Los
documentos guadalupanos que presentaremos en los siguientes números
del Boletín Guadalupano son de capital importancia, pues son
traslados, realizados por José Fernando Ramírez en el
s. XIX, de varios anales indígenas compilados por el infatigable
D. Lorenzo Boturini en su búsqueda de antigüedades guadalupanos.
Todos estos documentos se custodian ahora en la Biblioteca Nacional
de Antropología e Historia (bnah) de México, bajo el
título Anales de México y sus Contornos, en 2 vols.
La importante colección contiene muy valiosas alusiones
a Nuestra señora de Guadalupe y al indio Juan Diego.Todos
estos anales son de carácter histórico. Incluyen hechos
y acontecimientos que se remontan a la época prehispánica
y llegando en algunos casos, hasta finales de la Colonia. Tenían
la particularidad de haber sido “completados”, a la
muerte del cronista antecesor, por el o los siguientes, quien emprendía
su tarea donde el otro se había quedado. Así, unos
mismos anales podían ser obra de una multitud de cronistas,
peinando incluso diferentes siglos.Resulta de interés transcribir
la Advertencia que el propio José Fernando Ramírez
antepuso a su afortunada compilación (afortunada, pues casi
la totalidad de los anales originales se hallan perdidos). En ella,
nos brinda noticia de su interés en el rescate de estos testimonios
de los indios.
Escribe Ramírez: “Reuniendo los fragmentos de la rica
colección de monumentos historicos que logró reunir
el infatigable y desventurado anticuario D. Lorenzo Boturini, desbaratada
por la ignorancia y descuido de sus cardadores, encontré
algunas noticias, escritas en forma de Anales, que si bien, por
lo que toca à la historia antigua, solo pueden considerarse
como tradiciones populares, no por ello carecen de interes ni dejarán
de ser utiles p[ar]a ilustrar algunos puntos. Aun las que parecen
insignificantes, y que ciertamente abundan, tales como la determinación
de los Frailes doctrineros y elección de alcaldes de pueblos
de indios, sin importancia, sirven p[ar]a fijar algunos datos cronológicos.
Los papeles que conservaban estas noticias, truncos también y aun
maltratados, estaban en riesgo de perderse. Para salvarlos se han
sacado estas copias, agregando á los del Museo todos cuantos pude
adquirir de otras partes.- El Indice que sigue manifiesta
un contenido, ampliandose su noticia al principio de cada uno de
ellos. [sic]”.
“Los analistas eran todos
indios mexicanos. (A)unque daban á su obra una forma analoga á la
que emplearon los antiguos con su escritura geroglífica, se reconoce
luego que solo poseian nociones mui vulgares é incompletas. En consecuencia,
no hai que atenerse ciegamente á su concordancia entre el calendario
mexicano y el comun. Este es un punto de suma dificultad que ha
embarasado los mejores ingenios, que todavía nos mantienen en grandes
incertidumbres. Para dar una idea de la notacion cronologica que
usaban los anlistas de los ultimos tiempos, combinando el sistema
mexicano con el europeo, he agregado al principio de cada documento
copia de una foja de su original como muestra de su notacion cronologica.
Entre ellos hai algunos que indican, con la variedad de su letra,
haberse escrito inciertamente y en diversos tiempos. Otros, por
su uniformidad, manifiestan ser copias, aunque todos bien antiguos.
[sic]”.
Los titulos que llevan no
son enteramente exactos, ni se encuentran en sus originales. Yo
se los he impuesto sacandolos de las noticias mas predominantes
en el m[anu]s[crito] o sea atribuyendolos à la poblacion en que
parecia haber sido redactados. Esta era una necesidad p[ar]a las
remisiones. Por lo demas, en cada uno de ellos se encuentran noticias
de todos los pueblos circunvecinos, y mui diseminadas.
Entre copias de este genero es mui importante marcar la procedencia
como garantia de su autenticidad. La llevan todas las que se sacaron
bajo mui inmediata inspeccion, mas faltan en las que, durante mi
residencia en Europa, sacò el Lic[enciado] D[on] Faustino Galicia,
quien ocupé como copiante y traductor, no obstante el especial encargo
que le hice [sic]”.
Circunstancias inopinadas han impedido
suplir este descuido, bien que por lo que toca à la autencidad de
los originales no hay duda. Tengola respecto à la fidelidad de la
traducción, quizá porque mis conocimientos en la lengua mexicana
son mui limitados. Precede mi desconfianza de la dureza que se nota
en la versión y de la[s] varias enmiendas que se han hecho por mis
indicaciones. Desgraciadamente no se pudo hacer la revision total
que habia comenzado.
Para facilitar en todo tiempo
hice copiar el texto mexicano, con excepcion de uno de los documentos,
porque cuando lo intenté resultó que el original se habia extraviado
con la ultima supresion del Convento de Jesuitas, donde existia
[sic]”.
“En este y algunos otros documentos
hice agregar la traducción castellana de los nombres mexicanos,
ya para facilitarme su conocimiento, ya p[ar]a auxiliarme en el
estudio que he
emprendido de la geroglífica;
mas las nociones que buenamente [?] fui adquiriendo me dieron la
convicción de que si bien tales traducciones ayudaron algunas veces,
otras muchas extravian. [sic]”.
Ya el propio Ramírez advierte en su
nota introductoria sobre una característica importante sobre estos
anales: “no hay que atenerse ciegamente
á su concordancia entre el calendario mexicano y el comun. Este
es un punto de suma dificultad que ha embarasado los mejores ingenios…”.
En efecto, no se asombrará el lector si en los sucesivos documentos
que presentaremos, un mismo hecho histórico es ubicado en 1510 ó
1531 ó 1556, etc.; se debe a la impericia de los indios de conciliar
el calendario indígena con el juliano y luego, con el gregoriano.
Esto, no obstante, lejos de ser un
inconveniente, es un indicio de la autenticidad de estos anales
ulteriormente trasladados.
Anales de Tlatelolco y México
Tal es el nombre del primer documento que presentamos
de la colección de la BNAH. Fueron realizados a principios del s.
XVII, aprovechando noticias que se remontaban hasta 1519. El texto
que nos interesa es el siguiente:
“1631. Ynin xihuitl maytlactloce calli ycuac qualoc
tonatiuh ey horas ca iciuhca otlanez amo çenca huecauh ihuan iquac
hualmohuicac in tlatoca cihuapilli Tepeyacac nuestra Señora de Guadalupe”
(= “1631. En este año once casa fue comido el sol [eclipsó] a las
tres, pero inmediatamente se aparecio porque no duro mucho tiempo
y entonces vino la Reyna y Señora nuestra M[adre] Guadalupe a Tepeyac”).
El texto es singular: por el contexto es casi seguro
que se refiere a la traslación de la imagen de Nuestra Señora de
Guadalupe del Tepeyac a Catedral, a causa de la grave inundación
que asoló la ciudad de México en 1629, desastre que se buscaba la
virgen remediara. La Imagen permanecería allí por cinco años.
Lo curioso es que en 1631 no se tiene registrado que
haya habido ningún eclipse como el descrito en los anales, mas sí
cien años antes, el 28 de marzo de 1531, justamente a las 15.06 hs.
del centro de México, las “tres horas” de las que habla el texto
Salvo por las inequívocas alusiones a inundaciones y
a “castellanos e indios” huyendo por lo mismo de la ciudad, bien
podrían estas noticias referirse al eclipse de marzo de 1531 y luego
a otros hechos relacionados con la imagen acaecidos en ese mismo
año.