| |

Comentario y paleografía extraídos
de la sección Acontecimiento Guadalupano del Boletín
Guadalupano, año VII, núm. 86.
Códice
Florentino (1576)
Fin
Lic. Arturo Rocha Cortés
Director del Boletín Guadalupano
Concluye el testimonio sahaguniano con la desencantada confirmación
del fraile de que a la fiesta de Tonantzin acudían los
indios “de muy lexas tierras”, tan lejanas como en tiempos
de su infidelidad, lo que le parecía sospechoso, pues
más cerca había iglesias dedicadas a Nuestra Señora, y
no iban a ellas, sino insistían en marchar al Tepeyac.
También es de llamar la atención cómo Sahagún culpa a
los dominicos (“los predicadores”) de andarse con demasiada
ligereza al volver al castellano nombres y conceptos en
náhuatl.
En primer lugar, los culpa de pervertir la propia noción de
Tonantzin —con la que llamaban a Nuestra Señora, la
Madre de Dios (vid. núm. anterior)—, cuando en
rigor no era sino el nombre de una antigua deidad indígena.
(Madre de Dios se diría “Dios inanatzin”). Pero también
les echaba en cara el designar a Santa Ana con el nombre
de la diosa Toci, que significa: “nuestra abuela”. Y
siendo Santa Ana “abuela” de Jesucristo, pues lo era
también de todos nosotros. Todos estos excesos repugnaban
a Sahagún. Quizá por esto sospechaba del culto a Nuestra
Señora de Guadalupe en el Tepeyac, tomando por excesiva
intromisión de los dominicos lo que no era sino la natural
devoción de los indios (y aun de los españoles) tras
las mariofanías de 1531.

|
|