lo que todo cuadra perfectamente.
Este códice es una nueva confirmación
de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe y de la
existencia de San Juan Diego, documento signado por uno de los más
veraces y desinteresados cronistas del siglo XVI. Se trata de un
códice estudiado científicamente como quizá
no se ha hecho con ningún otro documento en México
y que se conserva en nuestro país, precisamente en el archivo
de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
Notas
* Archivo Histórico de la Basílica de Guadalupe (ahbg),
Bóveda de Seguridad.
[1]Xavier Escalada, Enciclopedia Guadalupana
(Apéndice), México: Ediciones Enciclopedia Guadalupana,
1997, p. 79.
[2]Charles E. Dibble, “Olografía
sahaguntina”, en Bernardino de Sahagún. Diez estudios
acerca de su obra. Ascensión Hernández de León-Portilla
(ed.), México: Fondo de Cultura Económica, 1990, pp.
344-350.
[3] Escalada, op. cit., p. 44.
[4] Escalada, op. cit., pp. 48-49.
[5] Ibid., p. 52.
[6] Ibid., pp. 52-76.
[7] Ibid., p. 12.